martes, 31 de enero de 2012

Para todos (sonrisa).

Todo llega, siempre llega. Más pronto, más tarde, pero llega. Cuando no lo tienes piensas que no, que les llega a todos menos a ti, porque, ¿cómo te van a pasar esas cosas chachis a ti? Pero pasan. Nos pasan a todos, créeme. La clave está en no buscar, supongo que por eso de que el mundo se empeña en llevarnos la contraria siempre.
Llegaste. Llegaste a mi vida por casualidad, cuando no sabía que te estaba llamando a gritos. Y llegué. Llegué a la tuya, aunque probablemente nadie me había llamado. Y te prometo que llegué para quedarme, porque en ningún sitio había estado mejor que en tu vida. Llegué, llegaste, llegamos. Y seguimos. Porque todo llega, y sigue, y así hasta siempre.

martes, 24 de enero de 2012

Un poquito más.

Cada segundo que pasa. Cada vez que dices "te quiero". Cada vez que respiras. Cada vez que me miras. Cada vez que te quedas callado al teléfono. Cada vez que te ríes. Cada vez que me haces sonreír. Cada vez que me acuerdo de ti. Cada vez que sale el sol. Cada vez que brilla la luna. Cada vez que huele a rosas. Cada vez que me llevas la contraria. Cada vez que te crees con derecho a decirme que soy mejor que tú. Cada vez te quiero más. Cada vez que eres tú, y tú eres siempre. 



lunes, 23 de enero de 2012

Recordar sólo lo bueno.

Es raro. Pensaba que no iba a volver a escribirte a ti, pero nuestra media despedida (porque tú nunca te despediste, igual que nunca saludaste) de hace tantos meses no me parecía adecuada. Porque igual que ya no eres nada, antes fuiste todo, casi todo. O al menos yo pretendía que lo fueras, pero nunca te dejaste. Y es que siempre hay alguna canción en el iPod que me hace recordar, aunque ya no duela, y, qué quieres que te diga, ahora las cosas se ven mejor, tal vez porque prefiero recordar sólo lo bueno.
He recordado cada vez que nos cruzábamos, las pocas veces que mirabas, las menos frecuentes aún que saludabas. He recordado esa vez que intentaste tranquilizarme ("tranquila" ojos verdes, "respira" ojos verdes, "relájate" y más ojos verdes). Pero con más cariño he recordado ese abrazo... esa vez que sabía que no iba a poder verte llorar sin llorar yo, y te pedí permiso para abrazarte. Probablemente era la vez, hasta aquel día, que más valor conseguía reunir. O esos domingos por la mañana que no saben ser normales. O mil cosas. 
Que sepas que, por no quererte, no dejo de querer lo mejor para ti. Porque en esos buenos recuerdos que probablemente sólo yo recuerdo, veía eso que querías esconder, esa persona que se deja querer. Y te pido que, alguna vez, dejes que alguien te quiera. Que a todos nos hacen daño, pero el mundo sigue dando vueltas, todo sigue, y nosotros también. Tú me hiciste daño, pero seguí. Y ya no duele. Nada de nada, te lo aseguro. Dejó de doler hace tiempo, cuando el rey de las fichas negras cayó en mi partida de ajedrez.
Creo que este adiós sí merece la pena. Vuelve a no maquillar un hasta luego, pero es el adiós que se merece todo el tiempo que te quise. 
Ahora sí. Adiós.

martes, 17 de enero de 2012

Celebrar...

-¡Vamos a celebrarlo!
-¿Celebrar qué?
-Que hoy es el primer día...
-¿De qué?
-Del resto de nuestra vida.


Y la vida sigue y un principio es siempre un final. Y los finales son principios. Cuando los hermanos Grimm escribieron el final de La Cenicienta, la princesa empezaba una vida maravillosa con un príncipe maravilloso. Y de repente, tú empiezas a vivir. Escribes fin a una parte de ti, y escribes el genial "érase una vez" para otra parte nueva. La parte bonita. Escribes fin a la parte difícil, la de los malos tragos y los te quieros, como escribiste una vez. Y érase una vez un beso al que le siguen más, érase una vez un abrazo al que le siguen miles, érase una vez una fuente rodeada de rosas. Érase una vez tú, érase una vez yo. Y por fin, érase una vez nosotros. 

miércoles, 11 de enero de 2012

Cuestión de imaginación.

