jueves, 31 de julio de 2014

"Have I gone mad?"

Podrán romperme el corazón mil veces, pero no podrán desenamorarme del amor. Y podrán, y de hecho pueden, decirme que frene, porque tienen mil razones. Todas son ciertas.

Me voy a estrellar. Pero también puede ocurrir que, en lugar de estrellarme encuentre una estrella y todo vuelva a brillar.

O, puestos a soñar, podrías volver y arreglar este desastre en que me he convertido.

Me piden que sea lógica y sensata, y son dos palabras que quedan muy mal al hablar del corazón. Me hablan de amor y sensatez en la misma frase y pretenden que les tome en serio...

-Estás loca.
-Y menos mal.


miércoles, 30 de julio de 2014

Never crazy enough; never in love too much.

Me dijeron que me diera tiempo, y no sé si el tiempo ha volado o está parado.

A veces parece que esta mañana has estado aquí diciéndome adiós, y entonces me sube por la garganta la desesperación de un último beso, de cristales rotos y rosas muertas. Y la desesperación se me muda a los ojos empapados.

No voy a mentir, hace días que no lloro más que una lágrima que se me escapa. Hace días que he aprendido a no llorar. Hace días que pienso en ti y sólo siento una presión enorme en el pecho, un vacío en el alma y una nada bajo mis pies. 

Pero no lloro, ni siquiera cuando piso la tabla del suelo que cruje y tu fantasma se ríe a mi lado. Cuando eso ocurre, me hundo un poco más en tu ausencia. Pero soy una campeona, no lloro.

Aunque te echo mucho de menos, y cada día más. Porque cada vez que una lágrima se fuga y corre libre por mis mejillas, cada vez que siento que no siento nada más que alfileres dentro de mí, o cada vez que consigo reírme mucho y me salen dos comisuras y media... Cada vez que ocurre algo de eso quiero contártelo, para que me salves o para que te rías conmigo.

Y no estás.

Y las dos comisuras y media desaparecen, y mil lágrimas amenazan con fugarse y los alfileres dentro de mí se clavan aún más.

martes, 29 de julio de 2014

Enamórate.

Si quieres reír, volar y brillar;
si no te importa llorar, sufrir, caer...
Si lo darías todo sin preguntar por qué,
si sabes que hay más que ganar que perder...

Si sabes que la sensatez no encaja con el amor, si estás completamente loco...
Entonces, enamórate.

Enamórate hasta que te quedes sin aire y sólo respires besos.
Enamórate hasta que te tiemble todo el cuerpo, hasta que te tiemble el alma.
Enamórate hasta que nunca nada sea suficiente.
Enamórate hasta volverte de cristal.
Enamórate hasta que ningún lugar esté lejos, hasta que toda una vida no sea mucho tiempo.
Enamórate hasta que sepas que el corazón se te puede romper en mil pedazos pero merezca la pena.
Enamórate hasta luchar en batallas perdidas, hasta darlo todo.

Enamórate hasta más allá de la locura; porque ni aún así vas a estar lo suficientemente loco, ni demasiado enamorado.

domingo, 27 de julio de 2014

Amor de Oro.

Vivir es caminar, luchar, construir. Nadie dijo que fuera a ser fácil, pero tampoco nos han dado un manual de instrucciones, una guía o un mapa que seguir.

Lo que sí nos han dado son personas: que han estado siempre, que llegan de repente, que vienen y se van. Es gente que pasa por nuestra vida y deja una huella en nuestro camino, que supone una victoria en nuestra lucha y que levanta una columna para reforzar aquello que estamos construyendo.

El paso de los años, el sufrimiento y la alegría van moldeando lo que somos y lo que seremos. En ocasiones, un vendaval derriba toda una pared de golpe, y el trabajo que habíamos dedicado para edificarla se viene abajo. Otras veces, de repente, todo se vuelve más fácil, avanzamos más rápido, y parece que es el camino el que se mueve bajo nuestros pies sin apenas esfuerzo. Y casi siempre todo ello depende de un golpe de suerte o infortunio.

