domingo, 30 de noviembre de 2014

Qué pánico, llega diciembre.

Aprovecho los últimos minutos de noviembre -mes que detesto- antes de que se abra paso, otra vez, mi adorado diciembre. Pero de repente todo está al revés.

Noviembre me hace sentir segura, hay dolor pero es un dolor bonito. Es una ausencia en forma de música y recuerdos ahumados, de sillones verdes vacíos. La ausencia del destinatario de cada canción que canto. Claro que es triste, sí, pero no me desgarra el alma, no sé si me explico.

Sin embargo, diciembre siempre ha estado lleno de luces, de Navidad, de amor y de ti. Al menos desde que diciembre empezó a merecer la pena. Y sin embargo ahora sólo de pensarlo me da pánico, como si supiera que va a arrancarme la piel a jirones y lo único que pudiera curarme las heridas fuera la sal de mis lágrimas o el vinagre de tu ausencia. ¿Ves? Esta ausencia sí que duele, sí que desgarra el alma. Escuece en los ojos y el corazón. 

Me faltas cada maldito día, pero aquí voy, intentando sobrevivir. Y, eh, lo consigo. Pero sigo acumulando los besos que te debo, y empiezan a pesarme. Sigo comprobando si ese de ahí es un Mini Cooper o un Mini One.

Pero al mundo y al tiempo eso les da un poco igual... siguen avanzando y a veces me pasan por encima.

Ya está aquí diciembre, pero tú no vienes con él. Y cómo duele.


sábado, 29 de noviembre de 2014

Stand by (me).

Siento una presión muy fuerte en el pecho. Como claustrofobia y necesidad de encerrarme a la vez. Como la necesidad de un abrazo muy fuerte y de estar completamente sola al mismo tiempo. Como si sólo el silencio pudiera consolarme pero mi corazón exigiese unas palabras amigas. Como unas ganas de llorar tremendas, como si fuera a otro ritmo que el resto del mundo. A veces demasiado rápido, otras demasiado lento.

No sé ni por qué ni qué hacer.

No puede sonar la música. Una canción sobre la felicidad sonaría demasiado absurda, y una canción con palabras demasiado acertadas podría desencadenar una tormenta. Igual sólo quiero un silencio aplastante, y me molesta el susurro del aire cuando alguien respira, o el ruido de los coches en la calle. O los pasos de la gente a mi alrededor. O el murmullo del mundo funcionando.

Últimamente pasa mucho. Me quedo en stand by mientras todo sigue en marcha, y cuando de pronto siento la necesidad de alcanzar todas las cosas que se me han adelantado, corro hasta quedarme sin fuerzas y no basta. Hoy no tengo ganas de correr, hoy prefiero quedarme sentada y que sea el mundo el que venga, pero sin acercarse demasiado. Que se quede a una distancia prudente y espere a que a mí me apetezca continuar viviendo. Me apetece ser egoísta. Me apetece un abrazo que me deje sin respiración.

Me apeteces. De sobra sabes que me apeteces. 

Pero tal vez sólo se deba a mi extraña sensación de que podrías curarme todo lo malo.


jueves, 27 de noviembre de 2014

Mis campanas.

Cada 27 de noviembre, las campanas repican vibrantes, y en cada volteo te llaman. Vuelve, anda.

Hoy ha sido un día de reencuentros, de celebrar, de volver a casa. Hoy queremos sobre el son de las torres cantar. Hoy me han dicho "me alegro de verte por aquí", y no he podido evitar responder "y a mí me encanta estar aquí". Hoy nos permitimos cantar espejos de virtudes y amores y ansias hechos muy desafinados, y el grado de desafinación es proporcional a la emoción que le estamos poniendo.

Hoy, 27 de noviembre, desde el coro, me ha invadido la certeza de que es mi día y siempre lo será, pase el tiempo que pase.


martes, 25 de noviembre de 2014

Si pudiera soñar siempre.

A veces, ya lo sabes, no sé si queriéndolo o sin querer, vuelves sin volver. Te cuelas allí donde nada ni nadie puede salvarme de ti, y vuelvo a soñar contigo.

Escribo rápido porque el cielo está a punto de llorar, y no permite que mis ojos lluevan al mismo tiempo.

