martes, 30 de diciembre de 2014

Creencias de fin de año.

Mañana, por fin, llega el 31 de diciembre, con sus doce uvas (¿cómo dices? ¿trece? ¿quién en su sano juicio tomaría trece uvas en lugar de doce?) y sus propósitos de año nuevo y vida nueva, como si el uno de enero no fuera sólo el día que sigue al 31 de diciembre.

En realidad creo que cada día viene encadenado detrás del anterior, y no hay más. Además, creo que los propósitos de año nuevo nunca se cumplen, por eso yo nunca me proponía nada, sólo hacía balance de los últimos 365 días. Pero este año, con un número feo, decidí ponerme metas y, por qué no, cumplirlas. Y al número feo le acompañaron días muy, muy feos.

También creo que la única diferencia entre el 2014 y el 2015 será que, en los primeras semanas, cuando escriba la fecha habrá un tachón sobre el 4 y un 5 encima. No habrá borrón y cuenta nueva, lo que sienta mañana no voy a dejar de sentirlo pasado, las partidas perdidas no van a reiniciarse. Pero no puedo negar que la mancha de tinta que diga que el año feo ha terminado me dará una pizca de satisfacción. En el fondo, incluso creo en esas cosas.

Pero aún más, creo que cualquier fecha puede ser un punto de partida. El 23 de abril decidí buscarle cinco cosas bonitas a cada día, y no he fallado ninguno. Hasta los trece (¡trece, como las uvas!) de julio más horribles tienen sus cinco cosas bonitas, sus cinco faros de luz. No necesité esperar al principio de un año nuevo para buscarle un lado bueno a la vida.

En definitiva, en lo que creo por encima de todo, es que cualquier día es un buen día para decidirse a ser feliz, a sonreír por la calle, a cantar más fuerte de lo normal, a que te brillen los ojos. A luchar por ti, para así ganar las fuerzas necesarias para luchar por todo lo demás. Quien quiera esperar al día uno para empezar, adelante, pero yo le sacaré días de ventaja.


Microcuento: Tu andén.

El suelo está lleno de lava y alfileres. O recuerdos, pero a fin de cuentas es lo mismo. Según me voy acercando, por los pasillos me asaltan fantasmas, despedidas y reencuentros (siempre en ese orden). Me da pánico pensar en sentarme en aquellos bancos, que guardaron los primeros besos y alguna lágrima fugaz cuando te ibas. Afortunadamente, el tren y yo entramos a la vez en el andén y puedo huir deprisa, como la gran valiente que soy.


jueves, 25 de diciembre de 2014

El mejor regalo.

Nunca una canción fue más cierta, tampoco nunca te necesité más. Feliz Navidad, mi vida. Te he visto esta mañana al despertarme, a mi lado, con un buenos días, princesa y un beso en los labios. Ah, y amor, había muchísimo amor, pero no pesaba como me pesa a mí ahora sobre los hombros el amor que te guardo para cuando sea que quieras venir a recogerlo.


Y es que no sé para qué quiero yo tantos besos y tantos abrazos si no estás para recibirlos... No sé para qué llega la Navidad si no te tengo. Tú, el mejor regalo que podía haberme dado la vida; tú, tan lejos y tan dentro de mí que ni puedo ni quiero sacarte. Tú, tan siempre, tan dulce, tan bueno, tan ojos verdes, tan piano

Tú eras tan "es increíble como juntos podemos con todo a pesar de la distancia". Yo era tan "¿qué distancia?" después de darte un beso.

Ahora yo soy demasiado sacadme de Madrid que me asfixia, me quema, me mata. Arrancadme de aquí, cualquier lugar a tu lado me basta.

No encuentro mi dulce Navidad y no sé qué hacer sin ella. Sabes de sobra que todo lo que quiero es a ti.


'Cause I just want you here tonight,
holding on to me so tight...
What more can I do?
Baby, all I want for Christmas is you!

All I want for Christmas is you

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad catorce.

En las calles estalla la Navidad en forma de petardos y me asusta. En las casas, la Navidad se prende como abrazos y cariño. En mi cabeza, la Navidad suena como una canción que repite que lo único que quiero es a ti. A ti, y a ti. Otra vez a ti. Y tu ausencia estalla en mi pecho como los petardos en la acera, y se prende en mi corazón como el fuego más terrible. 

Tengo demasiado amor dentro y no estás para recogerlo.

