miércoles, 28 de septiembre de 2011

Casualidad


-Espera... necesitaba decirte una cosa. Te quiero.
-No puede ser.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿No me crees?
-Es que yo también te quiero a ti. . . Y es demasiada casualidad.
-Es que en el fondo, esto del amor es pura casualidad. Así que bienvenida a esta casualidad. A mi casualidad, a nuestra casualidad. A la casualidad más bonita de todas.
-Te quiero.
-Y yo a ti.
-Te quiero.
-Lo has dicho hace cinco segundos ya. . .
-Pero no es lo mismo, porque ahora te quiero más que antes.

sábado, 24 de septiembre de 2011

This show won't go on.

Siempre habías pensado que "la última vez de algo" se disfruta más si no sabes que es la última. Pues por lista, y por ahorrarte el mal trago de saber que este año sería el último año, alguien ha decidido por ti que los focos se pueden apagar un poco antes, que no tiene sentido mantener el telón levantado o fotocopiar las palabras de un personaje al que ya no vas a dar vida. Y piensas en todo aquello. En los nervios de la noche anterior, en los nervios de los cinco minutos previos, en el giro de 180 grados. En sentirte por una vez, un poco segura de ti misma. 

Tal vez no sean tus palabras, tal vez no gritas lo que tú sientes, tal vez sólo sean personajes que viven en páginas de papel, tal vez, pero ¿y qué?, si te hacen sentir tantas cosas, si eres tan feliz... Si es casi como un vicio. Perdón, era un vicio. Porque el telón baja, las luces se apagan, los aplausos los ahoga una voz que repite que se acabó. Que aquí termina la obra. Que el autor ha escrito "FIN". Y aún tienes al valor de quedarte en el escenario un ratito más. Sólo un ratito.

martes, 20 de septiembre de 2011

Remember me.

El avión se agitó levemente, y ellos se abrazaron más fuerte todavía.
-¿Qué harías si esto se estrellase ahora? –preguntó él.
-No sé… –respondió ella, pensando.
-Yo te abrazaría muy fuerte –dijo el chico, besándola en la frente.
Se quedaron así un rato, muy abrazados, conscientes de que el avión a cada momento que pasaba estaba más cerca del suelo, y ellos de su despedida. De nuevo, fue él quien rompió el silencio.
-Antes de que el avión toque tierra, prométeme una cosa.
-¿El qué? –dijo ella mirándole a los ojos.
-Prométeme que nunca me vas a olvidar.
A ella se le encogió el alma, y un par de lágrimas amenazaron con brotar de sus ojos, pero consiguió frenarlas.
-Te lo prometo –respondió con la fuerza que consiguió reunir.
-Yo tampoco voy a olvidarte –prometió el chico, volviéndola a abrazar.
Ella no sabía qué hacer. Quería darle las gracias, por esa promesa, y por todo lo demás, pero creyó más oportuno quedarse callada. Apenas diez segundos después de que él prometiese no olvidarla nunca, las ruedas del avión tocaron tierra, y el corazón empezó a inundársele de lágrimas que sabían a despedida.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Érase una vez...

No va de un país muy lejano, no fue hace mucho tiempo y nadie ha sido feliz comiendo perdices. Pero es que, sinceramente, para mí ya está todo bastante lejos, el tiempo sólo sabe hacerme esperar y prefiero una tortilla de patata antes que las dichosas perdices. Eso sí, al margen de todo eso, las historias de princesas, príncipes, castillos y cosas bonitas, siempre me han llamado, no sé si cómo signo de inmadurez o de esperanza. Así que, por favor, no me hables tú de creer o no creer en cuentos de hadas, porque prácticamente he vivido a base de ellos, a base de pensar que al final los malos pagan y los buenos terminan felices (y reventados de perdices). Ah, claro, y falta el hada madrina, ese maravilloso personaje que lo arregla todo con un poco de magia. Ahora resulta que yo también quiero de esas famosísimas perdices, pero en este cuento faltan un par de personajes principales... 

domingo, 11 de septiembre de 2011

"No me importaría que fuera para siempre".

Tal vez, sólo tal vez, los planes descabellados, sin sentido, los de arriesgar, los de tener todas las de perder, los de cruzar un precipicio por la cuerda floja sean los mejores, los que valen la pena. Como las miradas que se cruzan en el aire, a kilómetros de distancia, como mirar la luna y pensar "es la misma luna que se ve allí". Como esas tonterías. Como esas cosas tontas, estúpidas, geniales, que te hacen sonreír de manera tonta, estúpida, genial. Y sabes que esto, lo que pasa ahora, no vale para siempre, que pueden pasar mil cosas porque la vida es una (maldita) peonza, para bien o para mal. Pero es que si te lo propusieran, aceptarías sin pensar el plan descabellado de mirarle siempre, siempre siempre.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Como fuegos artificiales...

