jueves, 30 de agosto de 2012

Me adoras.

De repente, lo piensas. Me adora. Tu cabeza lo grita. Me adora, me adora. Te dices que lo sabías, claro que lo sabías, cómo no ibas a saberlo. Pero suena tan fuerte, me adora, tan conciso, me adora, tan perfecto, me adora, tan feliz, ME ADORA. Y te lo repites (me adora, me adora, me adora), mil veces, sin sentirte egocéntrica, sin  sentirte mal por ello, porque lo sabes, porque es así, y porque te hace feliz. Me adora, me adora, me adora. Y le adoras, y tanto que le adoras, mucho, mucho, muchísimo. Demasiado no, porque nunca es demasiado. 
Te adoro, me adoras. 
Y así las comisuras de mis labios bordan una sonrisa que quiere coserse con la tuya. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

A slice of seventeen.

Me acuerdo de los nervios, de las ganas, de las prisas. Me acuerdo de haber cogido el tren a Sol, y el Metro hasta Retiro, de correr por los pasillos de las estaciones con el corazón acelerado, y de subir las escaleras sin apenas poder respirar. Cuando llegué arriba, miré alrededor, porque no sabía por dónde podías venir, y miraba el reloj, cogiendo aire poco a poco, recuperando el pulso.
Y entonces apareciste, doblando la esquina, acelerándome la respiración, el pulso, las piernas y la mente, mientras el resto del mundo se ralentizaba. Eché a correr y echaste a correr, como en una carrera eterna, hasta encontrarnos abrazados, en silencio, respirando muy fuerte y muy rápido para recuperar el aliento frente a la Puerta de Alcalá. "Hola, hola" dijiste, mientras yo te abrazaba, te sentía, te respiraba.
Paseamos, cogidos de la mano como si no pasara nada. "¿Y si te cojo y te tiro a la fuente?" bromeaste, y te pedí que no lo hicieras, que había espinas alrededor y me daban miedo. Te reíste, y al lado de una fuente, nos paramos, abrazados, mirándonos a los ojos. 
Y tengo los siguientes minutos grabados a fuego en mi cabeza, en mi corazón, mis labios y mi piel. Te acercaste, despacio, cerraste los ojos y cerré los míos. Sentí tus labios en mi boca, y toda yo paralizada. "Te quiero, te quiero, te quiero" pensé. Me besaste, despacio; nos besamos, despacio, con dulzura. Abrimos los ojos, sonreímos, nos abrazamos muy fuerte, nos reímos de pura felicidad. Volvimos a mirarnos, a sonreír, a besarnos, a abrazarnos. Y con un primer beso, escribimos el principio de la felicidad hecha cuento, y un cuento hecho realidad.
Te quiero.

lunes, 27 de agosto de 2012

Some days, some nights.

Hay días, y días. Hay días que sonríen y otros que quieren hacer llorar, aunque no existan motivos. Se los inventan, sólo porque llevas mucho tiempo sin tenerlos. Y, de repente y sin razón, los ojos se empapan, y una lágrima resignada te cruza la mejilla, pidiéndole a las demás que no la sigan, que no vale la pena. Hay días de llamadas de teléfono que invitan a la tranquilidad y los cielos estrellados. Y hay días que se vengan por haber querido llorar sin motivo, y entonces te dan uno. Pero sacas fuerzas incluso del aire para no hacerlo, aunque sientas que los oídos te van a estallar y tus ojos sean bombas de relojería llenas de agua.

Y luego, hay noches que arreglan todos esos días. Hay noches de verbos en plural y en futuro, hay noches de tranquilidad con nombre y apellidos, hay noches de ojos verdes que abrazan a distancia con sólo cerrar los ojos. Hay amor, y noches que le ponen alas a esos días que se han estrellado contra el suelo.


"Hay noches estrelladas y días que se estrellan contra el suelo" - Rosana, Si pongo corazón.

sábado, 25 de agosto de 2012

Summer starlight.

