martes, 30 de noviembre de 2010

Nievan los sueños.

Sueñas un beso en la mejilla, simple, sin más allá. Y luego otro beso, también en la mejilla. Peligrosamente cerca de la comisura de los labios. Después, oscuridad, una puerta entornada, una cama junto a ella. Ves como alguien desde fuera se asombra de que él vaya a entrar en la habitación, donde tú estás, oscuridad, y la puerta ligeramente entornada. Las visagras giran... entra la luz, se abre la puerta y abres los ojos. Un sueño.

Lo peor es que te pasarás el día esperando que algo, no sabes cómo ni porqué, haya cambiado, a partir de ese sueño.
Ay, amiga realidad...

Nievan los sueños, y antes de que puedas cogerlos, ya se han derretido.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Circunstancial de lugar.

¿Dónde irán a parar las miradas perdidas? ¿Será posible recuperarlas? Querrías destinar tantas miradas que se te han perdido por el camino, a lo largo del tiempo, a perderte en aquello que miras. Ojos verdes. Destino para perderse más que probable.

¿Dónde se quedan los recuerdos? ¿Dónde se guardan para que, de vez en cuando, te des un paseo por ellos rememorando abrazos, momentos, lluvias...?
Dónde irá lo que nosotros queremos recordar pero otros prefieren olvidar...

lunes, 22 de noviembre de 2010

Música.

Especial, distinta, suya. Entre algunas fórmulas a sucio descubres cierto olor a horchata, a verano, a él... Recuerdas esas notas, dulces, delicadas, decididas, que fluían por el aire, por el agua, por los rayos del sol y por tu cabeza. Te mueres por volverlas a escuchar. Y si las toca otra persona, no son lo mismo, porque no fluyen, ni por el aire, ni por el agua, ni por el sol, ni por sus manos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

A seis de noviembre.

Tal vez no debería haberme atrevido a esto hoy. Podría haberme guardado el valor para un día sin significado, pero me hacía ilusión. Siete años hace ya. Te echo de menos.

Desde el once de enero
hasta el seis de noviembre
pasando por los días
que más te eché de menos
sonó a lo lejos, triste
una batería muda
sin baquetas ni platillos;
una canción que cantan
incansables, año tras año 
campanas en lo alto
del más alto campanario.
Susurra el viento fuerte
un nombre entre Tinieblas
y en voz baja repasa
sumas de niña pequeña,
faltas ortográficas,
notas desafinadas.
Seis de noviembre cualquiera,
noche pasada en vela,
almohadas empapadas,
presión, agobio.
¿Nunca más? No existe.
¿Dónde está, a dónde ha ido?
¿Cuándo va a volver?
Para siempre dura demasiado. . .
Para siempre, tu nieta.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sueños.

En una habitación a oscuras, en silencio, tirado en una cama. Me acerco. Estás despierto. Me siento a tu lado, me miras un instante y susurras:
-No puedo dormir.
-¿Qué te pasa? -intento preguntarte, pero no me sale la voz.
Querría acariciarte la mano, darte un beso, decirte que sea lo que sea estará bien, pero los rayos del sol me despiertan.
Me despiertan con otro beso tuyo pero en unos labios distintos, y repetidas voces que gritan que te olvide, pero no quiero. Que me dejen sola, con todo mi masoquismo, todo mi amor y tu recuerdo. Que me dejen sola con tus ojos. Que me dejen ser feliz cuando sonríes y que me dejen llorar cuando sonríes a alguna con más suerte. Que me dejen soñando, que quiero soñar contigo.