viernes, 24 de octubre de 2014

Poemario.

Tiene derecho a ser guapa.
Todo lo que diga podrá ser usado en poemas.
Si necesita un poeta de oficio se le otorgará uno.

Hace tiempo, cada cosa que decías me sonaba a versos. Sin querer, te transformabas en poeta y tus poemas hablaban de los dos. Todo rimaba, todo encajaba, cuando recitaba tus palabras cobraban vida y se vestían de musicalidad. Cada vez que revoloteaban por mi cabeza, era como si escuchara aquel poema por primera vez. Se me erizaba la piel, se me aceleraba el pulso, se me cortaba la respiración.

Tú y uno de tus poemas me descubristeis lo que era llorar de alegría. Tú, que titulaste a tu poemario "Siempre". Tú, que lo dejaste a medias. Yo, ahora, rescato a veces tus versos y se me llenan los ojos de lágrimas que están a mil años luz de ser de alegría. Cómo le explico a mi alma que te cansaste de escribirme, de componerme, de erizarme la piel, acelerarme el pulso y cortarme la respiración. 

Cómo le pido que deje de recitar poemas que ya no existen, si son su canción favorita.


Dime.

Dime que no, por favor. Dime que es mentira, dime que mi imaginación está volando y se ha estrellado. 

Dime que el pecho se me vacía sin motivo, que si tiemblo entera es sólo porque soy idiota. Dime que no hay razones para que todo el universo de pronto me aplaste. Dime que la tormenta que tengo en los ojos va a parar, que vas a pararla. Dime que si estoy desesperada, si no puedo respirar, si se me ha escapado la voz... dime que todo se va si tú vuelves. Dime que los gritos que me ahogan no tienen sentido.

Dime que vuelves, por favor. Dime que sí. Dime que las pesadillas se acaban, que la realidad supera a la imaginación, como siempre hizo. Dime que vas a llenar mis pulmones de aire otra vez. Dime que sí.

Dime que no estoy soñando demasiado. Por favor, dime que no.

Dime que sí, dime que no. Por favor, dime.


jueves, 23 de octubre de 2014

El cuento de la araña.

Hay una araña, en el techo, en un rincón. Se lo piensa mucho, pero al final salta al vacío, aferrada sólo a un hilo de seda en el que pone toda su esperanza, toda su fe.

La seda es fuerte, lo resiste todo. La araña se da cuenta y empieza a bailar en el aire, baila y casi siente que vuela, dibujando flores de seda. El rincón cobra vida, cada día es más bonito, se pinta de plata y cada noche la araña mira sus flores, su brillo, su seda. Cada día se atreve a saltar al vacío un poco más, para seguir construyendo más y más.

Un día, construyendo una rosa de seda, la araña falla. No se precipita al vacío, pero sigue construyendo de una manera equivocada. Y a partir de entonces, la tela de seda cada día se desmorona un poco. El calendario dice Abril.

La araña empieza a olvidarse de qué tejía, para qué. Llora cada vez que ve que todo se está destruyendo lentamente, pero sigue haciéndolo todo mal. Los hilos de seda se enredan, y entre tantos nudos dejan de brillar. La araña sigue llorando, y llora más fuerte cada vez que recuerda el día que falló.

Un día, cansada de tejer sin sentido, para y mira el desastre que la rodea. Intenta, poco a poco, desenredar su tela, intenta que vuelvan a verse las flores y que la seda vuelva a brillar. Lo hace con esmero, con ilusión, con un terrible pavor a pensar que tal vez sea en vano.

Al final... la tela cede. La araña no tiene patas suficientes para deshacer tantos enredos, las flores de seda y plata se rompen y todo se viene abajo.

Con mucho esfuerzo, la araña acaba volviendo a escalar por la pared hasta el techo, hasta su rincón. Contenta de haberlo logrado, se atreve a mirar abajo otra vez, pensando que muy pronto, tal vez, pueda volver a saltar. Pero la altura le da vértigo, ya no se acuerda de cómo se tejen las flores.


martes, 21 de octubre de 2014

Betrayal.

La verdad, estoy un poco cansada. De estar sin ti, de querer estar contigo. De no querer dejar de quererte.

Pero es que hay veces que se me mueven un poco las alas. Aleteo, aleteo, aleteo; sin embargo nunca despego. Porque no quiero.

