viernes, 29 de agosto de 2014

A veces, sorpresas.

Cuántas veces me río y canto y se me rompe la voz, y los ojos me brillan un poco empapados. Cuántas veces al doblar la esquina se me llena el alma de tristeza. Cuántas veces aún me tiemblan las manos cada vez que intento recordar cómo se sentía tu piel. Cuántas veces todavía zozobro un poquito.

Sin embargo también hay veces que, al notar que me hundo y que el agua no me deja respirar, me doy cuenta del poco sentido que tiene todo. Me doy cuenta de que si primero lucho por mí, luego podré luchar por lo que me dé la gana. Pero si lo hago al revés no habrá fuerzas que puedan sostenerme y me caeré, zozobraré y me hundiré.

Y un día... sorpresa. Un sobre y un remite de color rosa. Una chispa y un incendio. Felicidad. Habla de los te quiero que se dicen con demasiada facilidad y me dice que me quiere mucho y de verdad. Habla de la amistad como si fuera un chicle que, a veces, la gente tira cuando se cansa. Me dice, por favor, que nunca me canse de ella y que nunca tire ese chicle, porque nunca perderá sabor. Me dice que soy fuerte; que no lo parece pero que cuando llegan los tsunamis me transformo en un muro y nada puede romperlo.

Me dice muchas cosas y los ojos me brillan empapados.

Por favor, que nunca se pierda la costumbre de dar sorpresas, y que nunca se pierda la costumbre de enviar cartas, porque pocas cosas hay más bonitas que carta por sorpresa que te arranca lágrimas de felicidad.

sábado, 23 de agosto de 2014

Lo que cabe en una caja.

Nunca imaginarías todo lo que cabe en una caja. Caben sueños, aterrizajes en avión, "prométeme que nunca me vas a olvidar", quizás, conciertos, sorpresas, flores, mariposas, canciones, barcos insumergibles, viajes en tren, reencuentros, tinta negra, ojos verdes, planes, fuerza... Lágrimas; ni te imaginas la de lágrimas que caben, como si tu letra plasmada en un papel fuese un detonador y mis ojos fuesen dos bombas.

Tampoco imaginarías todo lo que no cabe en esa caja, todo lo que no he podido meter por no poder arrancarlo de su sitio. No cabe el amor, no caben las caricias ni los besos. No cabe todo lo que te echo de menos. Tampoco cabe el corazón ni caben todos los recuerdos que desordenan mi cabeza. No cabe el futuro.

Y, aunque sienta como si se me rompiera el alma en pedazos una vez más, elijo la caja más bonita para guardar los recuerdos más bonitos que tengo. 

A veces duermo y me despierto llorando. Cuando se tienen pesadillas sueles agradecer despertarte, pero yo he pensando "¿qué más me da, si la realidad no difiere demasiado de este sueño?". Y se me vuelven a cerrar los ojos, vuelvo a soñar y vuelvo a despertarme con lágrimas. Esta vez pienso "soñando así prefiero no despertarme jamás".


-Que nunca jamás en la vida se te olvide que eres lo más bonito que tengo. Aunque te canses y te vayas, también.

-¡No seas idiota! ¿Pero y esa tontería? Con lo que te quiero, princesa, cómo iba yo a irme.

Tú y yo. En algún momento. En algún lugar entre Zamora y Madrid.

viernes, 22 de agosto de 2014

La diferencia entre "nosotros" y "tú y yo".

Nuestras vidas, nuestras risas, nuestras bromas, nuestros juegos, nuestros besos, nuestros planes, nuestros buenos días, nuestras buenas noches, nuestras siglas, nuestro siempre, nuestros trenes, nuestros sueños, nuestras promesas, nuestras despedidas, nuestros reencuentros, nuestra media luz, nuestras manos, nuestra historia, nuestra tranquilidad, nuestro trece, nuestros diecisietes...

Tu vida y mi vida.


No hay nadie que pueda entender esto. Nadie entiende que te echo de menos tanto que pienso en ti y me tiemblan las manos de ganas de acariciarte, como si ellas tuvieran su propio corazón roto por tu piel. Nadie puede entenderlo porque nadie más lo siente, nadie te quiere como te quiero yo; no pueden, porque es imposible. Te quiero hasta que me falta el aire y ya no puedo respirar. 

Te quiero hasta esperar que aparezcas al doblar la esquina. Te quiero hasta que se me rompe el corazón cuando veo que no es verdad.

jueves, 21 de agosto de 2014

Botes salvavidas.

