viernes, 29 de julio de 2011

Musique (9.7.11)

Es genial, increíblemente genial, te encanta. No es lo mismo, no es lo de siempre, no hay más voces, sólo la tuya. Tampoco es la misma persona la que arranca la melodía del piano pero da igual. Porque sólo importáis las notas y tú, si acaso, algunas palabras. Eres consciente de que te vas olvidando de todo, poco a poco, al ritmo de una canción. Podría acabarse el mundo y no pasaría nada. Te das cuenta de la increíble sensación que te produce algo tan sencillo como cantar y te reprochas esa tontería que te impide hacerlo más a menudo. "Al cantar me puedo olvidar de todos los malos momentos, convertir en virtud defectos"
Un poco más tarde, de nuevo, la melodía de siempre. La recordabas a toda velocidad, acelerada, como tu vida últimamente, y piensas en ti hace apenas un año. El piano te hace recordar mil cosas en tiempo récord... Pero tienes la sensación de que podrías vivir siempre si sonase de fondo alguna canción de esas que esconden dentro trocitos de ti.

En Oxford, a 9 de julio, 2011.

jueves, 28 de julio de 2011

Distancia, tiempo. Confusión. (7.7.11)

Porque nunca nada sale como piensas. Si te matan las dudas te crees (porque siempre has sido un poco idiota) que unos cuántos kilómetros  y algunos días le pondrán remedio. Empezabas a dejar de echar en falta la manos que acariciaban las teclas del piano, de forma dulce y caliente como un beso, y de repente, en el momento más inesperado, las necesitas. Y los ojos verdes, los de siempre, también. Pero pasa rápido. De pronto, quieres otra cosa, buscas un abrazo para perderte o simplemente para sentirte un poco mejor. De vuelta a la partida de ajedrez que parecía que el rey de las negras tenía perdida, algo cambia de nuevo. Otra voz, otros ojos, otras manos, y no sabes si jugarán en su favor o en su contra. Por una vez, te planteas la posibilidad de que, tal vez, sea mejor pensar antes de sentir, pero, aun sabiendo que es verdad, prefieres seguir queriendo "a tu manera": no importa quién, cómo, dónde, tampoco si él también es tan idiota como tú o si, sencillamente, es imposible. Qué más dará... Ahora mismo sólo tienes dos cosas claras: primero, que vuelves a los ojos verdes y su música pero no sabes de qué manera; segundo, que si algo puede ser fácil, tú harás lo que sea para complicarlo todo lo posible. Ya lo sabes, es que eres idiota.
En Oxford, a 7 de julio, 2011.