jueves, 23 de junio de 2011

C'est fini.

Como cada veintipocos de junio, toca chillar VACACIONES, VACACIONES, VERANO, VERANOOOO!, toca ser felices, pensar en piscina, playa, sol, toca olvidarse de los apuntes, toca disfrutar como si no hubiese un mañana. Pero a algunos (como a mí) nos toca también ponernos un poquito ñoños, pensar en lo chachi que ha sido este año, que salvo deseos de muerte casuales por algún examen y cosas de esas, el curso no ha estado mal. Y ahora nos da penita terminar, y echamos la vista atrás y recordamos muchas, muchas cosas geniales que nos han pasado, y terminamos con un “este año ha sido el mejor de todos”.
Ha sido distinto, con gente nueva en clase, gente a quien no conocía, y gente que ya no seguía en el colegio. Está la gente de siempre, con la que llevo en clase desde que tenía 4 añitos, los que conocía de vista… Pues ahora puedo decir que los conozco a todos. Además este año ha sido distinto para mí, por esta gente a la que conoces pero no sabes si puedes llegar a considerar amigos de los de verdad, los que te hacen reír cuando, por ejemplo, en mitad de un concierto en el García Lorca te da por llorar.
Gracias por todo. Gracias por cada día desde septiembre hasta ayer, por esa cena y esa fiesta. Gracias a los que sois capaces de animar a los demás sin saber que están mal, gracias a los que os desvivís por que seamos felices, gracias a los que habéis ayudado tanto, y a los que os habéis dejado ayudar. Gracias por los chistes, por llamarnos “cabrones” o decirnos que somos feos. Gracias por obligarnos a hablar. Gracias por los aplausos, por las sonrisas, por la manera de ser. Gracias a los que obligáis a bailar cuando no puedo con mi cuerpo. Gracias por los abrazos multitudinarios, por las camisetas verdes el día de la foto. Gracias a los que, simplemente, estabais ahí. Gracias a todos por este año.
Aunque sea un poco tarde, aunque la cena haya terminado, hayamos dejado de aplaudir, los vestidos estén en la lavadora y los tacones guardados, aunque las camisas estén para planchar y la fiesta haya pasado, aunque sea un poco triste pensar que tal vez algunos no vamos a volver a vernos, propongo un brindis. Yo brindo por este año, yo brindo por vosotros.

domingo, 19 de junio de 2011

Este adiós puede no maquillar un hasta luego.

Ironías de la vida, justo ahora empiezo a acordarme de esa noche del verano pasado en la que, desvelada, cogí un papel, un boli y empecé a escribirte esa carta que nunca podrías ver. Me abrí a mí misma mi corazón, poniendo palabras a eso que sabía sentir tan bien, después de tanto tiempo. Te contaba todo, cada momento que recordaba cerca de ti, cada abrazo, cada palabra que me hiciese feliz, cada detalle que me recordase a ti. Se me encoge el corazón cuando pienso que te quería y me doy cuenta de que pongo el verbo en pasado.




Supongo que esto es un adiós, no definitivo, pero un adiós de “por si acaso”. Porque lo veo venir, y en el fondo no quiero, estaba bien quererte, y sigue estándolo. De hecho, ahora eso me dolería un poco menos, pero es que soy masoquista. Hace sólo un par de días, acordándome de aquel “¿te puedo dar un abrazo?” que solté sin pensar, acordándome del abrazo que me diste cuando tendría que haber sido al revés, todo el vagón del tren se inundó con tu olor, como una especie de dejavú. He vuelto a acordarme de eso, y el “quería” me ha dolido más.


Pase lo que pase, que sepas que te quiero, tal vez de otra manera, tal vez no tanto, tal vez sean las dudas, tal vez… pero, a pesar de todo, nunca volveré a odiar con todo mi amor a nadie, por muy idiota que sea. Que nadie volverá a darle alas a mi tiempo, que mi tiempo no volverá a volar pensando en nadie.
No sé si esto es un adiós, un hasta luego, un hasta nunca, o simplemente, nada, pero, por si acaso, me despido de ti con un cuídate, besos, te quiero.
Interprétalo como quieras, yo seguiré pensando en qué significa para mí.

martes, 14 de junio de 2011

Distancia más tiempo, tiempo más distancia.

Lo vas viendo, se acerca, como cada año, como todos los años. Aunque este, tal vez, sea un poco distinto. Sabes que vas a estar muy lejos, mucho tiempo, más que nunca. Te hace ilusión, mucha ilusión, pero te da un miedo terrible. Quizá sea bueno, tal vez vengas con las ideas más claras, quizá todo lo que necesitas es tiempo y distancia, distancia y tiempo. Tal vez la clave esté en el ambiente, en la gente que te rodea y el aire que respiras, por eso tal vez cambiar todo eso te venga bien. Por otro lado, te conoces lo suficiente como para saber que no, que no te aclararás, que por muchos kilómetros que pongas de por medio, por mucho tiempo que pase, todo va a dar igual. Por eso existe la posibilidad de que tal vez, sólo tal vez, y quizás, no sirva de nada juntar distancia con tiempo y tiempo con distancia... además, cada vez estás más segura de que ese Bécquer que empezó a escribirte tu propia “Leyenda de los Ojos Verdes” se está cansando de ti, de tu inseguridad y de tu tontería, y pretende ponerle punto final al cuento. Y sabes que la distancia y el tiempo lo pondrán todo de su parte, sabes que este verano puede acabarse.


¿Pero acabarse qué? Nunca has empezado nada, ni siquiera has tenido el valor de dejar que te respondan a la eterna pregunta del “¿y si...?”. En parte es culpa tuya, eso de que se acabe algo que no ha empezado. Sabías que pasaría, pero dejabas que las oportunidades pasasen guiñándote un ojo burlón. Ahora te toca tragarte el “¿y si?, dejar que los nombres se ordenen en tu cabeza... en tu corazón. Y después, que pase lo que tenga que pasar, sin que tu tontería vuelva a fastidiarlo todo.

lunes, 13 de junio de 2011

Sin luz.

"-Idiota.
-¿Qué?
-Que eres idiota.
-¿Por qué?
-Porque sólo una idiota como tú se dedicaría a desenterrar recuerdos casi olvidados sólo porque el día no le ha dado un motivo para comerse la cabeza".

Lo peor es que no necesitas que nadie te lo diga, porque te lo dices tú misma, porque ya lo sabes, que es lo de siempre. Que si no es una cosa es la otra, si no es un nombre es el de más allá y sino, te lo inventas. En el fondo, cuando estás sola, muy a oscuras y nadie puede oírte, te dices alguna que otra verdad y reconoces que parte de esto es culpa tuya. Cuando se enciende la luz, se apaga la sinceridad; cuando la soledad se esfuma, las confesiones se van con ella.