domingo, 6 de noviembre de 2011

Ocho seises del once.

El tiempo pasa como siempre, implacable, sin nadie que le suplique que pare un momento, que tanta velocidad arrastra algunos recuerdos. Recuerdos que se van, y los que no, se quedan empañados por el humo de algún cigarro que consume los días, los meses, los años. En realidad casi todo está olvidado... Pero hay veces que una voz, repasa muy bajito las operaciones de un cuadernillo Rubio de verano, o corrige faltas de ortografía, o enseña a su nieta lo que es desafinar cuando ella toca la flauta. Otras veces aparece el recuerdo de una foto en sepia, y alguien pregunta "¿dónde está?". El del medio, el de la batería. Pero esa batería está muda, ya nadie la toca, ya no es lo mismo. Tiempo entre tinieblas, tiempo que corre, que vuela, tiempo entre humareda, tiempo que se va y no vuelve. 

Y yo me sigo preguntando, como cada año, cómo se puede echar de menos algo que apenas recuerdas. Y es que no lo recuerdo pero está. Está en las canciones, en cada nota, en cada roce de una baqueta sobre cualquier batería. Está en cualquier sello de cualquier carta. Está, pero le echo de menos. Y es que ya van ocho seises de noviembre.


"Vuela, vuela libre, mi paloma
vuela, vuela libre, mi amor.
Tu luz y bendición no me abandonan
si volviera a nacer, sería contigo, amor.
No lloro, mi paloma, ya no lloro
no lloro pajarito, amor mío.
Voy con la fe, con la esperanza
porque te amo, mi amor,
yo te voy a encontrar..."
Maná, Vuela libre paloma.

Como cada año, como siempre, te echo de menos, ya lo sabes, dónde sea que estés. 
Como cada año, como siempre, para siempre, tu nieta.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Conformarse.

Nuestro día. Siempre había sido nuestro día, y todos vemos como poquito a poco desaparece. Además, no podemos hacer nada. Si se va, se va, si desaparece, desaparece, si no te gusta, te aguantas. Porque no puedes hacer nada. Podrás hablar todo lo que quieras, podrás dar tus razones, pero las decisiones dependen de alguien que no ve EL DÍA como lo ves tú, porque no sienten lo que llevas sintiendo desde que tenías cinco años y ya dabas la lata con campanas, hombres que pasaron por esta tierra. No es sólo un día de fiesta, sino nuestra fiesta. Es el día que las campanas repican vibrantes, y se escucha cómo lo hacen en cada rincón. Es el día de demostrar un poco de orgullo, el día de celebrarlo. Es, es, es... No. Era. Pero no pasa nada, que nadie se preocupe. A conformarse. Es lo que toca, ¿no? Por lo visto, a veces la madurez consiste en eso, en el conformismo, callarse, aguantarse. Yo sólo tengo una cosa que decir, en ese caso: viva la inmadurez, señores.



martes, 1 de noviembre de 2011

La línea 13.

Increíble, increíble multiplicado por trece. En un abrir y cerrar de ojos se ha pasado pero con un poco de tranquilidad y menos amagos de lágrimas en los ojos es más fácil repasar un poco de todo... Cómo los ojos saben decir "te quiero", cómo se puede besar sólo con la mirada. Cómo Madrid sabe guardar algún secreto, cómo cualquier lugar puede ser mi lugar favorito con un abrazo de por medio. Cómo frases de película suenan más bonitas fuera de las películas. Cómo ahora las canciones no le cantan a medio mundo, sino a ti y a mí. Y ya está. Además, el recuerdo de un par de manos queriéndose, escondidas debajo de algún mantel. También sé leer los labios que dicen que me quieren, y me he convencido de que no hay reencuentros sin despedidas. Y es que todo esto ha sido un poquito así como increíble. Increíble multiplicado por trece. Increíble elevado a trece.