martes, 22 de octubre de 2013

Ahora, que (casi) te tengo en frente.

Te miro, a ti, tu pelo, tus labios, tu camiseta de rayas. Esa camiseta de rayas que no se me olvida, que hizo de guía para que no me torciera al escribir en el aire las palabras que más me han costado nunca. Te miro, miro tu tinta negra, que habla de puntos de apoyo, que dice que me quiere desde la cara de atrás de un billete de metro de París. Te miro en una entrada de cine, en billetes de tren, en postales.
Te miro y casi te veo a mi lado, pisando la tabla del parquet que cruje. Te miro y te veo riéndote. Te miro y veo tu risa, veo como te brillan los ojos. Te miro y quiero volar, que vuele el mundo a nuestro alrededor. Que vuele mi boca a la tuya, tus manos a mis manos. Te miro y te veo; nos veo, volando.

domingo, 13 de octubre de 2013

El breve instante en que todo desaparece, menos tú.

No voy a decir que sea fácil, porque tú, el resto del mundo y yo sabemos que no. Que es de todo menos fácil, que a veces se hace tan cuesta arriba que dan ganas de tirar la toalla y rodar hacia abajo, olvidando que en la cima de todo estás tú. Las esperas son difíciles y largas, pero tú me has enseñado que valen la pena.
Lo que más echo de menos es, a veces, mirarte a los ojos, con mis manos rozando tus mejillas. Acariciarte despacito, besarte la frente, y después los labios. Abrazarte. Es justo ahí, en ese momento, en ese lugar que es nuestro abrazo, cuando el resto del mundo desaparece y nos deja a solas. Sin milímetros que nos separen, con caricias que se dan solas, y todos los besos que nos tenemos guardados...
A veces pienso en ello y me devora la impaciencia, las ganas de ti. Las ganas de un abrazo en silencio que dure minutos eternos.