miércoles, 20 de marzo de 2013

Felicidad.

Érase una vez, el mismo día que la primavera dio sus primeras puntadas azules al cielo, nació una pajarita que daba saltitos por el césped, mirando curiosa el extraño techo celeste que tenía encima. Además, un día, le pareció ver un par de pájaros surcándolo, juntos. Ella probó a mover sus alas del mismo modo que lo hacían los otros, pero sólo consiguió volver a caer al césped con las suaves plumitas de la cabeza todas despeinadas.
Cierta noche, desvelada, salió a trompicones del nido para volver a ver aquel techo, pero el techo ya no era el mismo. Estaba oscuro y lleno de puntos que destellaban.  La pequeña extendió sus alitas hacia el cielo, intentando atrapar las estrellas, pero no llegaba. "Algún día yo también batiré mis alas como aquellos pájaros grandes y alcanzaré esos puntitos brillantes de ahí arriba".
Día a día, la pequeña pajarita jugueteaba con las briznas de césped e intentaba batir las alas, cayendo una y otra vez, levantándose una y otra vez, sin dejar de admirar el bonito techo azul que tenía encima. La pajarita sentía la inexplicable necesidad de llegar al cielo, de surcarlo, de llegar muy alto; y sabía que, inexplicablemente, cuando lo consiguiera sería muy, muy feliz. Muchísimo.
Una mañana de abril, la pajarita salió, como siempre, con ganas de saltar entre el césped tratando de llegar al techo azul. Pero el techo azul era gris, casi negro, y el césped un pantano. Llovía. No pudo salir, y tuvo que contentarse con quedarse en el nido mirando como el techo gris se derretía y empapaba el jardín mientras no paraba de pensar que al día siguiente podría salir de nuevo. Pero al día siguiente no salió. Ni al siguiente, ni durante toda la semana. La pobre pajarita se quedaba triste en su nido, preocupada por aquel techo tan azul, que se había podrido y ahora se caía encima suya.
Cuando pasó la semana, dejó de llover y el césped del jardín se secó. La pajarita salió, temerosa, dando saltitos precavidos para no escurrirse, creyendo que en cualquier momento el techo se le vendría encima. Pero no. El techo ya no era gris, volvía a ser azul, aunque estaba manchado por algunos trazos de algodón blanco. Avanzó más, más segura de sí misma y de todo alrededor. Volvió a extender sus alitas, volvió a tratar de saltar, intentó atrapar los trazos del algodón. 
Tras levantarse de una de sus múltiples caídas, se dio cuenta de que un pajarito la estaba mirando. Ella le miró, y él abrió las alas y dio una vuelta a su alrededor, en el aire. Volvió a mirarla y la invitó a intentarla. La pajarita lo hizo y se cayó de nuevo. Él le alborotó las plumas de la cabeza y ella se enfurruñó, pero sonrió enseguida. Poco a poco, día tras día, con la ayuda de aquel pajarito que había aparecido por casualidad, cada día fue capaz de aguantar un poco más en el aire. Y le encantaba. Aún no había rozado apenas aquel techo azul y ya se sentía feliz...
Una tarde, el pajarito tuvo que irse. Se despidieron, muy tristes, y extendió las alas. Ella le vio alejarse de sí misma, acercándose a su techo celeste y saltó alto y fuerte. Abrió las alas piando muy fuerte. Llegó a donde el pajarito estaba y le dio un picotazo suave en la cabeza, revolviéndole las plumitas y, sonriendo con timidez, le enseñó lo que él ya veía: volaba, estaba volando, volaba con él
Juntos siguieron batiendo las alas, jugando, piando, riendo. 
Y entonces ella se dio cuenta. No era un "techo azul", era el cielo. No era "saltar en el aire", era volar. Y ahora que lo sentía podía ponerle nombre a lo que antes sólo conocía de vista, a lo que, en realidad, nunca hasta ese momento había sabido qué era. Miró al pajarito, que la miraba y se dio cuenta de que no sólo la miraba, la quería. Y todo aquello le hacía feliz. Muy feliz.
Mucho. Mucho. Muchísimo.


domingo, 17 de marzo de 2013

Fiveteen.

Ya no sé qué decirte o cómo decírtelo, pero es que las palabras no bastan para abrazar toda la felicidad que me regalan tus ojos, tu voz, tu piel, tú. Tú y lo que tú eres, lo que tú sientes, lo que tú me das. Tú. Hoy quince veces tú. Siempre tú. 

Te quiero. Te amo. Te adoro.
Mucho. Mucho. Muchísimo.

lunes, 11 de marzo de 2013

Eh, eh, eh. Frena. Respira. Sonríe.

Tú, sí, tú. El que siempre mantiene la calma, el que me calma. El que me tranquiliza, mi tranquilidad. Ese que me dice "no pienso dejar que esto te hunda", esa frase que le faltó al Titanic para no zozobrar. Tú, sí, tú. Déjame calmarte igual que tú me calmas a mí, déjame ser tu tranquilidad. Déjame sacarte una sonrisa, déjame conseguir que te rías de esa forma que me vuelve loca. Déjame no dejar que te hundas.

viernes, 8 de marzo de 2013

Bits of happiness.


La felicidad... Ese "algo" que todos queremos y no sabemos qué es, ni dónde está. Eso que pretendemos encontrar un día, tendido en la cama, como si fuera un vestido recién planchado cuando en realidad sólo son retazos. Y a partir de esos jirones se cose la felicidad... Y tú, besas y perfeccionas y das brillo a cada jirón,  a cada retazo de mi felicidad. Y los coses y me vistes con ella. Al final, tengo el vestido más bonito, hecho con un poco de todo, pintada de tus besos, bordada con tus dedos. Te quiero, Felicidad, te quiero.