Me acuesto y abrazo el recuerdo de tu sombra en mi almohada. Perdóname, pero soy incapaz de dejar de llamarte amor. Y al soñar, te me escapas, planean buitres sobre el desierto que queda cuando te vas.

Es Navidad, me faltas... Y yo así no quiero nada.


lunes, 22 de diciembre de 2014

Guilty.

No hay culpables, dicen. Esas cosas pasan, añaden. El amor no dura para siempre, mienten.

Madrid y yo, yo y Madrid. Cuánto desencanto, cada día me gusta menos y cada día me sobra más. No sé quién de los dos es más culpable, no tengo muy claro a cuál de los dos odio más. Pero sólo puedo huir de uno, y daría lo que fuera por hacerlo.

Necesito creer que hay algo o alguien que se merece sufrir, que se merece este vacío, que se olvidó de mirar por dónde caminaba y tropezó. Y volvió a tropezar. Al final sus propias piernas se cansaron de sostenerlo, cayó y se rompió.

Porque la otra opción es que el amor se desvaneciera, poco a poco, como el vaho en el espejo del baño, donde yo escribía nuestros nombres. Y al amor no le pasan esas cosas. Eso no sería amor.

Puede que por las noches el remordimiento me queme el corazón, pero mi amor no se evapora.


domingo, 21 de diciembre de 2014

Microcuento, parte II: ¿Cobarde yo?

Se miró en su espejo de papel, más fiable que cualquier otro, y se leyó en la frente la palabra cobarde. No, yo no; soy cualquier cosa menos una cobarde, se dijo. Miró al cielo y vio el Sol, sus rayos le arrancaban a tiras la piel con la indiferencia del amor que ya no está. Miró al cielo y también estaba la Luna, triste. 

No miró más. Sin pensar en el ardor de las heridas, sin pensar en las rocas ni el agua ni el dolor, sin pensar en el paracaídas que no tenía... Saltó.




Microcuento: Al vacío.

No hay puentes de regreso allá a dónde quería volver, un rayo los ha partido. Mira el precipicio y sólo se ve una caída infinita, únicamente se oye el estruendo del oleaje estrellándose contra rocas afiladas. Así suena la desesperación. Puede darse media vuelta o saltar, nadar, escalar y posiblemente morir. Antes de que le dé tiempo a pensar, ya siente el silbido del viento en sus oídos mientras cae.

Luego se despierta. Encima de su cama baila un cuadro con su nombre: Cobarde.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Personas.

Me gusta la gente que siente, la gente a la que le gusta la música y le gustan los libros. Me gusta la gente a la que le gusta el teatro, la que tiene algo que decir, la que piensa antes de hablar y la que habla desde el corazón. 

Me gusta la gente a la que le gusta la poesía, la que sigue el ritmo de las canciones con el pie en el tren, la que no duda antes de soltar una carcajada que le nace del centro de la tripa.

Me gusta la gente con pasiones, la gente a la que se le encienden las mejillas y la gente que sonríe hasta que le duelen los mofletes. Me gusta la gente que al reír cierra los ojos y aún así se ve que brillan, me gusta la gente que puede no tener muy claro a dónde ir pero sí cómo caminar.

Me gusta la gente que quiere de verdad, la que sabe que cuánto más da más recibe y aún así se ofrece sin esperar nada a cambio, la gente que busca el lado bueno de las cosas aun cuando todo parece un infierno.

Me gusta la gente que lucha y que cree en el amor, la gente que abraza con el corazón y la gente dispuesta a escalar paredes lisas y verticales. Me gusta la gente que pinta de colores los cielos grises en Madrid, la gente transparente como el Palacio de Cristal.

Me gusta la gente que se moja cuando llueve con el paraguas cerrado en la mano, la gente con más miedo a no intentarlo que a equivocarse, la gente que quiere viajar porque, ¿para qué está el mundo si no es para recorrerlo entero?

Me gusta la gente que hace mejores los lunes que los domingos, la gente que improvisa. Me gusta la gente que hace que la vida valga la pena.


jueves, 18 de diciembre de 2014

Dejarse llevar.

Mira, ahí va una pelusa, sin saber a dónde, arrastrada por la brisa casi inexistente. Vuela y se choca. Y como una veleta vuelve a volar cuando el viento sopla en otra dirección.

Subo unas escaleras mecánicas que no llegan al cielo ni hacen que el trayecto me parezca corto. Me impaciento y subo andando; una pareja se besa.

Qué recuerdos, ¿no? 