Escribo desde el fondo del mar, donde la almohada apenas acaba de secarse ya está empapada otra vez, donde los ojos escuecen porque están llenos de sal. Escribo desde el fondo del mar, donde la luz del sol llega apagada y difusa, donde casi no se puede respirar.

Pero hay veces que los rayos del sol brillan más y me alcanzan un poco. A veces me llega una bocanada de oxígeno. A veces alguien me dice que sonría, y yo respondo que sonrío casi siempre. Una sonrisa no es sinónimo de felicidad, y lo sabes; sonríe, pero de verdad

A veces alguien me dice que "para cualquier cosa, cuenta con tu familia veterinaria". Y me brillan un poco los ojos, tal vez sólo porque llevaba mucho tiempo sin poder respirar en medio de tanto mar.

A veces digo People say I'm crazy, but I think I'm just a little crazy. Y me responden: You are just in love. Same disease.

A veces el fondo del mar me da un respiro. A veces te echo en falta un poco menos que el resto del tiempo, aunque sea un poco muy pequeño.

martes, 19 de agosto de 2014

Yo sin ti no quiero.

No hay nubes en el cielo pero llueve nostalgia. Qué manera de echar de menos tan fuerte, tan insana, tan punzante, tan dolorosa.

Mis ojos a los tuyos, mi boca a la tuya, mi nariz a tu cuello. Mi piel a tu piel, mis manos a tu cuerpo, mi cuerpo a tus manos. Mis dedos a tu pelo, mi pelo a tus caricias, mi tripa a tus cosquillas, mis sueños a la almohada que encontraron en tu tripa. Mis piernas a tu enredadera, mi cóncavo a tu convexo y al revés. 

Mis oídos a tu voz, en susurros, en besos, en carcajadas. Tu risa, el brillo en tus ojos, tus despedidas que acababan en reencuentros. Tus estaciones, tus autobuses, tus trenes. Tus rosas y tu Palacio de Cristal.

Lo pequeña que me sentía a tu lado, y a la vez, qué grande. No había mundo más allá de tus brazos y ahora todo está vacío: mis ojos, mi boca, mi piel, mis oídos, mi corazón, yo.

Me llamabas valiente y ahora soy toda una cobarde, sin ti he perdido hasta eso.


lunes, 18 de agosto de 2014

Microcuentos.

Cuando menos lo esperaban y donde menos pensaban, se encontraron.

Le costó recordar su nombre, y para compensar después lo repetía a todas horas.

Érase una vez una confusión tan grande que se evaporó con sólo una canción.

La princesa del Palacio de Cristal volvió también su corazón transparente para que él pudiera leerlo todo.

Eran como la Luna y el Sol, y ellos también estaban demasiado lejos para besarse. 

Aquella rosa estaba destinada a ser distinta y especial, por eso se abrió en diciembre. 

Pasaban tanto tiempo sin verse que en la maleta sólo cabían los besos que se debían.

Nunca nada era demasiado lejos si tenían abrazos para darse. 

Ella tenía el cielo en los ojos, él tenía la esperanza. Juntos lo tenían todo. 

Los paseos se volvieron eternos porque sus bocas decían que diez pasos sin tocarse eran demasiados pasos. 

Las calles de Madrid se vaciaban en sus brazos. 

La nariz congelada de ella encontró un refugio en el cuello caliente de él.

Aquellos trenes eran los mejores trenes porque el destino era su amor.

Se querían, se amaban, se adoraban; mucho, mucho, muchísimo.

Ella, que adoraba viajar y descubrir mil rincones, descubrió que no había mundo más allá de su piel.

Él quería enseñarle los nombres de las estrellas, pero ella se aprendió los lunares de su espalda.

Nada estaba demasiado lejos, pero nunca se sentían lo suficientemente cerca para no abrazarse más.

Eran el amor de su vida, y se prometieron un para siempre juntos.

No importa el tiempo que dure, da igual lo larga que sea; si la historia más bonita del mundo termina, siempre parecerá tan breve como un microcuento.


viernes, 15 de agosto de 2014

Suspensa.

Mis fallos, mis errores, mis tropezones, mis caídas, mis formas de perderte. Y todas las cosas que se me escapan. Mi frustración y mi rabia. Mi nada que ahora es lo único que tengo, mi sin ti.

Mi certeza, esa que dice y reafirma que iría a donde fuera por ti, que el fin del mundo está demasiado cerca si es por ir a buscarte. Mi corazón que late tan fuerte que me va a romper por dentro; cada latido es un grito que te llama. Ven, por favor.

