domingo, 28 de septiembre de 2014

De mal en peor.

A ratos naufrago en mis propias lágrimas, y mi auxilio no se oye entre tanto sollozo. Hay veces que lloro tan fuerte que me duele el corazón, dentro y fuera de las metáforas.

Y lo peor, es que cuánto más profundo me hundo, se me acaban las palabras y se me olvida pensar. Peor aún, cuando más cerca estoy de tocar el fondo, las lágrimas cesan impotentes. Y al final, lo peor de todo es que cuando tu ausencia me consume hasta el último trocito de mi alma que queda por aquí, no pido fuerzas ni pido consuelo.

Lo peor de esta historia es que cuando ya no puedo más, sólo sé pedirte que vengas.


El amor para mí.

La libertad de ser quien y como eres.
Las alas para surcar el cielo justo como quieres hacerlo.
El poder irte pero no querer.
El vaso medio lleno.
La lluvia que golpea los cristales.
La música que te pone la piel de gallina.
El mismo nombre repetido mil veces y que nunca cansa.
El mismo silencio entre beso y beso, el mismo beso cada mañana.
La ola que surge del mar cuando crees que ya no puedes.
Un pedazo de cielo azul entre nubes de tormenta.

Mi lugar favorito del mundo.

Tú.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Flashback.

Frenas y te das cuenta de dónde estás y cómo estás.
Hoy, he podido al fin frenar y ver en qué punto me he varado. 

Estoy en algún punto de hace tres años, con una angustia que me asfixia en el pecho, aferrando en la mano muy fuerte una carta escrita en hojas pequeñas. Aferrando tus palabras como si nunca más fueses a dármelas.

Has vuelto a ser ese algo imposible, ese algo que a mí nunca me pasa. Esa historia demasiado bonita para ser yo quien la viva. Han vuelto a temblarme las manos de nervios sólo porque se me ha ocurrido acordarme de ti.

Me siento otra vez con la garganta oprimida, muriéndose por decir lo mucho que te quiere, lo mucho que te necesita. Lo mucho que llora por tenerse que callar. Vuelvo a golpear al aire de impotencia, vuelvo atrás.

Tengo el alma tan llena de amor que se desborda y me inunda el corazón y me inunda el cuerpo. Tengo tanto amor que no puedo darte que me desbordo entera y se me escapa salado por los ojos, se escapa en lágrimas y acarician sin piedad mis mejillas.

He frenado y me he visto, pero a ti no te he visto.
He frenado, y al releer la historia más bonita, he creído que nunca ha sido más que un sueño.


jueves, 25 de septiembre de 2014

En mis sueños, estás.

Antes, soñaba.
Soñaba que aparecías en mis sueños y te lo contaba.
Antes, soñar contigo sólo era vivir mientras dormía.
Dormía a tu lado y soñaba que soñaba en tus brazos.

Ahora, duermo.
Al dormir sueño contigo y ya no te lo puedo contar.
Ahora, soñar es la única parte de vivir que me interesa.
Cierro los ojos y te imagino a mi lado, para poder dormir.

Para poder soñar contigo.
Para volver a todo aquello que ya no tengo.
Nada ni nadie me puede impedir soñar.
Tampoco yo puedo evitar llorar si me despierto.


martes, 23 de septiembre de 2014

Ya basta.

Hoy todo el mundo habla demasiado y demasiado alto, y lo único que quiero es que todo esté en silencio. Hoy todo el mundo sorbe la sopa y hace mucho ruido. Hoy todo se llena de palabras y planes y lo único que yo quiero es que todo frene y se calle y se calme.

Que no, que no me quedan fuerzas, estoy cansada, que no me quedan ganas y no me apetece buscarlas. No me quedan sonrisas, la fuente está ya seca. Sigo escalando sin pararme a pensar si merece ya la pena, porque si lo hago sé que saltaría y me dejaría caer.

Ni me convence este presente ni mucho menos lo que viene. La perfección de mi pretérito y lo imperfecto de mi futuro; la diferencia en la segunda persona del singular.

La única apuesta por la que lo arriesgaría todo.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Querer y, ojalá, poder.

Soy poco más de lo mismo que el resto de la gente. Soy un quiero y no puedo. Soy un fardo un poco inútil que daría lo que fuera por hundir la negación en el fondo del mar. 

Soy un pedazo de mundo que daría lo que fuera.

Daría lo que fuera por mecer tus penas en mis manos, por recordarte que no existen los fracasos pero sí el volverlo a intentar. Daría lo que fuera por regalarte algo de mi fuerza, si es que me queda. Daría lo que fuera por saber algo más, si necesitas ayuda, si necesitas hablar.

Daría lo que fuera por borrar las carreras de lágrimas por tus mejillas con mis dedos, por poder abrazarte más allá del dónde y el cuándo. Daría lo que fuera por matarte la tristeza a besos, por comprobar que te brillan los ojos, por callar el terremoto de tu furia con palabras. O en silencio, como tú prefieras.

Daría lo que fuera por quedarme a tu lado, por esconder mi alma en tu mesilla de noche, para que te cuide y calme. Daría lo que fuera por no sólo querer, sino poder y hacerlo.

Daría lo que fuera por un pedazo se felicidad, por una vista fugaz de los ojos que pones al reírte.


martes, 16 de septiembre de 2014

Tus ojos.