¿Alguna vez has sentido que algo te importa tanto que dejarlo ir es como traicionarte a ti mismo? ¿Igual que clavarte un puñal? Como si mientras intentas alejarte se te fueran cayendo gotas de sangre.

Qué voy a hacerle. Lo siento, me importas. Ya no se me caen gotas de sangre cada vez que intento alejarme, sólo se me para el corazón. Se encoge, se da la vuelta y te mira. Estás de espaldas y no me ves... ya nunca me ves.

Le obligo a darse la vuelta, a golpe de versos ajenos. Damos un par de pasos más, y empiezo a notar mi propio puñal, ese que me clavo a mí misma.

Ojalá irte fuera tan fácil como llamar a mi ascensor y esperar a que la puerta se cierre. Ojalá no hubieras dejado un trozo de tu risa en cada rincón de mi habitación. Ojalá no me importara traicionarme un poco.


domingo, 19 de octubre de 2014

Libre.

Viniste anoche y no te has ido. En realidad nunca has terminado de marcharte. Has destapado la caja de recuerdos que escondí al fondo del cajón, los has liberado con sólo volver a pasarte por mi cabeza.

Has liberado la lista de planes que teníamos para los dos. Has liberado París y has liberado Oxford, besos bajo los tilos. Has liberado mi mente, mi imaginación, mis ganas de que vuelvas. Has liberado miles de promesas a medias.

Vuelan libres y sin saber a dónde van. Se pierden, se chocan contra mi alma. ¿Me quieres porque me necesitas o me necesitas porque me quieres? Te necesito porque te quiero, trece veces por diecisiete razones. Más que nunca, tal vez. Con más dolor, eso seguro.

Has liberado un recuerdo con sabor a besos por cada Mini Cooper que me encuentro por la calle.


Calendario.

Febrero.


Es invierno y estoy temblando, pero no de frío. De nervios, de amor. Beso a beso se apagaron las luces, los dedos nos encendían la piel. El cielo bajó una tarde y nos perdimos, el cielo se prendió azul en mi muñeca, y el brillo de las estrellas se colgó a su lado como un lazo de plata con tu nombre.

Octubre.

Todos los recuerdos vienen de golpe esta noche y duelen. Se me eriza la piel y me tiemblan las manos, pero no de nervios, mucho menos de amor. Me tiemblan de un frío que se instaló en julio y no se va, porque tú te fuiste.

Hoy. Ayer. Siempre.

Tengo todos tus febreros clavados en el corazón y se vuelve loco. Tus diciembres me tienen congelado el alma.


viernes, 17 de octubre de 2014

Mientras duermo.

A veces, mientras duermo, vienes y te estrellas contra el cristal de mi ventana. Lo rompes, te cuelas en mi habitación. Rompes mis intentos de no soñar contigo y te cuelas en mis sueños. Me miras con esos ojos que tienes y soy incapaz de decirte que no.

Dejo que me invadas con recuerdos, que me bombardees con caricias que ya caducaron hace tiempo. Incluso en mi mente, la que no quiere terminar de perderte e inventa que te estrellas contra el cristal de mi ventana, conjugas el verbo querer en pasado.

Tocada y hundida.

La tristeza tiene muchas formas últimamente, y a veces pienso que te necesito a mi lado. Y precisamente tu falta es otra de las formas de tristeza.

A veces, mientras duermo, sueño que me arropas y me acurruco a tu lado, pero sólo es el edredón. 


sábado, 11 de octubre de 2014

Tormenta.

Que nunca pare de llover así... Que nunca pare de estrellarse el agua contra los cristales. Tal vez, con suerte, su ruido sea más fuerte que el que me grita en la cabeza.

Deja que el agua te empape. Deja que se lleve tus penas.

El viento sopla fuerte y las gotas de lluvia bailan con él. Todo corre calle abajo... Por un momento, los pensamientos se apagan. Por un momento, el corazón late lento y tranquilo mientras los relámpagos iluminan las calles.

Por un momento, al corazón se le olvida que ha querido sonreír demasiado rápido y ha tropezado.

Por un momento se le olvida todo lo que le duele.


Escombros de corazones.