Noche de verano, noche estrellada. Noche de mirar al cielo y sorprenderse, noche de compararlo con una alfombra negra manchada de purpurina plateada. En la vida había visto tantas estrellas brillando, parpadeando a la vez. Y de repente, un soplo de aire fresco me hace buscar algo que me pueda arropar, y me lleva a un sueño soñado despierta.
De repente, ese soplo de aire me lleva a ti, abrazándome y mirando ese cielo manchado de purpurina conmigo. Me abrazas, muy, muy fuerte, y muy, muy dulce; igual que el algodón de azúcar. "Te quiero", dices; y "te quiero" contesto. Y nos besamos, bajo un cielo manchado de purpurina que parece sonreír y sonríe al beso. "Te quiero" dicen tus ojos; y "te quiero" contestan mis labios. Te quiero, repito.

martes, 21 de agosto de 2012

Dream, dream, dream.

Soñar. Todos soñamos, todos queremos soñar. Soñar cosas bonitas, soñar futuros, soñar cuentos. Y cuando nos despertamos, seguimos soñando despiertos, imaginamos. Imaginamos abrazos, imaginamos sonrisas, imaginamos sueños. Soñamos ilusiones, nos imaginamos ilusiones. Y soñamos e imaginamos a esa persona especial que nos ilusione, que nos llene la vida de la magia de la ilusión. Y tú. . . no es que sólo me ilusiones, no es que sólo me hagas soñar. Es que me haces soñar, y luego, cuando me despierto, los sueños siguen siendo reales, siguen estando vivos.
Vivos como un beso. 

lunes, 20 de agosto de 2012

Hay días que ríen.

Hay de todo: días buenos, malos, tristes, que lloran, que llueven, soleados, que brillan, y días que sonríen y hacen sonreír. Así, sin motivo alguno, porque sí. Hay días en los que no ocurre nada pero puedes ver todo lo que pasa los demás días, de lo increíblemente perfecto que es todo, en cualquier sentido. Y qué sensación más increíblemente perfecta. Hay días en los que ni el calor puede evaporar la alegría, ni el cansancio dormir la felicidad. Hay días que no pueden sino mejorar, y además lo hacen. No a lo grande, sino por pequeñeces que se antojan grandiosas y geniales. Hay días en los que sabes que eres feliz, y por ello lo eres aún más, y te niegas a abandonar esa felicidad. Nunca, nunca, nunca. Hay días que se cierran con un "dos puntos, cierro paréntesis :)".

sábado, 18 de agosto de 2012

Verano.

Una vez más, verano; como cada agosto, verano; como cada año, verano. Tarde de verano, tarde de asfixiante verano. Tarde en la que los rayos del sol son casi puñales ardientes.
Tarde de pensar en el verano, de saber que es verano, de saber qué es verano. De saber qué era y de saber qué es ahora.
Verano.
Podía significar un cambio, grande y vertiginoso, como una montaña rusa que aterroriza y luego calma para aterrorizar después. Para dañar con tanto terror. 
Podía significar esperar, estado de espera, "stand by", descanso, paciencia, temor, celos a las olas del mar pero también felicidad porque, después de todo, la vida está en pause y el corazón pidió vacaciones porque decía que no aguantaba más mentiras.
Significó de nuevo un cambio, grande y vertiginoso, como una montaña rusa que aterrorizaba, más si cabe, para luego calmar, y volver a aterrorizar. Y dañar, con suavidad, de esa manera que el invierno, con caricias de pétalos de rosa sabe curar con infinito cuidado.
Significa. Significa cambiar a pasos agigantados y crecer, cambiar lo que ha sido toda una vida y dirigirla a lo que será. No significa esperar, no hay "stand by", el corazón no necesita vacaciones. El corazón necesita vivir, latir con fuerza, soñar, saber, buscar, sentir, querer, amar. De hecho, el corazón está viviendo, latiendo, soñando, sabiendo, buscando, sintiendo y, sobre todo, queriendo y amando.
No es una noche de verano, pero sabes que llegará, esa mágica noche del mes menos mágico. Esa mágica noche en la que las plumas vuelan y sienten, y sienten la tinta que corre por el papel. De momento es tarde de verano, de agosto, asfixiante, porque el sol cuyos rayos hieren no son los del Sol que lejos de herir cura y quiere. 
Digamos que ese sol no es mi Sol.