Algunas noches, vienes y me despeinas un poco. Me rozas el corazón, lo cambias todo de sitio. Abres cajas cerradas y escondidas en un armario, revuelves los rincones de mi vida y los desordenas. Llegas, me cortas la respiración, y te vas. Digo "y te vas" como si ahí acabara todo, como si luego yo no volviera a recordarlo más, como si pudiera volver a la normalidad con la misma velocidad que abro los ojos al despertarme.

Pero es que esta noche has venido, me has transformado en un jarrón de cristal y me has roto en pedazos. Me has prometido que ibas a venir a verme. Has sacudido mi corazón, has roto todos los esquemas con los que cuidadosamente estaba viviendo. Me has congelado la sangre, el aire que tenía en los pulmones ha dado marcha atrás. Voy a ir a verte. Y entonces me he despertado, y parecía que la vida se había vuelto de blanco y negro.

Al abrir los ojos me he tenido que convencer a mí misma de que sólo soñaba, y los cristales del jarrón se me han clavado uno a uno y muy despacio. Lo único que podía pedir era volver a dormirme, dormir siempre y seguir soñando. 

Soñar es la única forma de que me parezca bonito el mundo real.

domingo, 23 de noviembre de 2014

EEADMV, DV.

Primero me llamaste valiente, luego me pediste que no cambiara. Y después te fuiste y me volví una cobarde que teme incluso al paso del tiempo.

Me da pánico que llegue diciembre y no le acompañes. Me da miedo enfrentarme sola a tus rosas. Me da miedo llorar y que me vean. Tengo tan frías las mejillas que las lágrimas corren y ni las siento.

Lo último que me apetece es ser una cobarde, pero tampoco considero el olvido una opción de valientes. El valor está en escalar una montaña y no bordearla, el valor está en luchar y no abandonar, el valor está en dejar de secarte las lágrimas por tercera vez aún a riesgo de que alguien te vea.

Me da pavor quedarme sola y pensar, porque los errores y la culpabilidad me golpean de uno en uno y se me clavan como alfileres en el alma. Y los alfileres también me dan miedo, ya lo sabes. Supongo que las cosas son así, te das verdadera cuenta de las cosas en las que has fallado cuando no hay vuelta atrás. Cuando ya te he perdido.

Cada día me despierto y pido que el mundo me dé una oportunidad. O que al menos me la des tú. Que las cosas que antes me arrancaban sonrisas dejen de asustarme. Me siento como si naufragara en medio del océano, y todo a lo que intentase aferrarme se hundiera bajo mi peso. Me siento un cúmulo de equivocaciones con un castigo que me parece injusto. Demasiado dolor. Tanto, que no lo cura ni la música. Las canciones alegres me parecen absurdas y las tristes me desgarran más. 

Sabes cuánto me gustaba Madrid, y ahora sólo sé pedir "dame para olvidar un sitio menos gris".

Sin ti no quiero ni París. Y contigo... todo, como siempre. EEADMV, DV. Ya lo sabes. 


Estupendo y maravilloso sarcasmo.

Estupendas y maravillosas mañanas de domingo gris, estupendas y maravillosas puñaladas. Estupendo y maravilloso no-olvido, estupenda y maravillosa falta de voluntad.

Estupendas y maravillosas noches de película con los brazos vacíos, estupenda y maravillosa soledad en el sofá bajo la manta. Estupendo y maravilloso Sol que no brilla, estupendo y maravilloso tú que no estás.

Estupenda y maravillosa ancla que se aferró a mí cuando tu maravilloso y estupendo barco decidió zarpar. Estupenda y maravillosa yo esperando un estupendo y maravilloso momento que no va a llegar.

Estupendos y maravillosos ojos empapados, estupenda y maravillosa tabla del suelo que cruje, estupenda y maravillosa la sombra de tu risa y las cascadas en mi cara.

Estupenda y maravillosa yo, estupendo y maravilloso temblor de manos. Estupendo y maravilloso momento en que empezó nuestro maravilloso y estupendo final.


jueves, 20 de noviembre de 2014

Pianíssimo.