Una canción decía que dejarse llevar suena demasiado bien, y siempre me pareció que quedaba bonito. Salvo cuando el mundo gira bruscamente, te tropiezas, no guardas el equilibrio y acabas en el suelo. O salvo cuando sientes que cada día eres menos dueña de ti.

Eres una pelusa volando en medio de un huracán de emociones. Y, a pesar del dolor, parece que al corazón le divierte verte así. Como si no se rompiera en mil pedazos en cada carcajada cruel. Como si fuera algo ajeno a ti. Como si luego no llorara pidiéndote consuelo.

Como si él mismo no bailara de un lado a otro según la música que suene.

La pelusa se eleva en el aire en dirección al cielo. Revolotea a veces, se deja acariciar por la euforia del beso de aquella pareja en las escaleras mecánicas. Por la euforia del corazón. La euforia del amor. 

Y se estrella contra el techo, unos metros más arriba.
Diecisiete, dicen unos. Trece, dicen otros.
El cristal acaba hecho pedazos en cualquiera de los casos.


domingo, 14 de diciembre de 2014

Huida.

Los aterrizajes con turbulencias en el corazón nos prometieron una vuelta al cielo aunque acabáramos tocando tierra. Me tomé tan en serio tu no me olvides que aún sigo abrazada a tu sombra en la almohada al dormir. 

Se me está olvidando tu voz y la cara que ponías al reírte. Se me está olvidando tu piano y tus dedos sobre las teclas de mi piel.

Pocas cosas me parten más en dos que las despedidas en una estación de tren. En pocos sitios nos veo más claros. Mi mano en el bolsillo busca una flor roja de papel que me consuele y no está. Y el tren arranca y se va.

Se me está olvidando el olor de tus besos, el roce de tus brazos a mi alrededor y las carcajadas de mi alma al hacerme cosquillas.

Palabras en catalán hablan del algodón de azúcar y se me saltan las lágrimas, dulces y un poco dolorosas. En pocos sitios he visto tanta fuerza como en esos abrazos. Por pocas razones he querido ser fuerte tanto como por ti.

Se me está olvidando el color de aquellas rosas, porqué valían la pena las espinas y el brillo de las palabras de cristal.

Tengo en el corazón una quemazón que me pide salir de aquí. Irme lejos de esta selva asfaltada, respirar un aire que no sea gris. Un verde que no agonice. Cualquier lugar fuera de Madrid. Un cielo que por la noche deje ver las estrellas. Y, si se puede, también necesito que me cuentes sus nombres.

Se me está olvidando olvidar.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Vendaval.

Otro sábado después de un concierto de Navidad. No cuadran los números, pero en realidad sabes que me da igual trece que diecisiete. Significaban lo mismo.

Diciembre ventoso.

Ahora las hojas secas vuelan y se te ponen todas en el camino, para que las pises con una sonrisa y su crujido emborrone el silencio y acompañe las risas. Te veo muy bien, más feliz que hace un año. Sinceramente, dudo que se pueda valorar mi felicidad enfundada en una camisa blanca y falda negra, con una carpeta de partituras en la mano izquierda. Pero quién sabe.

Ahora el viento cambia de dirección y las hojas secas se te meten en los ojos, y no ves. Trocitos rotos de otoño te arañan las pupilas mientras una voz en tu cabeza dice que tienes unos ojos demasiado bonitos para llorar, pero yo no puedo evitarlo. No sé qué esperabas, este invierno que empezó en julio hace tanto frío que no importa cuánto me abrigue, sigo congelada. 

"No llores", dice el cielo, y empieza a llover.


jueves, 11 de diciembre de 2014

La canción que hice mía.

Supongo que si cantas una canción con tanto corazón que la acabas haciendo tuya, es tuya para siempre. No importa nada de lo que ocurra, no importa el tiempo que pase. No importa si el giro de tu historia transforma sus primeros acordes en balas, no importa si te asusta y la abandonas.

Si un día decides volver, ella te estará esperando, en silencio, pero ansiosa por cantarse. Ansiosa porque la cantes. Empieza lenta, sabiendo que estás nerviosa, con miedo a una avalancha en forma de melodía y palabras demasiado acertadas.

Se desliza despacio y con cuidado por toda tu piel, por tu cabeza, por tu estómago. Tú le tienes miedo y ella tiene miedo de asustarte. Poco a poco, casi temblando, te llega al corazón. Te dice que te echaba de menos, y en ese instante eres consciente de lo mucho que la echabas de menos.

