martes, 24 de julio de 2012

Siempre, siempre viento.

A veces, hace falta estar a varios miles de kilómetros de altura, recordando aquella otra ocasión a varios miles de kilómetros de altura en la que no querías que el vuelo terminara, para darte cuenta que a veces, simplemente el hecho de volar, por muy alto que sea, por muy realizados que veamos nuestros sueños, no basta:
Porque todos los aviones acaban aterrizando, todos los pájaros vuelven a posarse en una rama, y todas las hojas de los árboles terminan por dar con el suelo.
Sin embargo, el viento siempre, siempre sopla; el viento siempre, siempre vuela. Como una brisa suave, como una caricia tierna, como una palabra dulce. O como una ventisca salvaje, como un huracán apasionado. Pero siempre, siempre soplando; siempre, siempre volando.
Por ello te propongo hoy no ser uno de esos aviones que después de volar termina aterrizando, ni uno de esos pájaros que vuelve a posarse en una rama. Tampoco quiero que seamos una hoja de árbol de esas que terminan dando con el suelo otra vez. Quiero que seamos viento, aire, brisa, ventisca y huracán; que siempre, siempre soplemos; que siempre, siempre volemos. 

martes, 17 de julio de 2012

Madrugada de un 17.


Esta noche recuerdo muchas cosas. Recuerdo despedidas y reencuentros. 
Recuerdo hace apenas un día menos de un año; una noche de despedidas con M&M'S, risas, amigos y las lágrimas que sabían que íbamos a tardar en vernos, abrazos de amigos y promesas de no olvidarse. 
Recuerdo hace apenas un par de días menos de un año; un día de más despedidas y más lágrimas, estas con la posible certeza de no volver a vernos, abrazos que te susurran "don't cry" mientras también lloran, y trayectos en autobús que sientan como una agonía, mientras dejas una cuidad atrás. Recuerdo, de ese mismo día, un trayecto en avión en el que mezclamos risas, "prométeme que no me vas a olvidar" y la capacidad de aguantar las ganas de llorar. Y, una vez más, otra despedida.
Por último, recuerdo una mañana, hace apenas siete meses; una mañana de nervios, carreras por los pasillos del Metro de Retiro, de recuperar el aliento, de volver a correr, de abrazos, de paseos, de rosas, de besos y de las calles llenas de gente que éstos vacían, de "cosas que celebrar", de ti y de mí.

miércoles, 11 de julio de 2012

A lo mejor.

A lo mejor, te quiero. De hecho, creo que te quiero. Te quiero, mucho, fuerte, dulce, suave. 
Fuerte y dulce como el algodón de azúcar, como un abrazo después de meses sin vernos, como una miradas de esas que hablan, gritan y besan. 
Suave, como las caricias que recorren mis mejillas, como los abrazos que llenamos de ternura, como un beso de esos que tenemos durante mucho tiempo guardados.
A lo mejor te quiero, y a lo mejor te necesito como necesita la Luna al Sol para brillar; de hecho, creo que te necesito así.
Y nunca me había parecido más bonito el significado de creer que cuando crees algo con todas tus fuerzas, cuando crees de esa manera que te hace sentir capaz de mover montañas y devorar kilómetros. Cuando crees, quieres y necesitas de esa manera. 
Por eso: creo que te quiero, y por eso mismo creo que te necesito.


Fire.

Que se extiende, se propaga como una plaga, que corre y vuela como una ventisca. Así es el fuego que tendría que incendiar las noches. Que arda la noche, que arda el asfalto, el calor. Que ardan las nubes y que arda también el cielo. 
Que el fuego devore cada milímetro del mundo, que ardan las suposiciones, que alumbran los temores, las malas caras, las lágrimas, y que ardan también esos temores, malas caras y lágrimas.
Que los recuerdos dejen de ser lastres para ser simplemente nuestra vida, que no nos arrepintamos de nada que nos ha hecho felices, que ardan las cadenas que nos anclan al pasado, nos privan del presente y obstaculizan el futuro.
Que ardan todos esta noche.

martes, 10 de julio de 2012

Perderse.

Pasa a veces, nos pasa a todos. Perdemos los nervios, la cabeza, nos perdemos a nosotros mismos.
Tú no te pierdas, déjame que te ayude a no perderte. Estoy ahí, a tu lado, a sólo unos pocos kilómetros que no significan nada. Estoy dándote la mano, muy fuerte, para evitar que te pierdas, y si lo haces, nos perdemos juntos. Piérdete en mis ojos y encuéntrate en mis besos, que yo podría vivir perdiéndome en tus ojos y encontrándome en tus besos. Pero juntos, siempre juntos, amor.
Y cada vez que sientas que pierdes los nervios, que pierdes la cabeza, que te pierdes sin mí, frena. Porque te estoy abrazando, con un beso de buenas noches y un te quiero. 

lunes, 9 de julio de 2012

Noches de recuerdos y futuros.

De la mano o abrazados, qué más da. Nos reímos, nos besamos, nos queremos, hablamos. Miramos al cielo, miramos las estrellas, y me intentas enseñar alguna constelación.
¿Qué me importarán a mí las constelaciones, si tus ojos son las estrellas más bonitas del universo?
Más abrazos, más besos, más risas. Tranquilidad y un silencio que sólo rompen el agua al pasar, y nuestras voces, que se quieren y se lo dicen. Esas voces también recuerdan; recuerdan hace apenas un año, lo que no pasó entonces y pasó después, un diecisiete que huele a rosas.
Pero las voces también miran hacia adelante y se dicen que quieren seguir siempre juntas porque, repiten, se quieren. Se vuelven a abrazar, muy fuerte; se besan, con amor. 
Corren, se ríen, saboreando un poco de locura. Se quieren un poco más que hace apenas un par de segundos, pero menos que un par de segundos después.
Noches de estrellas, voces, y "te quieros".

sábado, 7 de julio de 2012

Rayando mi Sol.

Desde el 28 de junio de 2011: el chico de la cruz, el de "tómate un Ibuprofeno por si acaso", el que lo pasó fatal con el punting, el de los bolis de tinta negra, el de Green Day, el de las baquetas de M&M'S, el de la habitación grande, el que mezclaba los zumos, al que se le olvidaban los tickets de la comida, el del piano, el que cuando le dije "¿me puedes dar un abrazo?" me lo dio, el que me ha cuidado todas las (numerosas) veces que me he puesto mala, el que se llevó el pánico escénico y empezó a hacer que todos los jueves fueran "Jueves", el del número trece.
Desde el 17 de diciembre de 2011: el de los ojos verdes, el Sol de su Luna, el de la Rosaleda, el de los besos que vacían calles, el de Puebla de Sanabria, el de las cartas debajo del árbol de Navidad, el de las cartas sorpresa en San Valentín, el de las sorpresas que celebran seis meses de amor y un año de amistad, el de los toques de buenas noches, el de los "te quiero, te amo, te adoro" que se responden diciendo "mucho, mucho, muchísimo", el del "cocholatito", el de los abrazos dolorosos en los reencuentros, el de las cuentas atrás.
Y siempre: mi mejor amigo, el de las cosquillas.


Te quiero.