Piano suave, lento y dulce. Canción piano, mi canción al piano. Piano tus dedos en tu piel, mis dedos en el piano de tu cuerpo. Piano que atrapa mientras tú me atrapas piano. Recuerdos que llegan piano y golpean fortíssimo

Pero suena una melodía a piano tan piano que... casi parece un piano viejo, desafinado e inglés. Y precioso. Sólo es una vieja canción de amor, que sonó tanto tiempo que al callarse fue como si me cortasen el aire. A veces, el piano vuelve...

Vuelves, hecho piano en mis manos, y en tu piel me convierto en pianista. Toco tu canción y mi canción, piano, pero cuando me despierto me arrancan las teclas de las manos y se llevan un trozo de mí con ellas. De tu piano salieron piano las mariposas que invadieron mi estómago, y tocaron el piano de mi alma.

Pero yo ya no puedo quitarme tu melodía a piano sonando piano en mi cabeza.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Espejo de papel.

Creo que ninguna sensación iguala a la de coger papel y boli y que la mano me empiece a bailar encima del papel. No se sabe los pasos, no sabe qué viene a continuación, pero baila y escribe, escribe bailando. De pronto, un lienzo en blanco se viste de coreografía. Apenas pienso, punto y seguido, coma, punto y aparte, pero algo dentro de mí sabe muy bien lo que está dictando.

El papel me mira y yo lo releo. El papel se convierte en un espejo. A veces es un espejo afilado y los cristales rotos me desgarran la piel, otras el espejo brilla y con la luz del Sol forma un arco iris. A veces me veo más guapa, más ágil y más fuerte, y otras sólo soy muchos intentos de levantarme del suelo. Pero siempre soy yo, mirándome desde mis propios trazos.

Porque, a fin de cuentas, la que baila cuando escribo no es mi mano, es mi alma.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Fuerte como el algodón de azúcar.

Pocos gestos saben contar tan bien lo que canta el alma como un abrazo, de esos que son tan fuertes que mi corazón al latir siente como late el corazón de quien me abraza. Qué dulce, qué suave, qué eterno.

En medio de un abrazo así, el tiempo y los relojes y el mundo se paran. En un latido tenemos demasiado que contarnos, demasiado de todo guardado. Hay lágrimas y sonrisas, hay te he echado de menos, hay azul y verde. Y hay un doloroso aprende a conjugar los verbos en pasado

Pocos gestos saben contar tan bien lo que canta el alma como un abrazo de esos que se sienten aún después de tanto tiempo. Pocas cosas duelen tanto como recordarlo y necesitarlo sólo porque se me está empezando a ir el sabor dulce y suave pero no tan eterno de la boca.

Qué increíbles aquellos abrazos, dulces y fuertes como el algodón de azúcar.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Puzzle.

Poco a poco algunas piezas estaban volviendo a encajar. No se habían movido, pero mis cóncavos y convexos ya no eran los mismos y había que recolocarlo todo. 

Despacio, el pequeño puzzle estaba cobrando sentido de nuevo. Cada contorno reconocía su complementario y se acercaban hasta tocarse, y cuando se tocaban se abrazaban. Por fin. Las piezas que se ensamblaban conmigo, a su vez se ajustaban con otras, y éstas con mi puzzle otra vez.

Y ahora de repente, algunas cosas se tambalean a mi alrededor. Alguien ha sacudido la mesa y me cuesta mantenerlo todo unido. Igual es sólo para terminar de posicionarse, de encontrar su lugar exacto, pero cómo duele notar que parece que no quieren tocarse, mucho menos abrazarse. Hasta cuando pretendes ayudarlas es como si se alejasen un poco más.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Vivir a lápiz y pasarnos a boli.

Hoy estoy mirando mucho hacia atrás. Escucho canciones viejas, veo fotos viejas, leo textos viejos, incluso me permito sentir emociones viejas y caducadas. Poco a poco, día a día, año a año en mi pequeña retrospección, acabo llegando al día en que, en el cole, nos dejaron empezar a escribir a boli.

Guardar el lápiz en el estuche significaba que alguien tenía la suficiente fe en ti como para pensar que, de ahí en adelante, no necesitarías usar la goma de borrar. Qué mayores éramos, que escribíamos a boli.

En una estantería, tengo una libreta que me regalaron hace dos años; es preciosa, me encanta, y está sin estrenar. Quiero llenarla de cosas bonitas, de poemas. Y sin embargo, un día me sorprendí pensando "podría escribirlos primero a lápiz, por si me salen mal". Aquí, estoy, casi con veinte años, pretendiendo volver a escribir primero a lápiz, con más miedo a cometer errores que cuando tenía ocho. 

