sábado, 31 de diciembre de 2011

So, goodbye, 2011.

Querido 2011:
Te vas. ¿Qué pena, no? En realidad no lo sé. Has sido tan terriblemente raro... Empezamos con el propósito de no cumplir ningún propósito de Nochevieja, y el único propósito de Nochevieja que tenía era que ganase el "y si..." de una vez. Y no lo cumplí. No cumplí el propósito de no cumplirlo, no sé si me entiendes. No era exactamente tal como lo había pensado, pero sí infinitamente (más trece por diecisiete) mejor. Te has parecido muchísimo a mí, has sido totalmente bipolar. Hemos llorado (bastante) pero hemos reído (más). Hemos fingido que quien no siente nada nos decía te quiero en un idioma extraño y hemos sido felices por ello, hemos llorado en teatros sin motivo alguno, y hemos dejado de hacerlo cuando los motivos sobraban.
Hemos saltado a lo imposible, a lo que nos asusta, hemos volado, conocido, descubierto, imaginado, soñado, cantado (¡¡!!), hemos perdido el miedo... 
Algo tienes, no sé el qué, que hace que me dé penita despedirte. Tal vez sea esa mitad tuya tan increíble, tan genial, tan de cuento. O tal vez sea tu manera de enseñarme que la vida es una (ya no sé si tan maldita) peonza.
Gracias, gracias 2011 por esas cosas por las que no te voy a olvidar.
Atentamente: yo.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Y que nadie más exista porque existimos tú y yo.

Recordar, recordar a todas horas, porque no puedo hacer otra cosa. Pero no importa, porque no es el recordar triste, melancólico e insoportable de siempre. Es un recordar que arranca sonrisas, que incumple todas las reglas de los "recordar". Recordar árboles de Navidad que esconden palabras bonitas que esconden realidades más bonitas aún. Recordar paseos interminables, paseos con olor a rosas, frambuesa, vainilla y un poco de chocolate, aunque el chocolate sólo lo sintamos nosotros. Recordar que se puede subir al cielo también en escaleras mecánicas. Recordar calles llenas de gente. Tan, tan llenas, que un beso es capaz de vaciarlas. Recordar abrazos. Abrazos en silencio que gritan te quieros. Porque te quiero. Hoy te quiero como si no hubiera un mañana, aunque mañana te quiera más que hoy.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Te quiero trece veces por diecisiete razones.

Te quiero. Cuando me abrazas, cuando me acaricias, cuando me miras, cuando me besas, cuando me rozas, cuando me dices que me quieres, cuando te ríes, cuando me haces sonreír, cuando vienes, cuando te tienes que ir, cuando nos despedimos, cuando nos reencontramos, cuando da igual cuánta gente haya alrededor, porque es como si sólo estuviésemos tú y yo.
Y te quiero otra vez. Por tus abrazos, por tus caricias, por tus ojos,  por tu mirada, por tu boca, por tus labios, por tus besos, por tus manos, por tu voz, por tu "but you got me now" después de mi "all I want for Christmas is you", por tu risa, por nuestras canciones, por los lugares, frases o tonterías que hemos hecho nuestras, por hacer que todo desaparezca si estás tú, por hacer que todo desaparezca aunque sólo estés a medias ("sólo" en mi mente, "sólo" en mi corazón), porque llevaba toda la vida buscándote, y porque eres el mejor regalo que me podían hacer.
Te quiero siempre, a todas horas, porque eres tú y no otro.

viernes, 9 de diciembre de 2011

15 días, Navidad, y recuerdos.

"-¡Natalia abre que hace frío! –gritaba Javi.
Alicia le miró un poco incomodada por la situación.
-¿Por qué nos ha encerrado? –preguntó ella.
-No va a abrirnos hasta que no te diga lo mucho que me gustas.
-¿Y qué vas a hacer? –le miró sin atreverse a respirar.
-Pues supongo que decirte que me gustas muchísimo, que te quiero, y que para mí fue como un regalo de Navidad encontrarte en San Ginés.
-Entonces dímelo.
Se mordió el labio con suavidad mirándola fijamente.
-Alicia, me gustas. Me gustas muchísimo y desde hace bastante tiempo. Creo que te quiero. No, no lo creo: lo sé. No esperaba encontrarte allí el día de Navidad, aunque lo deseaba con todas mis fuerzas. Quería verte, quería que alguna casualidad me diera una excusa para decirte esto: te quiero, te quiero mucho, te quiero más de lo que pensaba que podía querer".
Lo que tiene buscar entre papeles escritos hace años. Dos años. Conversaciones bonitas al frío de una terraza en pleno invierno, o llamadas telefónicas a las tantas de la madrugada en las que, hasta quien no siente nada dice "te quiero". Nunca pasó, y aunque pasase ahora, ¿qué más daría? Te pasaste dos años al frío de una terraza en pleno invierno, despierta todas las madrugada con el móvil apagado, por si llamaba. Por fin has dejado la fría terraza. Ya no es invierno y ha salido el sol. Como si hubieras aprobado la asignatura que tenías pendiente sin saberlo. Ahora las madrugadas se llenan de sueños, sueños bonitos, sueños de planes, de ganas. Sueña, sueña, sueña todo lo que quieras. Ahora sí.