Cada cosa que he hecho mal se ríe ahora de mí. Se burla, me aplasta, me ahoga. Cada vez que te he fallado se me clava como un puñal bañado en veneno. Duele, duele mucho, duele hasta llorar.

Me duelen las calles llenas de gente porque tú no las vacías. Me duelen los fracasos pero también los triunfos, porque no los celebramos juntos. Me duele la felicidad, por no compartirla contigo. 



Rayando el Sol, rayando por ti; esta pena me duele y me quema sin tu amor - Maná.

jueves, 14 de agosto de 2014

Flashback.

Me despierto, justo mientras abres la puerta. Pero dejo los ojos cerrados y te acercas. Un beso. Buenos días, princesa. Más besos. Un refugio en tus brazos. Muy poca luz, porque no hace falta más. De hecho, no hace falta nada, salvo tú y yo.

Y el amor; el amor que se escapa en cada beso y cada caricia, el amor que se escapa como se escapa la ropa cuando sabe que está de más.  Y el amor; el amor que se cuela entre tus labios y mi piel, el amor que se cuela entre mis manos y los caminos que tanto adoro pintar y recorrer en tu espalda.




Al recordar vuelo, y luego volver a la realidad no es ya un aterrizaje forzoso, sino estrellarme.

Muchas veces pensé en la cantidad de casualidades que se dieron para que nos encontráramos, y se me encogía el corazón al pensar en la posibilidad de que una hubiera fallado. Pero luego respiraba, porque sabía que si no nos hubiéramos encontrado allí en ese momento, habría sido más tarde en cualquier otro lugar.

Igual es que somos humanos. Después de la derrota de la Armada Invencible, alguien decidió que un barco tenía que ser el Insumergible R. M. S. Titanic. Y luego, tú y yo nos dijimos "para siempre".

miércoles, 13 de agosto de 2014

13 de julio.

Cuesta abajo, sin frenos y en la cuerda floja. Esa era yo antes del final. Te buscaba, desesperada, necesitaba tus ojos y me aferré a tu promesa de "hay momentos mejores y otros peores, pero lo solucionaremos, te lo prometo". 

Me desperté con la misma ilusión que tiene un niño la mañana de Reyes, y el corazón se me quería salir del pecho. Te vi y no me lo podía creer, después de tanto tiempo. Sólo quería abrazarte, ni siquiera me hacían falta besos. Necesitaba arroparme entre tus brazos y respirar tu olor. Necesitaba no soltarte nunca.

Me desperté con la misma ilusión que tiene un niño la mañana de Reyes, y en vez de regalos me encontré tu "yo ya no puedo más". No sabía que pudieran existir besos tan fríos y cortantes como un cuchillo, pero tampoco me imaginé nunca que nuestro trece se convertiría en un puñal.

Tengo el corazón callado, no le dejo hablar, porque si él habla yo lloro. Sin embargo, a veces le oigo susurrar muy bajito.
Dice que está roto, muy roto, como un pañuelo ajado. Dice que sólo podrías coserlo tú.


martes, 12 de agosto de 2014

Funambulista.

El otro día me preguntaron "¿antes no llevabas una pulsera en la muñeca izquierda?".

Ahí están, en un rincón, una pulsera de plata y un colgante con muchas espirales. Ahí están, en un rincón, dos de los días más felices de mi vida. 

Recordar algunas cosas es como pasear al borde de un acantilado y querer ver el mar rompiendo contra las rocas. Qué peligro. Pero me asomo un poco más.

El primer diecisiete, de noche y muy abrazados. Con la emoción desbordante con que se empiezan todas las grandes historias. No eras un príncipe y no tenías castillo, pero, qué casualidad, tenías y tienes todo lo que me hacía y me hace falta. Juntos, además, lo teníamos todo; la timidez de los primeros besos, la tinta negra para escribir el cuento más maravilloso.

Me colgué tus espirales al cuello y te sentía justo a mi lado aunque estuvieras lejos. Las acariciaba y sonreía, las apretaba fuerte en mi mano y me llenaba de fuerzas. Eso también me falta.

Tropiezo entre recuerdos y me caigo al vacío. Pero ahora qué más da, tengo la cara empapada de agua salada y no puedo hundirme más.

Febrero, y yo en un tren hecha toda nervios y ganas de verte. Impaciencia, y algo más. Ataste tu nombre y la fecha del primer diecisiete en plata a mi muñeca izquierda. Ataste tu boca a mi boca, ataste tu piel a mi piel. A media luz, nos atamos, desatamos, enlazamos y acariciamos mil veces. Nos recuerdo temblando de nervios, nos recuerdo besándonos con impaciencia, inquietud y timidez.