Nadie puede saber lo que yo sentía cada vez que miraba tus ojos. Ni siquiera yo lo sé del todo. Sólo sé que el corazón quería latir más rápido y más lento, todo a la vez. Que mirándolos sabía que nunca ninguna distancia sería demasiado lejos, que nunca ninguna distancia sería demasiado corta. Miraba ese verde que pintaba mi esperanza y sabía que nunca podría estar tan cerca de ti como quisiera. Nunca podría acariciarte tanto.

Te miraba a los ojos y me perdía en ellos, sin importarme el hecho de no volver a hallar jamás la salida. Y entonces eras tú quien me encontraba, dibujando con tu boca en mis labios el camino. Y así, cerrando los ojos, nos abrimos todas las puertas del universo. Hoy he vuelto a perderme, y no hay ojos ni labios que me salven ya.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Metamorfosis.

No te vas, por mucho que te empeñes, por mucho que quieras, no te has ido. Ni tienes ninguna intención de hacerlo. Sólo te has transformado...

Tus fotos se han convertido en un corcho desolado. Tu risa al crujir la tabla del suelo se ha convertido en una lágrima. Tus buenas noches en sueños, tus buenos días en deseos. Tu llavero en forma de Sol ya no me alumbra, ya no abre puertas a mis ilusiones. Tus treces y tus diecisietes son como latigazos, como una oleada de momentos que se ríen al recordarme que no van a volver más.

No verte no evita que te recuerde, lo único que consigue es que tu ausencia me golpee con más fuerza. Duele más. Supongo que has pasado de ser la caricia del pétalo de una rosa a la espina que se clava de lleno en mi alma. Y sólo la caricia de tus pétalos la podría arrancar.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Mil años luz.

A mi lado, tu recuerdo; a tu lado, no lo sé.
Aquí conmigo, no lo sé; allí contigo, todos mis amaneceres.

En mi habitación, tu olor, tus caricias, tu voz, tus gafas, tu risa, tus manos, tu espalda, tus ojos, tu piel, tus cartas, tu música, tus buenas noches, tu cuello, tus besos, tu fuego, tus brazos, tu pelo, tus abrazos, tu Sol.

Allá donde vayas, mi miedo, mis sueños, mi cielo, mis te quieros, mi añoranza, mis triunfos, mi fuerza, mis olvidos, mi cabeza, mis buenos días, mi valor, mis ojos, mi verde esperanza, mis saltos al vacío, mi Luna.

Allí contigo, la certeza de que puedo vivir sin ti. Por supuesto.
Aquí conmigo, a mil años luz de oscuridad, la certeza de que no quiero.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Manos vacías.

Igual que si quisiera acariciar el cielo y sólo pudiese sentir entre mis dedos el aire, o como si pretendiese atrapar las nubes y sólo consiguiera ahuyentarlas. Me siento sin nada y con las manos congeladas, sin un trozo de tu espalda que les dé calor.

Otras veces el corazón me late furioso, como si quisiera echar a correr. Que él quiere estar a tu lado aunque yo no pueda, que él por ti iría a donde fuera. Y yo también lo haría, le respondo. Late con más fuerza y se enfurece, y me grita inútil.

Obligo a mis manos a retener a este rebelde en su lugar. Lloran ellas, llora él, lloro yo, porque en el fondo sí quiero que corra para estar contigo. Ya no tengo las manos vacías, porque se me llenan de rabia y tristeza.

En realidad, me consuela pensar que mi corazón corrió antes de que yo pudiera darme cuenta y que, de hecho, te acompaña todos los días. Ha dejado un tambor que retumba doloroso en mi pecho, y nada más.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Y ahora, ¿cómo?

Cómo corre mi corazón, cómo grita, cómo llora, como tiembla. Cómo se pellizca a sí mismo esperando despertarse. Cómo se deja clavar mil alfileres, porque al final eso es lo que menos le duele.

Cómo me duelen esos momentos en los que antes siempre aparecías, como por arte de magia, y te llevabas todas las cosas malas. Cómo evaporabas las lágrimas, cómo lo llenabas todo de tu tranquilidad. Esos ojos tan bonitos no se pueden estropear llorando. Cómo sabías convertir un llanto de tristeza en un llanto de alegría.

Ya no sé si era más bonita tu tranquilidad o tu intranquilidad... La intranquilidad que me aceleraba el pulso cada vez que me perdía en tus ojos. Me perdía y tú te encargabas de encontrarme a base de besos.

Ahora lo único que tengo es una intranquilidad que no es tuya, y que tampoco cura tu tranquilidad. Tengo al corazón sollozando, sintiéndose como un pañuelo ajado.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Terremoto.

A veces te echo tanto de menos que, si pienso en cómo era tocarte, me tiemblan las manos. Me tiemblan las manos y la voz, y me tiemblan las piernas si pienso en encontrarte. Y si pienso en tus ojos... me tiemblan las lágrimas en los míos, antes de lanzarse decididas por el precipicio de mis mejillas.

Resbalan y empapan el terremoto en que yo me convierto sólo con recordarte... y echarte de menos. Resbalan y llegan a mi boca, y dejan salados mis labios y mis labios también tiemblan. Cómo tiemblan mis labios, mis manos, mis piernas, mis ojos, mi voz, cómo tiemblo yo toda entera hecha terremoto si se me ocurre pensar en cómo era besarte.

Mi alma... mi pobre alma tiembla tanto que se cae, y de tanto temblar y tanto caerse ya no se atreve a levantarse del suelo. Mi alma no quiere saber nada sobre nadie que no seas tú, sólo pide y susurra y solloza que pare tanto temblor. Mi alma te pide a ti.