La canción termina, y tú haces que vuelva a empezar.

 Esta melodía lleva recuerdos incrustados hasta en los silencios, y la letra incluso en los puntos suspensivos. Sí, los recuerdos son crueles pero la canción no, y continúa con precaución para no hacerte daño.

No te guarda ningún rencor por tanto tiempo de abandono. ¿Cómo iba a hacerlo, si la cantaste con el corazón y no con la voz? ¿Cómo iba a hacerlo, si la hiciste tuya? No puede, ni quiere, hacerte daño. Es la canción triste, de letra triste, melodía triste e historia triste que te arrancó a cantar y te arrancó sonrisas. Casi te arrancó las lágrimas, de pura felicidad.


Y entonces, ocurre: despiertan mis labios,
pronuncian tu nombre tartamudeando,
supongo que piensas “qué chica más tonta”
y me quiero morir.
pero el tiempo se para, y te acercas diciendo
“yo no te conozco y ya te echaba de menos,
cada mañana rechazo el directo y elijo este tren”.

Jueves - La Oreja de Van Gogh


miércoles, 10 de diciembre de 2014

La orilla de tu sonrisa.

Caminas por la playa, y la arena arde. Duele pisarla, está demasiado caliente, y aceleras el paso, impaciente porque acabe.

Cuando llegas a la orilla frenas en seco, como si después de la arena encendida, el agua fresca que a duras penas se cuela entre tus dedos fuera todo lo que habías estado esperando durante mucho tiempo. 

Casi sin pensarlo, avanzas otro paso, y gotitas heladas te salpican los tobillos. Ya casi no recuerdas lo abrasador de la arena y sin embargo esas punzadas frescas en la piel siguen siendo tremendamente agradables.

El fondo sobre el que pisas es inestable y te hace resbalar; a veces te mantienes en pie mojándote más, otras lo consigues volviendo a pisar la arena que arde. Pero al fin y al cabo, estás de pie, ¿no?

Y así sigues, paseando en zig-zag por la orilla, a medio camino entre el fuego de la arena y el mar, tropezando y resbalando. Clavándote conchas rotas, haciéndote heridas que con la sal escuecen mucho más. Sonriendo y riendo cada vez que un trozo de piel que se conservaba seco se estremece al roce con el agua fría.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Siempre la Luna.

Qué grande está la Luna esta noche.

Es tan grande que mi imaginación la convierte en caja, y empiezo a llenarla de cosas. La lleno de brillo, de carcajadas y de las palabras que nos faltaron. Y como está tan grande la Luna esta noche, mi imaginación crece un poquito más.

Transforma el brillo en farolas y estrellas, iluminando un poco hasta los recuerdos que de dolorosos son un poco oscuros. Transforma las carcajadas en melodías, y las palabras en letras de canciones, versos y en poemas en prosa.

La Luna está llena, grande y brillante. Eso me saca una sonrisa, primero, y muchos recuerdos después. Yo, hablándole a la Luna un rato una noche de verano; yo, pidiéndole que te de un beso de buenas noches; yo y la Luna, la Luna y yo.

Yo, como un pedazo de Luna a oscuras buscando la luz del Sol.


sábado, 6 de diciembre de 2014

Desenamorándome.

De tu bullicio, tus luces, tu ruido, su gente, tus calles, tu cielo gris, tus torres, tu asfalto. No podía imaginar vivir lejos de ti, y ahora... cada día voy sintiendo pellizcos de aborrecimiento, y lo único que quiero es irme muy lejos, y sobre todo ahora en invierno. Ahora que es cuando más me gustabas.

Culpable o no de todo o de nada, me importa más bien poco, la verdad. Hay días que eres una auténtica patada en el corazón, y qué quieres que te diga, me dueles. Me duelen todas las briznas de hierba del Retiro. Todas las rosas, que ahora son espinas. Todo el cristal. Me duelen las prisas y a veces incluso hasta me duelen los trenes...

Al final me dueles tanto que no puedo quererte, y ojalá pudiera huir de ti. De todas las cosas que siempre he adorado. Cada día te quiero menos, cada día me sobras más. Me agobias, me asfixias, me ahogas. 

Me tenías totalmente a tus pies y ya no. Igual es porque todas tus partes bonitas se las regalé y sin él las has perdido. Igual es que en el fondo no eres nada si no puedo compartirte.


"Pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid,
pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid".

Yo me bajo en Atocha.