¿Y ahora?
Se me desploma el castillo de naipes y me quedo enterrada entre los escombros. Me aferro al as de corazones, y no sé si lo que lo araña es un trébol, una pica o un diamante. Pero no es un arañazo de los que duele... es dulce y...
De todas formas, la boca todavía me sabe a sangre. Todavía creo fervientemente que lo único que puede cerrar las heridas que sangran es un pétalo de rosa, tu pétalo de rosa.
Y aún así, hay algo empeñado en arañarme el corazón y pintar su nombre.

martes, 7 de octubre de 2014

Por ti, poemas.

Ninguna distancia era demasiado grande, nunca nada era demasiado lejos y al abrazarte nunca estabas demasiado cerca. 

Por ti acaricié la paciencia, por ti la espera valió la pena.
Por ti canté y tú tocabas, por ti y tu piano blanco inglés.
Por ti la esperanza me miraba, por ti me brillaban los ojos.
Por ti la felicidad se escondía en tus manos, tu pelo, tus labios.

No existía el miedo, porque tú y yo podíamos con todo. Mi tranquilidad se mecía en las notas de tu voz.

Por ti no merecía la pena ser cobarde, por ti fui valiente.
Por ti ahora me he atrevido a escribir poemas.

Sin embargo sin ti he perdido todo el valor, y tengo mis versos, que son tuyos, escondidos para que nadie los lea. Son tuyos y míos, de nadie más.

lunes, 6 de octubre de 2014

¿París?

No hay silencios tan grandes como para guardar todas las palabras que se me han quedado colgadas en esa tercera comisura de los labios que hace tiempo que no aparece.

Los deseos se escapan en cada lágrima que se fuga y me mancha las mejillas de tristeza con sabor a sal... qué daño le hace esta sal a mi corazón, a veces parece que se le olvida latir.

El cielo azul tiene tan poco sentido como las promesas que se rompen rompiendo sueños, parece que el gris está mejor. No tiene sentido soñar ya, o tal vez soñar sea lo único que ahora valga la pena.

Todo lo prometido tiene tanto sentido como un pato con cabeza de cocodrilo. Ni tiene sentido ni hay sentidos, para qué quiero sentir nada ya.

Me iría lejos, quién sabe a dónde, si yo lo sé menos que nadie. Me iría a donde no se sueña, donde no se siente ni se tiene sentido. No hay ciudades del amor sin amor.

El amor... ya no sé qué será del amor. El amor nunca ha tenido sentido, sólo se siente muy fuerte; pone en marcha el corazón y las tres comisuras de mis labios.  

¿París? ¿Por qué habría de querer ir yo a París? Ya no tendría sentido.

domingo, 5 de octubre de 2014

Fantasmas.

¿Sabes? Ayer pasé al lado de aquella esquina de césped en la que aún perdura escrito nuestro "érase una vez". Estabas ahí sentando, una tarde de verano con una camiseta blanca a rayas. De repente, yo dije tu nombre casi temblando y sin atreverme a arrancar. "Que... que... que..." ¿Qué?, preguntaste. Y todo empezó otra vez, en una esquina de césped al lado de un Palacio de Cristal.

Luego, de pronto, se hizo invierno, y volví a verte un domingo por la mañana en una azotea desde la que se ve todo Madrid. Volví a sentir esa pequeña angustia de saber que tenías que irte a la vez que me daba cuenta de que nunca había sido tan feliz, porque me estabas besando. Mucho, mucho, muchísimo.

Te prometí que sólo subiría allí contigo, que no volvería a tener Madrid a mis pies sin ti. Y la verdad es que nunca me habían gustado menos esos tejados como ayer, contigo tan lejos en tantos sentidos. Tú a mí me prometiste que me besarías toda la vida... pero ahora no puedo saber a qué te saben los labios.


jueves, 2 de octubre de 2014

Cuando olvidar no es no recordar.

Se me está olvidando tu voz y me duele el alma. A lo mejor, con el tiempo, se me olvida tu risa, y después, tus ojos. Y al final, querré con todo mi corazón a alguien a quien soy incapaz de recordar.

No puedo olvidarte si me llamas desde cada letra de cada página de cada libro. No puedo olvidarte si me llamas a cada golpe de baqueta de cada canción. 

El sinsentido de tenerte en todos lados y a la vez echarte tanto en falta. La locura de no te rindas pero ríndete. El vacío que parezco querer llenar con lágrimas. Te me vas olvidando, pero te recuerdo todos los días, a todas horas, por todo.

Y tu voz... de tu voz ya no queda rastro. Entre los jirones de dolor ha encontrado un hueco y se me ha escapado.