El golpe de suerte más grande que existe es el amor, de los demás y hacia los demás. De nada valdría recorrer el camino más bonito, vencer en la batalla más ardua o construir la vida más impresionante si no tenemos con quien compartirlo. La gente que nos rodea, nuestros amigos, nuestros padres y nuestra familia, asientan los cimientos sobre los cuales erigimos un presente y un futuro, y es el amor el que nos da motivos para querer recorrer ese camino de una manera especial, siendo mejores personas.

Una de las cosas más maravillosas que nos puede ocurrir es encontrar a alguien con quien valga la pena, no sólo compartir nuestros logros, sino caminar, luchar y construir juntos. Sin embargo, el amor no es fácil, y no puede serlo, porque nadie es perfecto. Querer a alguien sin defectos sería demasiado sencillo, pero la magia de todo esto aparece cuando queremos las luces y aceptamos las sombras de otra persona.

El amor nunca va a hacer una montaña menos escarpada o un océano más pequeño; el amor nos da razones para escalar esa montaña y cruzar a nado ese océano, nos da paciencia para soportar los caminos que recorremos solos, porque sabemos quién nos espera al final.

El amor es entender que la soledad es sólo física, que a pesar de todo, pase lo que pase, siempre tenemos a alguien a nuestro lado, una mano a la que aferrarnos cuando la batalla parezca perdida o cuando las columnas de nuestra vida se tambaleen. Y si perdemos la batalla, y si las columnas se derrumban, el amor nos da la fuerza que hace falta para continuar caminando, luchando y construyendo.

Compartir la vida con aquellos a quien se quiere nos impulsa a ser la mejor versión de nosotros mismos, a darnos por completo. Entonces la felicidad ya no sólo depende de nuestros propios pasos o de nuestras propias victorias, porque somos capaces de ver en la alegría de los demás nuestra propia alegría.

Hoy celebramos justo eso: el amor, como un tesoro dorado con los años, la felicidad ajena hecha nuestra, y mirar hacia atrás para ver un camino recorrido que ha sido largo, difícil y, sobre todo, compartido.
26.07.14

Sólo me queda decir dos cosas: felicidades y gracias, sobre todo gracias.
17.08.64 - 17.08.14

sábado, 26 de julio de 2014

Yo, que nunca quise echar nada de menos.

He estado escribiendo sobre el amor, y qué cosa tan bonita. Releyéndome, no sé si describo lo que creo que es el amor, o lo que me gustaría que fuera.

Y lo intento pero no puedo. Lleva todo el día acechándome esta punzada de dolor y de repente se me hunde en el pecho.

Todas las noches duermo sin dormir, y sueño mucho, sin querer despertarme nunca.

Te echo de menos. Echo de menos tus veranos y tus estrellas, echo de menos los billetes de tren y mis hormigueos en la tripa. Echo de menos tus manos y mis manos. Echo de menos hundir mi nariz en tu cuello aunque no haga frío.

Echo de menos los nombres de las constelaciones que nunca me aprendí, tus buenos días, buenas tardes y buenas noches. Echo de menos tu cielo y tu aire, tu verde, el de tus ojos y el que te rodea.

Qué no daría yo por ser una de esas estrellas, por ser un trocito de tu cielo o un soplo de tu aire. Qué no daría por ser un poquito de  tu verde.


sábado, 19 de julio de 2014

Sueños.

Hay mañanas que se despiertan nubladas y sonrientes. 

La chica que soñaba ha vuelto a soñar, y era un sueño tan bonito, que da miedo contarlo por si acaso no se cumple. Era un sueño sobre cuentos de hadas, finales felices y mucho amor.

Porque no hay nada más grande que el amor, ni nada más poderoso que un sueño rescatado de lo más profundo del subconsciente. Ahí, donde se guardan los verdaderos deseos, donde el alma guarda los tesoros más dulces y los miedos más fuertes. Y todo sale a la luz al cerrar los ojos; si no puede ser a media luz, es totalmente a oscuras.