"Los pájaros visitan al psiquiatra, 
las estrellas se olvidan de salir, 
la muerte viaja en ambulancias blancas, 
pongamos que hablo de Madrid". 

Pongamos que hablo de Madrid.

martes, 2 de diciembre de 2014

Microcuento: azul esperanza.

Érase una vez un príncipe azul que desteñía y una princesa daltónica. En cada beso, cada caricia, ella se volvía de colores. Ambos acabaron manchados y marcados, su piel se transformó en lienzo y juntos hicieron del mundo un sitio menos gris.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Qué pánico, llega diciembre.

Aprovecho los últimos minutos de noviembre -mes que detesto- antes de que se abra paso, otra vez, mi adorado diciembre. Pero de repente todo está al revés.

Noviembre me hace sentir segura, hay dolor pero es un dolor bonito. Es una ausencia en forma de música y recuerdos ahumados, de sillones verdes vacíos. La ausencia del destinatario de cada canción que canto. Claro que es triste, sí, pero no me desgarra el alma, no sé si me explico.

Sin embargo, diciembre siempre ha estado lleno de luces, de Navidad, de amor y de ti. Al menos desde que diciembre empezó a merecer la pena. Y sin embargo ahora sólo de pensarlo me da pánico, como si supiera que va a arrancarme la piel a jirones y lo único que pudiera curarme las heridas fuera la sal de mis lágrimas o el vinagre de tu ausencia. ¿Ves? Esta ausencia sí que duele, sí que desgarra el alma. Escuece en los ojos y el corazón. 

Me faltas cada maldito día, pero aquí voy, intentando sobrevivir. Y, eh, lo consigo. Pero sigo acumulando los besos que te debo, y empiezan a pesarme. Sigo comprobando si ese de ahí es un Mini Cooper o un Mini One.

Pero al mundo y al tiempo eso les da un poco igual... siguen avanzando y a veces me pasan por encima.

Ya está aquí diciembre, pero tú no vienes con él. Y cómo duele.


sábado, 29 de noviembre de 2014

Stand by (me).

Siento una presión muy fuerte en el pecho. Como claustrofobia y necesidad de encerrarme a la vez. Como la necesidad de un abrazo muy fuerte y de estar completamente sola al mismo tiempo. Como si sólo el silencio pudiera consolarme pero mi corazón exigiese unas palabras amigas. Como unas ganas de llorar tremendas, como si fuera a otro ritmo que el resto del mundo. A veces demasiado rápido, otras demasiado lento.

No sé ni por qué ni qué hacer.

No puede sonar la música. Una canción sobre la felicidad sonaría demasiado absurda, y una canción con palabras demasiado acertadas podría desencadenar una tormenta. Igual sólo quiero un silencio aplastante, y me molesta el susurro del aire cuando alguien respira, o el ruido de los coches en la calle. O los pasos de la gente a mi alrededor. O el murmullo del mundo funcionando.

Últimamente pasa mucho. Me quedo en stand by mientras todo sigue en marcha, y cuando de pronto siento la necesidad de alcanzar todas las cosas que se me han adelantado, corro hasta quedarme sin fuerzas y no basta. Hoy no tengo ganas de correr, hoy prefiero quedarme sentada y que sea el mundo el que venga, pero sin acercarse demasiado. Que se quede a una distancia prudente y espere a que a mí me apetezca continuar viviendo. Me apetece ser egoísta. Me apetece un abrazo que me deje sin respiración.

Me apeteces. De sobra sabes que me apeteces. 

Pero tal vez sólo se deba a mi extraña sensación de que podrías curarme todo lo malo.


jueves, 27 de noviembre de 2014

Mis campanas.

Cada 27 de noviembre, las campanas repican vibrantes, y en cada volteo te llaman. Vuelve, anda.

Hoy ha sido un día de reencuentros, de celebrar, de volver a casa. Hoy queremos sobre el son de las torres cantar. Hoy me han dicho "me alegro de verte por aquí", y no he podido evitar responder "y a mí me encanta estar aquí". Hoy nos permitimos cantar espejos de virtudes y amores y ansias hechos muy desafinados, y el grado de desafinación es proporcional a la emoción que le estamos poniendo.

Hoy, 27 de noviembre, desde el coro, me ha invadido la certeza de que es mi día y siempre lo será, pase el tiempo que pase.


martes, 25 de noviembre de 2014

Si pudiera soñar siempre.

A veces, ya lo sabes, no sé si queriéndolo o sin querer, vuelves sin volver. Te cuelas allí donde nada ni nadie puede salvarme de ti, y vuelvo a soñar contigo.

