martes, 29 de marzo de 2011

Atrévete, salta.

La primera vez que lo pensaste aún nadie te lo había dicho, y ahora tampoco. Tiempo después tu cabeza ha vuelto a sacar el tema solita. ¿Y si. . .? Acabaste harta de los "y si", pero, para qué negarlo, te mata la curiosidad, y sabes de sobra que no vas a perder nada porque tampoco tienes nada. Tal vez sea el miedo. Si todo saliese bien, estaría genial. Pero si no. . . preferirías el consuelo que te da la duda.

De todas formas, no te preocupes. Según el Artículo 1 de la Constitución de los cobardes, "cualquier excusa es buena para no hacer algo que te da miedo si resulta que estás en la situación indicada, en el momento ideal". Eso sí, luego no te repitas que tú también quieres. . .

domingo, 27 de marzo de 2011

2000 motivos para jugar al azar.

Cualquier momento es bueno para acordarme de ti. 
Cualquier soplo de aire es apto para traerme tu olor. 
Cualquier silencio es perfecto para escuchar tu música. 
Cualquier palabra es preciosa si la dices tú. 
Cualquier mirada es bonita si viene de tus ojos. 
Cualquier motivo es suficiente para que seas tú y no otro.
Cualquier excusa es buena para quererte un poquito.
Te quiero por dos mil.

lunes, 21 de marzo de 2011

Típico lunes inesperado.

Un día de esos que tiene todas las papeletas para ser el peor de la semana, en el que se acumula todo el cansancio y el mal humor. un día de esos que, además, parece que el resto del mundo está de acuerdo para hacer que nada ni nadie haga el mínimo esfuerzo para que mejore. Pero hay dos personas que, para variar, tienen que llevarle la contraria al mundo, y hoy se lo agradeces. Uno es un cielo, y hoy en el cielo brilla el sol, preguntándote si te pasa algo. Otro, dulce como en chocolate, te abraza disfrazando un motivo inexistente. Y el típico lunes mortal da un vuelco. . . Para ser el típico lunes que nadie se espera. 


domingo, 13 de marzo de 2011

Domingos por la mañana que no saben ser normales.

Una promesa de una llamada a la mañana siguiente. ¿Y cuándo? No sé, tú llama. Pí-pí-píiiiiiiii... Cuelgas, pero no sueltas el móvil. La música suena más bajo de lo normal, pero aún así, no te deja pensar con claridad. Y la mano con la que sujetas el móvil vibra. El móvil vibra. Es él. Eres el ejemplo vivo de la imbecilidad, por eso te quedas leyendo su nombre en la pantallita y tardas un poco más en contestar. Pero cuando lo haces respiras más o menos normal, es él, no hay duda, y escuchar su voz es... tranquilizador, aunque el pulso se te acelere ligeramente. Promete que estará ahí, promesa no cumplida exactamente, pero que sabe compensar con dos besos que huelen a él. Y después, cinco minutos que pasan en su mayoría en silencio, un silencio terrible, incómodo, pero que saboreas hasta que se disuelve en un par de palabras. Al final, como todo, como la lluvia, el arcoiris o los días estupendos, llegáis a vuestro destino. Fin.


sábado, 12 de marzo de 2011

Luz, sol, lluvia, chocolate.

Cielos encapotados por un par de nubes, y un par de caricias en un par de mejillas encendidas. Caricias suaves, calientes, que apenas duran un par de segundos, por sorpresa. Y luego, gotitas de lluvia, de esas que apenas mojan, pero llueve y es suficiente para sonreír. Y luego un par de besos en el mismo par de mejillas, pero de un par de labios de distinto dueño que el par de manos que acarician. Y más tarde, más lluvia y paraguas cerrados. Él va a estar solo, añades que tú estarás sola y él lo niega "No, estoy yo". Canciones susurradas con voz rota fingida. "Eres luz, eres mi sol...". Más tarde, y otra casualidad, y parece una visión. Y otro par de besos en el mismo par de mejillas por el mismo par de labios de antes. Pero ahora, además, el olor de la lluvia se mezcla con su olor a chocolate, aunque sólo dura un instante. Un instante de locura, que raya un poquito más el limón y enreda las letras de la palabra AMOR.


Un par de instantes de locura, nada más.

lunes, 7 de marzo de 2011

Carnaval, y te quiero.

Máscaras, vestidos, disfraces, alas de mariposa, o de hada, o de ángel. Es el día de ser quien quieras, de hacer lo que quieras, porque no eres una chica normal. Puedes elegir si eres un hada, una actriz de cine, una cavernícola, Caperucita roja... Puedes ser lo que siempre quisiste, puedes ser princesa. Eso sí, el resto del mundo también elige lo que quiere ser. Y, por lo visto, el único príncipe que quieres no tiene precisamente esa idea en mente, y además, cree que destiñe. Inspiras un momento, y sabe a chocolate. Te propones ponerte el mundo por montera, pero te echas atrás en el último momento. Qué pasa...
Y se acaba el día. Adiós a los vestidos, los disfraces, las máscaras. Adiós al "todo vale", a ser lo que quieres ser. Adiós a ser princesa. Adiós, mi príncipe.