Atado a mi mano, me guiabas al escribir nuestra historia. Y yo leía y releía tu nombre, una y mil veces, no se me fuera a olvidar. Y lloré de felicidad, lloré como pocas veces se llora, con la alegría de quien ha besado el cielo.

Me faltan tus espirales, me falta tu nombre en mi muñeca, me faltan muchas cosas. Me falta mi mejor amigo, mi amor, mi cómplice y todo. Me falta tu tranquilidad, me faltan los treces que significan "te quiero". Ahora mismo sólo tengo lágrimas, así, en plural. 
Me faltas, no sabes cuánto me faltas. Me faltas porque te necesito, y te necesito porque te quiero.


Como un funambulista imbatible leyendo el braille los pasos del siguiente mortal - Vetusta Morla, "Baldosas amarillas".

lunes, 11 de agosto de 2014

Keep dreaming.

A veces pienso que podría sobrevivir a base de sueños bonitos, de esos que no te atreves a contar, de esos que sólo esperas que se cumplan. Hay sueños tan reales que parecen que los puedes tocar... Hasta que te despiertas, y pides mucho y muy fuerte que haya sido de verdad.

Hay sueños tan vivos que hacen que abras los ojos con el agotamiento de quien ha estado toda la noche viviendo. Viviendo un sueño, o soñando una vida. Hay sueños que dan ganas de vivir.

Algunos sueños acarician y besan, algunos sueños sueñan que las búsquedas terminan en reencuentros. Algunos sueños llenan los ojos de lágrimas, y hacen que las manos huérfanas de piel que tocar tiemblen. 

Esos sueños dicen que adelante, pintan mi mirada del color de la esperanza brillando igual que brilla el césped irlandés cuando las nubes le dejan un hueco al Sol. 

Los sueños, sueños son... para quien no se atreve a luchar por ellos.


Si crees en los sueños, ellos se crearán; porque de creer a crear sólo hay una letra de distancia - Albert Espinosa.

sábado, 2 de agosto de 2014

Una chispa de locura.

Importa más cómo acaban las cosas que cómo empiezan. Para bien o para mal; en este caso, para bien.

Hay días que empiezan con vacíos recortados en silencio, con manos que tiemblan por saber de ti, con canciones que desarman mis defensas, y una lágrima se fuga. Sólo una, ya lo sabes.

Hay días que amanecen muy oscuros.

Y entonces, se enciende una chispa. Una voz que no busca que no piense en nada, sino que quiere que le hable de todo. 

Hay días que anochecen iluminados.

Mi chispa irradia luz, irradia carcajadas y canciones. Mi chispa dice que sin locos no se movería el mundo, que las grandes historias empiezan con grandes locuras, y que las mayores locuras se hacen por amor.

Paladeo la palabra locura muy despacio.

El reloj se ralentiza. En la cama me arropo un poco y te abrazo. Es una locura, pero no puedo evitarlo, y no puedo dormir si no lo hago.

Y de una chispa de locura surge un incendio.


No sé qué haría sin ti, Chispa.



viernes, 1 de agosto de 2014

Tus restos.

Tengo un baúl lleno de planes desordenados, de preguntas inconexas, de historias incompletas. Tengo un pedazo de mi alma que se llama igual que tú y se siente un poco huérfano. Tengo bordadas en los latidos de mi corazón todas tus promesas.

Cómo me gustaba que me prometieras el cielo, tal vez porque siempre lo cumplías todo. Por eso, cuando llega el latido que lleva pespunteado aquella promesa, mi favorita, la más grande, la única incumplida, el corazón se me para y no sabe continuar. 

Creo que tengo que confesar que no puedo dormir si no imagino que me abrazas. Sé que es como jugar con fuego, sé que sería menos peligroso dormir entre espinas, aunque en el fondo es casi lo mismo.

Se me da fatal esperar, sobre todo desde que cada golpe del segundero se me clava en los dedos, que preguntan por los caminos que pinté en tu espalda.

En el fondo, sólo quiero saber de ti; saber cuántas veces al día te acuerdas de mí, y si son más que las veces que me olvidas. Si me dejan pedir un deseo, prefiero no hacerlo en alto. Sólo diré que compraría lo que no tengo para después darlo todo a cambio de que se pudiera cumplir. 

No he vuelto a ver estrellas desde la última vez que te vi, sólo le he hablado a la Luna una vez y el Sol y el número trece arden. El trece, que ha significado siempre "te quiero", hoy significa "adiós". Quema tu despedida sin reencuentro, y quema tu punto final.