Pero en el fondo todo esto se llama ilusión, y las ilusiones están hechas de cristal... qué miedo da que todo se rompa más.



jueves, 17 de julio de 2014

Diecisiete pedazos.

Basta una palabra para que lo poquito que había conseguido mantener de mí en pie se desmorone. Un número. 

Me rompo en diecisiete pedazos, por trece razones. Por las promesas que no vamos a cumplir, por los besos que te tenía guardados, por las palabras que no nos hemos dicho, por el tiempo que nos hemos robado, por los lugares que planeamos visitar, porque ya no estás a mi lado, por mi intranquilidad, porque el Sol se me apaga y abrasa, por los milímetros de tu piel que me quedan por tocar, porque me he perdido en tus ojos y ya no he conseguido encontrarme más, por las tres comisuras de una sonrisa que no aparece, por un billete del Metro de París que dice que me quiere.
Pero sobre todo, porque un papel con tu voz me dice que "no tengas miedo, nunca, te prometí una vez que tú y yo solucionábamos cualquier problema".

Y es la primera promesa que rompes.

lunes, 14 de julio de 2014

"No".

Es la palabra que más se repite en mi cabeza. "No puede ser", "no quiero", "no me hagas esto". No, no, no. No, por favor, no.

Pero no. Me siento rota por dentro, hecha jirones, hecha pedazos, hecha retazos de nada. No hay nada que no sea un recuerdo. No hay nada que no me diga que has pasado por aquí, que te has reído, que me has mirado, abrazado o besado. No hay nada que no me rompa más.

Hay puntos finales que son como una estaca. Y de repente miro alrededor y estoy muy sola, no estás para salvarme. He conseguido aprender a no rendirme, pero hoy no me sirve de nada, porque no me dejas luchar por lo que más quiero.

Y me quedo aquí, con mis jirones, mi corazón que late mucho y muy fuerte, con mis ojos salados, mis mejillas mojadas, mi constante "no" en la cabeza y la boca.


jueves, 10 de julio de 2014

Desastre de "vamos hacia adelante".

A mi alrededor, desastre. Desastre a veces dulce, a veces con encanto, y otras veces desastre desastroso, desastre desmoronado. Desastre de "nada marcha bien", desastre de caídas.

Pero de repente, me doy cuenta de que si hay desastre de caídas es porque al menos estoy intentando dar pasos hacia adelante. Y tropiezo con una piedra, siempre con la misma. 

Mirando más de cerca todo cobra sentido: esa piedra es mía, yo la puse ahí. Yo, que con el primer tropezón me convencí a mí misma de que no podía con ello, de que era más probable que fallara a que lo lograra. Y en ese punto estoy, cayendo porque he llegado a creerme que es más fácil fracasar que triunfar, atrapada en mi propia trampa. 

Al menos ahora me he dado cuenta y sé que en ningún sitio está escrito que tenga que ser todo un desastre. No tiene que serlo y no lo será. Será un desastre desordenado, dulce y con encanto, pero no un desastre de caídas, tropezones y decepciones conmigo misma.

Tocar fondo no es tan malo si lo usas para coger impulso. Además, entre tanta caída hay algún logro, y no puedo dejar que eso se me olvide.

miércoles, 2 de julio de 2014

Páginas hacia atrás.

Hoy, pasando hacia atrás las páginas de una agenda, he contado diez semanas escritas a tres colores. En cada día de cada una de ellas pasaron cinco cosas bonitas. 

Releyendo algunas de esas cosas bonitas, he podido recordar días concretos, y puedo asegurar que no tuvieron nada de bonitos. Pero ahí están, plasmadas en un papel, cinco cosas que le dieron valor a esas veinticuatro horas tan tristes.

Y ahora mismo, admiro a aquella yo, capaz de sacarle ese brillo a los días más opacos, porque me miro y no veo nada que valga la pena escribir en ninguna lista de cosas bonitas.

Me faltan unos abrazos. Los necesito, porque los quiero. Y tanto tiempo y tanta nada me abruman, me hacen temblar. Se me llenan los ojos de nubes, y amenaza tormenta.