Escribo rápido porque el cielo está a punto de llorar, y no permite que mis ojos lluevan al mismo tiempo.

Algunas noches, vienes y me despeinas un poco. Me rozas el corazón, lo cambias todo de sitio. Abres cajas cerradas y escondidas en un armario, revuelves los rincones de mi vida y los desordenas. Llegas, me cortas la respiración, y te vas. Digo "y te vas" como si ahí acabara todo, como si luego yo no volviera a recordarlo más, como si pudiera volver a la normalidad con la misma velocidad que abro los ojos al despertarme.

Pero es que esta noche has venido, me has transformado en un jarrón de cristal y me has roto en pedazos. Me has prometido que ibas a venir a verme. Has sacudido mi corazón, has roto todos los esquemas con los que cuidadosamente estaba viviendo. Me has congelado la sangre, el aire que tenía en los pulmones ha dado marcha atrás. Voy a ir a verte. Y entonces me he despertado, y parecía que la vida se había vuelto de blanco y negro.

Al abrir los ojos me he tenido que convencer a mí misma de que sólo soñaba, y los cristales del jarrón se me han clavado uno a uno y muy despacio. Lo único que podía pedir era volver a dormirme, dormir siempre y seguir soñando. 

Soñar es la única forma de que me parezca bonito el mundo real.

domingo, 23 de noviembre de 2014

EEADMV, DV.

Primero me llamaste valiente, luego me pediste que no cambiara. Y después te fuiste y me volví una cobarde que teme incluso al paso del tiempo.

Me da pánico que llegue diciembre y no le acompañes. Me da miedo enfrentarme sola a tus rosas. Me da miedo llorar y que me vean. Tengo tan frías las mejillas que las lágrimas corren y ni las siento.

Lo último que me apetece es ser una cobarde, pero tampoco considero el olvido una opción de valientes. El valor está en escalar una montaña y no bordearla, el valor está en luchar y no abandonar, el valor está en dejar de secarte las lágrimas por tercera vez aún a riesgo de que alguien te vea.

Me da pavor quedarme sola y pensar, porque los errores y la culpabilidad me golpean de uno en uno y se me clavan como alfileres en el alma. Y los alfileres también me dan miedo, ya lo sabes. Supongo que las cosas son así, te das verdadera cuenta de las cosas en las que has fallado cuando no hay vuelta atrás. Cuando ya te he perdido.

Cada día me despierto y pido que el mundo me dé una oportunidad. O que al menos me la des tú. Que las cosas que antes me arrancaban sonrisas dejen de asustarme. Me siento como si naufragara en medio del océano, y todo a lo que intentase aferrarme se hundiera bajo mi peso. Me siento un cúmulo de equivocaciones con un castigo que me parece injusto. Demasiado dolor. Tanto, que no lo cura ni la música. Las canciones alegres me parecen absurdas y las tristes me desgarran más. 

Sabes cuánto me gustaba Madrid, y ahora sólo sé pedir "dame para olvidar un sitio menos gris".

Sin ti no quiero ni París. Y contigo... todo, como siempre. EEADMV, DV. Ya lo sabes. 


Estupendo y maravilloso sarcasmo.

Estupendas y maravillosas mañanas de domingo gris, estupendas y maravillosas puñaladas. Estupendo y maravilloso no-olvido, estupenda y maravillosa falta de voluntad.

Estupendas y maravillosas noches de película con los brazos vacíos, estupenda y maravillosa soledad en el sofá bajo la manta. Estupendo y maravilloso Sol que no brilla, estupendo y maravilloso tú que no estás.

Estupenda y maravillosa ancla que se aferró a mí cuando tu maravilloso y estupendo barco decidió zarpar. Estupenda y maravillosa yo esperando un estupendo y maravilloso momento que no va a llegar.

Estupendos y maravillosos ojos empapados, estupenda y maravillosa tabla del suelo que cruje, estupenda y maravillosa la sombra de tu risa y las cascadas en mi cara.

Estupenda y maravillosa yo, estupendo y maravilloso temblor de manos. Estupendo y maravilloso momento en que empezó nuestro maravilloso y estupendo final.


jueves, 20 de noviembre de 2014

Pianíssimo.