Ojalá pudiéramos vivir a lápiz y luego pasarnos a limpio. Pero no, no se puede. Vivimos a boli y no hay marcha atrás. No creo que haya expresión más desacertada que la de "hacer borrón y cuenta nueva". En el mundo real no puedes tachar las equivocaciones, ni siquiera puedes escribir encima para que no se vean. Están ahí, y no van a irse.

La única opción es seguir escribiendo. Releer, descubrir, aprender... Todo ello mientras continuamos escribiendo, porque la vida no va a frenar para asegurarse de que has entendido la lección. Recuerda que la m tiene dos montañitas y la n sólo una, que tienes que hacer las tildes lo suficientemente grandes para que se vean, que después de un punto va mayúscula.

Los errores no se borran, ni se tachan, ni se deberían olvidar. Porque nunca vas a dejar de escribir, y si los olvidas lo más probable es que vuelvas a equivocarte.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Espinas heladas.

Cuánto sueño últimamente. Cuántas veces vuelvo a verte. Cuando duermo, apagas las luces y enciendes mi alma, en los abrazos vuelve a sobrar todo y la piel se recorre sola. No hay espacio entre tú y yo para nada que no quepa en un suspiro. El mundo se detiene y las calles se vacían, como cada vez que me besabas.

Al despertar, todo se esfuma. El mundo vuelve a girar un poco perdido, y las calles están atestadas de gente. Se acerca la Navidad, y Madrid en invierno quiere hacer las paces conmigo. Pero tengo muchas ganas de llorar, y no me convence.

También me planteo ser valiente y tragarme las espinas... pero me da miedo, me acobardo. Salgo corriendo. Y en cada pisada se me clavan más.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Subida y bajada y viceversa.

Muchas veces antes de hoy he dicho que la vida es como una montaña rusa, pero creo que nunca antes de hoy había dado tantas vueltas en tan poco tiempo.

Subida, bajada. Bajada, subida. Vuelta.

Y es que un día, en sueños, me pateas el alma. He olvidado tu voz, pero soñando me hablas y me destrozas. ¿Puede haber alguien que te quiera? Pero incluso para romperme en mil pedazos vienes dispuesto a enamorarme, de traje negro y camisa gris. Cómo sabes cuánto me gusta.

Bajada, subida. Subida, bajada. Vuelta.

Todas las lágrimas que dentro y fuera de los sueños me arrancas, de repente se convierten en carcajadas, y un día triste tiene más de cinco cosas bonitas que recordar. Y más tarde vuelvo a soñar.

Alguna parte de mi mente aún recuerda tu manera de quererme, tu manera de abrazar, tu manera de besar. Y en sueños, vuelves. Me quieres, me abrazas, me besas. Alguien me recuerda que mis "creo" significan que estoy totalmente segura, y creo que todavía te quiero. También creo que a ratos. También creo que si pudiera elegir, te elegiría mil veces.

Y, entonces, llega un dulce stand by.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Sin tus baquetas no hay canción.

Hace once años, una niña cualquiera se convirtió en la niña más pequeña del mundo, y el mundo se convirtió en el desierto más grande.

Hace once años, en mi cabeza las palabras nunca y siempre luchaban por cobrar sentido. Nunca volverías a ocupar ese sillón, nunca volvería a quejarme por no poder sentarme yo en él. Y siempre preferiría seguir quejándome, siempre querría que tú lo ocuparas.

Hace once años, la melodía que llevaba sonando toda mi vida sin que apenas me diera cuenta perdió el ritmo. Intentaba respirar, pero no le llegaba el aire, las baquetas se estrellaron contra el suelo y la batería enmudeció. Todo se quedó muy callado.

Desde hace once años, intento atesorar cada pequeño recuerdo que me queda de ti. El roce de tu susurro con el aire cuando me corregías las sumas y restas de los cuadernillos de verano. Tú enseñándome lo que era desafinar. Y, sinceramente, y aunque me duela... poco más.