Podría imaginar que no es once de enero. Imaginar que es cualquier otro día, de los que no significan nada. Imaginar que es enero del 2003. O mejor, de mucho antes. Imaginar que sigues aquí. Imaginar que vienes a los conciertos de coro. Imaginar que puedo dedicarte la canción que tengo guardada para ti. Imaginar que no intento no llorar mientras escribo y no lo consigo. Imaginar que no te echo de menos. Imaginar que no hay humo que empañe recuerdos, ni cigarros que consuman el tiempo. Imaginar que soplas tus setenta y tantas velas y pido yo el deseo por ti. Querría que estuvieses conmigo otra vez. Querría no estar escribiendo esto. Querría no intentar no llorar porque no te echo de menos porque estás. Pero no estás, no hay velas ni deseos. Aún así, un año más, felicidades.



martes, 10 de enero de 2012

Jugar a ganar.

Tirar los dados y que salga lo que quieres. Jugar a las cartas con el as de corazones. Saber que, pase lo que pase, no vas a salir perdiendo, porque tienes un as en la manga con nombre, apellido y ojos verdes. Y con él nunca vas a perder.

"¿Quieres que juguemos los dos a este juego rarísimo que se llama vida? 
Hasta que termine la partida, y después, también... Un juego en el que tú y yo ganamos".  

viernes, 6 de enero de 2012

Guardar.

Se acaba la Navidad, y hay que guardarlo todo. Las cintas de colores en sus cajas, las bolas del árbol, las figuritas del belén. Todo vuelve a su sitio. Las luces de Madrid se apagan, las calles se vacían. Echando a vista atrás, recuerdas que cuando terminó la última Navidad te prometiste que para el año siguiente, las fiestas tendrían nombre, apellidos y ojos verdes. No sabías que prometías, pero, como todo últimamente, es mejor que cualquier cosa que podrías haber esperado hace trescientos sesenta y cinco días. Qué cosas. Una parte de ti siente pena porque se acaba, porque faltan trescientos cincuenta días para que todo vuelva a empezar, para volver a ver Love Actually y pensar "pues mi historia es más bonita", para ser incapaz de andar por el centro, para comer chocolate con churros. Pero la otra parte sólo tiene ganas de vivir y de que las cosas lleguen cuando tengan que llegar, porque te ha quedado claro que todo es mejor si pasa cuando le toca. Así que supongo que es el momento de vivir cada segundo, de querer cada segundo. Porque este preciso segundo es el que más te he querido de toda mi vida, pero nunca más voy a volver a quererte tan poco.
Feliz fin de una maravillosa Navidad. Feliz vuelta a una maravillosa realidad. 

Carta a los Reyes Magos.

Queridos Reyes Magos:
Este año me siento la persona más afortunada del mundo, tengo todo lo que podría querer, así que no quiero que me traigáis nada, quiero que os llevéis cosas. Llevaos los ratos malos, la rabia, los discursos con moralejas que dicen que no te puedes fiar de nadie.  Llevaos los ceños fruncidos, las caras tristes, los motivos para pensar que algo es imposible. Llevaos las tentaciones de rendirse, los "no puedo", las ganas de llorar. Llevaos los miedos, las dudas, los temores. Llevaos la falta de confianza, las bajas autoestimas. Todo. Llevaos todo.


PD: Tal vez quiera una cosa, sólo una. Unas tijeras, para acortar distancias. Nada más.

martes, 3 de enero de 2012

Feliz dos mil trece menos uno.

Sabes que un año va a ser genial cuando el día uno te despiertas, después de haber dormido apenas tres horas y pico y piensas "este año es el mío" y luego añades un "bueno... el nuestro". Y es que este año va a ser mi año, nuestro año. O al menos el primero de todos. No  me he propuesto nada, porque me lo propongo todos los días. Vamos a ser felices. Vamos a querernos. Vamos a hacer que cuente, como le repetía Jack a Rose en Titanic. Vamos a hacer de la nuestra la mejor de las historias. Vamos a hacer del año que hemos empezado con trece uvas, nuestras trece uvas, el principio del resto de nuestra vida. Vamos. Los dos juntos, como siempre. Feliz dos mil doce. O mejor, feliz dos mil trece menos uno. Te quiero.