miércoles, 24 de abril de 2013

Stand by me.

El tiempo pasa, el viento corre, las nubes vienen y se van. El sol se esconde y brilla la luna; la luna se esconde y nos ciega el sol. Pero tú ni pasas, ni corres, ni te vas, ni te escondes. Tú vienes y permaneces, siempre, como un lunar impreso en la piel, como los besos que ya me has tatuado en los labios. 
Tu permaneces, permanente, como la felicidad que me embarga cada día. Esa felicidad que lleva y me trae, que se extiende por mi cuerpo como una ola. La felicidad de perderme y saber que estás tú a mi lado, de saber que puedo abandonarme en tus labios, tus brazos y tus manos.
La felicidad, precisamente, de saber que siempre permaneces.

sábado, 13 de abril de 2013

Here comes my sun.

Ya no hay nubes, y por la ventana veo el azul de cielo acariciando el verde de las hojas de los árboles, exactamente de la misma forma que el azul de mis ojos quiere acariciar el verde de los tuyos. Y perderse, y perderme, y encontrarnos los dos en un beso.
Ya no hay nubes y ya no llueven ni el cielo ni mis ojos, porque como ya no hay nubes, el Sol brilla más que nunca. Tú brillas más que nunca: cada día más, y lo sabes. Sabes que, conociéndote a ti, no puedo volver a enamorarme de nadie que nos seas tú, otra vez. Cada instante.
El Sol espanta las nubes, y yo intento espantar la nostalgia. No dudo que lo conseguiré, aunque sí cuánto pueda tardar. Eres lo más bonito del mundo, la única margarita que dijo "sí", eres una primavera que no acaba. Eres un beso de buenas noches y un beso de buenos días.
Eres mis noches y mis días.