Piano suave, lento y dulce. Canción piano, mi canción al piano. Piano tus dedos en tu piel, mis dedos en el piano de tu cuerpo. Piano que atrapa mientras tú me atrapas piano. Recuerdos que llegan piano y golpean fortíssimo

Pero suena una melodía a piano tan piano que... casi parece un piano viejo, desafinado e inglés. Y precioso. Sólo es una vieja canción de amor, que sonó tanto tiempo que al callarse fue como si me cortasen el aire. A veces, el piano vuelve...

Vuelves, hecho piano en mis manos, y en tu piel me convierto en pianista. Toco tu canción y mi canción, piano, pero cuando me despierto me arrancan las teclas de las manos y se llevan un trozo de mí con ellas. De tu piano salieron piano las mariposas que invadieron mi estómago, y tocaron el piano de mi alma.

Pero yo ya no puedo quitarme tu melodía a piano sonando piano en mi cabeza.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Espejo de papel.

Creo que ninguna sensación iguala a la de coger papel y boli y que la mano me empiece a bailar encima del papel. No se sabe los pasos, no sabe qué viene a continuación, pero baila y escribe, escribe bailando. De pronto, un lienzo en blanco se viste de coreografía. Apenas pienso, punto y seguido, coma, punto y aparte, pero algo dentro de mí sabe muy bien lo que está dictando.

El papel me mira y yo lo releo. El papel se convierte en un espejo. A veces es un espejo afilado y los cristales rotos me desgarran la piel, otras el espejo brilla y con la luz del Sol forma un arco iris. A veces me veo más guapa, más ágil y más fuerte, y otras sólo soy muchos intentos de levantarme del suelo. Pero siempre soy yo, mirándome desde mis propios trazos.

Porque, a fin de cuentas, la que baila cuando escribo no es mi mano, es mi alma.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Fuerte como el algodón de azúcar.

Pocos gestos saben contar tan bien lo que canta el alma como un abrazo, de esos que son tan fuertes que mi corazón al latir siente como late el corazón de quien me abraza. Qué dulce, qué suave, qué eterno.

En medio de un abrazo así, el tiempo y los relojes y el mundo se paran. En un latido tenemos demasiado que contarnos, demasiado de todo guardado. Hay lágrimas y sonrisas, hay te he echado de menos, hay azul y verde. Y hay un doloroso aprende a conjugar los verbos en pasado

Pocos gestos saben contar tan bien lo que canta el alma como un abrazo de esos que se sienten aún después de tanto tiempo. Pocas cosas duelen tanto como recordarlo y necesitarlo sólo porque se me está empezando a ir el sabor dulce y suave pero no tan eterno de la boca.

Qué increíbles aquellos abrazos, dulces y fuertes como el algodón de azúcar.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Puzzle.

Poco a poco algunas piezas estaban volviendo a encajar. No se habían movido, pero mis cóncavos y convexos ya no eran los mismos y había que recolocarlo todo. 

Despacio, el pequeño puzzle estaba cobrando sentido de nuevo. Cada contorno reconocía su complementario y se acercaban hasta tocarse, y cuando se tocaban se abrazaban. Por fin. Las piezas que se ensamblaban conmigo, a su vez se ajustaban con otras, y éstas con mi puzzle otra vez.

Y ahora de repente, algunas cosas se tambalean a mi alrededor. Alguien ha sacudido la mesa y me cuesta mantenerlo todo unido. Igual es sólo para terminar de posicionarse, de encontrar su lugar exacto, pero cómo duele notar que parece que no quieren tocarse, mucho menos abrazarse. Hasta cuando pretendes ayudarlas es como si se alejasen un poco más.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Vivir a lápiz y pasarnos a boli.

Hoy estoy mirando mucho hacia atrás. Escucho canciones viejas, veo fotos viejas, leo textos viejos, incluso me permito sentir emociones viejas y caducadas. Poco a poco, día a día, año a año en mi pequeña retrospección, acabo llegando al día en que, en el cole, nos dejaron empezar a escribir a boli.

Guardar el lápiz en el estuche significaba que alguien tenía la suficiente fe en ti como para pensar que, de ahí en adelante, no necesitarías usar la goma de borrar. Qué mayores éramos, que escribíamos a boli.

En una estantería, tengo una libreta que me regalaron hace dos años; es preciosa, me encanta, y está sin estrenar. Quiero llenarla de cosas bonitas, de poemas. Y sin embargo, un día me sorprendí pensando "podría escribirlos primero a lápiz, por si me salen mal". Aquí, estoy, casi con veinte años, pretendiendo volver a escribir primero a lápiz, con más miedo a cometer errores que cuando tenía ocho. 

