lunes, 31 de marzo de 2014

Dancing through the fire.

Tal vez, para cuando te das cuenta ya te has abrasado, pero no importa. Al menos lo sabes, un huracán se ha llevado la venda que tenías en los ojos y has visto que estabas bailando en mitad del fuego. Y asusta, tanto rojo, tan caliente, tan dañino. Casi hasta malvado.

Te miras la piel y está llena de marcas, y de golpe, vuelve a arder. Quema tanto que es imposible cerrar los ojos, imposible volver a cerrarlos después, imposible hacer como que no ha dolido.

Pero puede que sea preferible una última marca de fuego a seguir bailando en medio de todo ese continuo ardor.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Run away.

No llores; no hables, no escuches, no mires, no pienses. Sólo respira. Inspira, espira, despacio. Sientes cada latido del corazón como un puñetazo dentro del pecho, como si quisiera romper todas las paredes y salir corriendo.

Correr. Suena demasiado bien, demasiado imposible. Correrías lejos y, sobre todo, rápido. Lo suficiente para que el viento se lleve las lágrimas y nadie las vea. Espera un momento. Concéntrate, porque los ojos te brillan, y nadie puede enterarse de que te sientes rota por dentro.

Nadie puede enterarse de que te sientes como si lo dieses todo por algo que no te da nada a cambio. Sólo hay vacío, y puñetazos en el corazón.

martes, 25 de marzo de 2014

La nostalgia de las canciones bonitas.

Qué mezcla de emoción, alegría, tristeza... Nostalgia, sobre todo nostalgia. 

Las paredes se empapan de la música que canta un CD que da vueltas sin parar, porque no quieres que pare nunca. Y en el CD cantan esas voces, cantan esas canciones...

A compases se me para el corazón, y saltan un poco las lágrimas. De emoción, alegría, tristeza, nostalgia. Tal vez sólo porque es lo que más echo de menos en el mundo.

Jueves, dos de la tarde. Y absolutamente todo lo malo era incapaz de atravesar la puerta, incapaz de gritar por encima de la mezcla de piano, voces y risas. 

Carpeta en la mano izquierda, blanco y negro. Y el oboe de Gabriel canta.

Emoción, alegría, tristeza, nostalgia.

viernes, 21 de marzo de 2014

Trozos de cristal.

Nunca, jamás, olvides quién eres, con quién estás, con quién puedes contar. Nunca, jamás, olvides qué lugar ocupas en este mundo tan grande, porque si te descuidas un momento, puedes crecerte y estrellarte.

La realidad no se anda con rodeos, no tiene cuidado ni acaricia. La realidad abofetea, pincha, se clava. A veces es sólo un alfiler, que se clava en la piel, como inofensivo, pero llega más allá de lo que esperamos, y perfora las entrañas. Y esto puede ser sólo un aviso. Otras veces la realidad es una lluvia de cristales, otras veces es el suelo tras una caída de cien metros. 

De una manera o de otra, la realidad llega y se hace oír, se hace ver. No se va, no se deja ignorar, no se deja olvidar.



jueves, 20 de marzo de 2014

Palabras que bailan en medio de una melodía.

Érase una vez, una chica que adoraba cantar. 

Pocas cosas le gustaban más que notar como brotaban las notas de su boca, como las palabras significaban mucho más porque bailaban en medio de una melodía.

Y la chica cantaba. A solas, cuando no la escuchaban.

Cada vez que tenía que cantar en público, temblaba. Le temblaba la voz, las manos, las piernas. Temblaban las palabras y las notas, temblaba la melodía.

Un día, apareció un piano.

Y el piano cantaba cuando los ojos verdes le acariciaban. Del piano brotaban notas, y las palabras querían ser cantadas, querían bailar en medio de la melodía.

Y las palabras brotaron.

Sin saber cómo, sólo temblando un poco de emoción. Bailaron palabras tristes en medio de una melodía triste, pero que a la chica le supo a un pequeño triunfo. Y todo gracias a unos ojos verdes, que acariciaron un piano, que pasaba por allí.


lunes, 17 de marzo de 2014

Estenosis.

Vivir es caminar por innumerables calles y caminos, y hay días que esas calles se estrechan y parece que te oprimen los costados, que casi se van a obstruir. Puedes caminar de lado, sin ver qué pisas, sin ver a dónde vas, y ese trozo de vida se hace largo y duro.
Y, pese a toda esa estrechez, parece que lo único que podría aliviarla sería otra persona, ahí, enfrente. Que te abrace tan, tan fuerte que toda la presión que sientes en el pecho, casi sin dejarte respirar, se libere. Alguien que desprenda la fuerza capaz de separar esas paredes con las manos enlazadas en tus manos. 
Alguien que te abra el mundo al cielo azul, alguien que a besos devuelva el aire, y que sólo con los ojos dilate toda esa asfixia.

domingo, 2 de marzo de 2014

Explosión.

A veces, el temblor de un sólo ladrillo puede hacer que se desmorone todo el castillo.

Suele pasar, que para verlo todo más claro, basta con apagar la luz. La oscuridad, un abrazo del edredón y una caricia de la almohada. Las palabras vienen todas juntas, de golpe y en tropel a mi cabeza, y quieren salir. Y dejo el edredón y una almohada para liberar esas palabras en el papel, para que no se pierdan. No vaya a ser que la noche me cambie, y las cambie. No vaya a ser que mañana me despierte y no me acuerde de que esta noche sólo quiero dejarlo todo.
Sé que lanzar estas palabras ahora es como lanzar un avión de papel pidiendo socorro en mitad de una tormenta. Se irán directas al vacío, y cuando caigan en los ojos de alguien, qué más dará, si la noche me habrá cambiado, y las palabras ya no tendrán sentido.
¿Que sepa que mañana cuando despierte lo veré todo distinto le quita peso a estas palabras? Porque, de verdad, yo las siento mucho y muy fuerte.
Qué manía tiene la gente con obligar a los demás a sonreír. "No tengas esa cara tan triste, que ya casi es viernes", dice un desconocido. Y le sonríes, y el primer impulso que viene, nada más darle la espalda, es llorar. Sólo porque te ha pedido una sonrisa. Y es que nada consigue desmoronar con tanta facilidad ese armatoste que habías montado.
Y es que nada da más ganas de llorar, que forzar una sonrisa.