Eight seventeens.

Ojos verdes, ojos azules. 
Una canción, o varias, que arranquen sonrisas de labios que se regalan caricias como besos. Un cielo de estrellas que cose tus brazos a los míos, que se regalan amor como abrazos. Un mantel que encuentra nuestras manos entrelazadas, que se regalan rosas como caricias.
Y así, le arrancamos viento y besos al tiempo, cosemos días y felicidad, y encontramos vida, sonrisas, abrazos, caricias y rosas. 
Te quiero, ojos verdes. Te quiero.

lunes, 6 de agosto de 2012

Hablándole a la Luna un rato.

¿Cuánto hace ya? ¿Tres años, cuatro? Desde la última vez que me asomé a una ventana abierta a las noches de verano madrileñas, pidiéndole a la Luna que le mandara un "te quiero" mío.
Cómo cambia todo. De hecho, casi parece que no es la misma Luna. Desde luego los "te quiero" no lo son, y yo misma creo que tampoco. Ni él.
La Luna y yo nos permitimos esta noche el lujo de echar la vista atrás y comparar. Ni si quiera sé si a aquello que pudiese llegar a sentir hace tres, cuatro años, se le puede llamar amor, ni si puedo decir que le quería. Imagino que quería aquello que me había imaginado de él, quería a una persona dulce, que me cuidaba y me quería. O, simplemente, quería a una persona que estuviera a años luz de esa realidad desconocida. Nunca lloré por él, ni por su estupidez, ni por la mía; simplemente dolió, pero en realidad, un par de corcheas, una clave de Sol y una sonrisa ligeramente arrogante adornada con ojos verdes se llevó el dolor sin esfuerzo.
Y más tarde, a otro par de ojos verdes distintos, dulces, llenos de cariño y amor, repletos de cuidados, de besos, de mimos y ternura, se llevaron todo, todo lo anterior: lo malo y lo bueno, para traer algo mejor.
Hace tres, cuatro años, cuando creía querer, y ahora, que sé que quiero, me asomo a ventanas abiertas a noches de verano en Madrid para hablarle a la Luna. Le digo que cuánto tiempo, y me responde contándome lo bien que se me da aferrarme a personas que están lejos. Le reprocho: no me aferro, las quiero; y no están lejos, no ahora, sino conmigo, en todo momento, a mi lado. Sonríe y le pido lo de siempre: que ella, que es la misma siempre y en todos los lugares, le mande un "te quiero" de mi parte a esa persona que esté, teóricamente, lejos. 
Aunque en realidad yo sepa lo cerca que está.

Useless promises.

-¿Puedes prometerme una cosa?
-Claro, ¿cual?
-Prométeme... un pato con cabeza de cocodrilo.

Y me lo prometiste, aunque no vaya a servir para nada nunca, porque será de esas promesas de las que nunca haga falta echar mano. Nuestro particular "pato con cabeza de cocodrilo", tu "prométeme que no me vas a olvidar" de hace un año, nuestras promesas en silencio de besos, nuestras manos debajo de un mantel.
Te quiero, te quiero, te quiero. Y gracias, gracias, gracias. 
Por prometérmelo, por quererme, por ti, por cada beso, caricia o abrazo, por todo tu amor, por cada manera de demostrarlo, por cada "siempre", por cada diecisiete, cada reencuentro y cada despedida. Por cada canción, sitio o frase que hayamos hecho nuestro.
Te quiero, te quiero, te quiero. Y gracias, gracias, gracias.