Ojalá pudiéramos vivir a lápiz y luego pasarnos a limpio. Pero no, no se puede. Vivimos a boli y no hay marcha atrás. No creo que haya expresión más desacertada que la de "hacer borrón y cuenta nueva". En el mundo real no puedes tachar las equivocaciones, ni siquiera puedes escribir encima para que no se vean. Están ahí, y no van a irse.

La única opción es seguir escribiendo. Releer, descubrir, aprender... Todo ello mientras continuamos escribiendo, porque la vida no va a frenar para asegurarse de que has entendido la lección. Recuerda que la m tiene dos montañitas y la n sólo una, que tienes que hacer las tildes lo suficientemente grandes para que se vean, que después de un punto va mayúscula.

Los errores no se borran, ni se tachan, ni se deberían olvidar. Porque nunca vas a dejar de escribir, y si los olvidas lo más probable es que vuelvas a equivocarte.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Espinas heladas.

Cuánto sueño últimamente. Cuántas veces vuelvo a verte. Cuando duermo, apagas las luces y enciendes mi alma, en los abrazos vuelve a sobrar todo y la piel se recorre sola. No hay espacio entre tú y yo para nada que no quepa en un suspiro. El mundo se detiene y las calles se vacían, como cada vez que me besabas.

Al despertar, todo se esfuma. El mundo vuelve a girar un poco perdido, y las calles están atestadas de gente. Se acerca la Navidad, y Madrid en invierno quiere hacer las paces conmigo. Pero tengo muchas ganas de llorar, y no me convence.

También me planteo ser valiente y tragarme las espinas... pero me da miedo, me acobardo. Salgo corriendo. Y en cada pisada se me clavan más.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Subida y bajada y viceversa.

Muchas veces antes de hoy he dicho que la vida es como una montaña rusa, pero creo que nunca antes de hoy había dado tantas vueltas en tan poco tiempo.

Subida, bajada. Bajada, subida. Vuelta.

Y es que un día, en sueños, me pateas el alma. He olvidado tu voz, pero soñando me hablas y me destrozas. ¿Puede haber alguien que te quiera? Pero incluso para romperme en mil pedazos vienes dispuesto a enamorarme, de traje negro y camisa gris. Cómo sabes cuánto me gusta.

Bajada, subida. Subida, bajada. Vuelta.

Todas las lágrimas que dentro y fuera de los sueños me arrancas, de repente se convierten en carcajadas, y un día triste tiene más de cinco cosas bonitas que recordar. Y más tarde vuelvo a soñar.

Alguna parte de mi mente aún recuerda tu manera de quererme, tu manera de abrazar, tu manera de besar. Y en sueños, vuelves. Me quieres, me abrazas, me besas. Alguien me recuerda que mis "creo" significan que estoy totalmente segura, y creo que todavía te quiero. También creo que a ratos. También creo que si pudiera elegir, te elegiría mil veces.

Y, entonces, llega un dulce stand by.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Sin tus baquetas no hay canción.

Hace once años, una niña cualquiera se convirtió en la niña más pequeña del mundo, y el mundo se convirtió en el desierto más grande.

Hace once años, en mi cabeza las palabras nunca y siempre luchaban por cobrar sentido. Nunca volverías a ocupar ese sillón, nunca volvería a quejarme por no poder sentarme yo en él. Y siempre preferiría seguir quejándome, siempre querría que tú lo ocuparas.

Hace once años, la melodía que llevaba sonando toda mi vida sin que apenas me diera cuenta perdió el ritmo. Intentaba respirar, pero no le llegaba el aire, las baquetas se estrellaron contra el suelo y la batería enmudeció. Todo se quedó muy callado.

Desde hace once años, intento atesorar cada pequeño recuerdo que me queda de ti. El roce de tu susurro con el aire cuando me corregías las sumas y restas de los cuadernillos de verano. Tú enseñándome lo que era desafinar. Y, sinceramente, y aunque me duela... poco más.

Sin embargo, eres el que preside una foto en sepia junto a una batería. Eres el que recortaba kilómetros con cartas diarias de Madrid a Burgos, y me las imagino cargadas de amor. Sobre todo, eres música. El último destinatario de cada una de las canciones que canto, el pentagrama de las notas de mi voz.

Poco a poco he ido rompiendo el silencio que dejó tu batería al morir. Cuando canto, no necesito más ritmo que el que me suena en mi corazón de tu parte. Con tus baquetas nunca faltará música, por muchos seises de noviembre que pasen.