Es. . . increíble. Es raro, es especial, es distinto, es mejor. Es. Con pros y contras, como todo. Pero yo hoy pagaría por volver a ayer, daría la mitad de lo que tengo por tenerte delante, la otra mitad por poder decir "te quiero" yo primero, y ofrecería absolutamente todo simplemente por tenerte a ti. Porque mis manos me dicen que echan de menos las tuyas, mi boca que se moría por la tuya y luego estoy yo, que te echo de menos a ti, a tus manos, a tu boca y a tus abrazos. Que aunque soñar sea peligroso, es lo más bonito que existe, y de pronto, recuerdo esa frase que escribí un día, esa que decía que "los sueños sueños son para quien no se atreve a luchar por ellos". Sé que no es real, no del todo, ni de lejos, pero es más de lo que podría pedir, pero es que ahora mismo todo me da un poco igual. De vez en cuando, alguna canción traiciona a las sonrisas y se escapa alguna lágrima fugaz, gajes del oficio de echar de menos. De todas formas, quiero dedicarme a pintar sonrisas con rotuladores permanentes, y las más bonitas, las más radiantes, serían la tuya y la mía. Sonrisas que brillan, como fuegos artificiales en el aire. Tu sonrisa y la mía, las dos que más me importan, brillando con fuerza, altas, en el cielo, igual que la luna y el sol.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Conclusiones

Noche de verano, cómo no, noche de verano. No tiene nada de especial, pero no te deja dormir. Y empiezas a pensar en mil cosas, en lo de siempre, y algunas nuevas. Te ha costado darte cuenta de que todo es más fácil, o al menos se lleva mejor, a base de sonrisas, y aunque suene muy a peli Disney, a base de sueños, y de creer que se pueden cumplir. Porque es posible que no exista la persona perfecta, pero sabes que las que más se le parecen son esas que llevan una sonrisa dibujada en la cara, y hoy te apetece rozar la perfección. Hoy querrías salir a la calle y gritar que alguien le eche sirope de chocolate al mundo, porque tú, un día de estos, te lo comes. 

domingo, 4 de septiembre de 2011

Aquellas pequeñas cosas

Ese tipo de cosas que sabes que van a terminar pasando, pero que no te da la gana creerte. "No tiene porqué, no pasará". Claro, genial, muy inteligente, como si unos cuantos kilómetros y un par de meses de ausencia pudieran borrar prácticamente dos años de ti. Pero parecía que la cosa iba bien, ¿no? Las canciones habían empezado a hablar de personas distintas, de "fuiste", de pasado. Ahora, de repente, el aire huele diferente, huele como siempre, y los saludos duran dos milésimas de segundo más para empaparte de ese olor. Olor que vuelve como un golpe de ola, como un vendaval, sin avisar. No es exactamente como antes, por supuesto que no, sabías que era imposible que todo fuese como si no hubiera pasado nada. Pero es, y punto. O al menos, pretende serlo. Y no quieres, no te gusta. Ahora las canciones cuentan historias de gente que quiere olvidar... y no puede. ¿Por qué nunca pueden? Tú quieres poder. Aunque en el fondo no sabes si es mejor o peor, quieres poder.

"Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas

que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve".
(Joan Manuel Serrat.)

jueves, 1 de septiembre de 2011

Hasta el límite...

Tardes de verano nubladas. Muchas nubes, no hay cielo azul, pero todo eso da igual. Te sientes un poco distinta, un poco mejor, como si quisieras aprovecharlo todo, hasta el límite. Apurar cada segundo a base de sonrisas. Apurar, como las olas, hasta el último impulso para llegar a la orilla. Apurar cada gota de lluvia para que arrastre todo lo malo. Apurar cada rayo de sol como si el de hoy fuera el último atardecer, y cada rayito de luna como si mañana por la mañana se fuese a extinguir. Apurar cada soplo del viento como si fuese un abrazo. Querrías inmortalizar hasta el aire que respiras, que respiraste, que respirabais. Congelarías cada instante de felicidad, cada amago de carcajada, cada mirada que diga "gracias". Hoy quieres aprovecharlo todo hasta el límite... y el límite lo has puesto en el cielo.