Sin embargo, eres el que preside una foto en sepia junto a una batería. Eres el que recortaba kilómetros con cartas diarias de Madrid a Burgos, y me las imagino cargadas de amor. Sobre todo, eres música. El último destinatario de cada una de las canciones que canto, el pentagrama de las notas de mi voz.

Poco a poco he ido rompiendo el silencio que dejó tu batería al morir. Cuando canto, no necesito más ritmo que el que me suena en mi corazón de tu parte. Con tus baquetas nunca faltará música, por muchos seises de noviembre que pasen.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Yo contigo.

Era octubre, de noche y estábamos solos. Me envolvías con tus brazos, y mi mundo se acababa ahí; tampoco necesitaba más. Ojalá no necesitase más ahora.

Tenía para ti un marco de colores y una foto tapada con post-its que decían que te quería -quiero- mucho. Tampoco eso ha cambiado nada desde entonces. 

Y me besaste, me abrazaste más. Y medio temblorosa te dije que te amaba -amo-, y me salió tu nombre como un terremoto y cinco palabras. Y los ojos te brillaron. Y volviste a abrazarme, y a besarme, y me dijiste que me querías. Ojalá eso no hubiera cambiado desde entonces.

Igual ni te acuerdas, igual ni sabes de qué hablo, pero yo creo que pocas veces he sido más feliz que en ese instante. En ese momento había un presente envuelto en tus brazos y un futuro que me llenaba de nervios, y ganas, y amor.

Nunca el mundo ha sido para mí tan pequeño y tan grande a la vez como en momentos como ese. Tal vez, un febrero frío al calor de las cosquillas. Tal vez, abrazos con mucha piel.

Ojalá me conformase sólo con que te acordaras y supieras de que hablo. Sin embargo, con lo único con lo que podría conformarme sería con que quisieras repetirlo, todos los días.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Frío.

Por fin, llega el frío. Por fin saco el edredón del armario y me envuelvo con él. Por fin me acurruco con mantas en el sofá. Por fin hay una excusa para abrazar. Por fin, dentro de poco, llegará diciembre, el mes más bonito del todos. Por fin, Navidad, Love Actually, All I want for Christmas is you. Por fin diecisiete, por fin tres, por fin mis manos frías en el bolsillo de tu abrigo. Por fin, rosas. 

Y al final... te esfumas.

No todas las flores resisten todos los inviernos. A veces los cristales se empañan y dejan de ser transparentes. Y este año tú no vas a abrazarme. Las calles de Madrid estarán atestadas de gente y tú no vas a vaciarlas. Este año mis manos tendrán que conformarse con unos guantes, a ver si hay suerte. Este año no hay tres, hace mucho dejamos de contar diecisietes.

Hay días que parece que te estás yendo, y de repente vuelves, como un vendaval. Te cuelas en mis sueños, me despiertas. Me golpeas el alma y la dejas sangrando otra vez. Hasta se me escapa otro "no, por favor, no puede ser, no quiero". 

Vuelvo a enfrentarme a mi yo roto. Vuelvo a intentar juntar los trozos. Vuelvo a temblar, deshecha.

Convence tú a mi alma de que ya no vuelves más porque yo no lo consigo. Cuéntale tú que "hasta siempre" significa "hasta algún día en que todo vaya mal". Ahora que viene el frío, explícale tú a mi nariz congelada que ya no está tu cuello caliente para cobijarla.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Qué.

Qué miedo.

Como un niño pequeño que se acaba de caer aprendiendo a montar en bici sin ruedines. Como una araña a la que se le ha venido encima toda su tela. Como un funambulista que aún conserva el dolor de su última costilla rota. 

Qué ganas.

Como un niño pequeño cuya mayor ilusión es derrapar cuesta abajo sobre una bici sin ruedines. Como una araña que sabe que no hay nada más bonito que una tela de seda y plata. Como un funambulista amante de la droga de tentar a la gravedad.

Amante...

¿Qué podía esperarse de mí? Si cada vez que pestañeo me enamoro más del amor. Si creé una reserva natural de mariposas en mi estómago. Si recorté frases en inglés durante un viaje hace años, y concluí que tenía que amar para siempre y vivir el ahora, porque el amor es más fuerte que la muerte.

Mariposas.

Aquí están, volando, enredando, bailando. Borrachas de quién sabe qué. Ansiosas de volver a beber amor. Muertas de pánico por volver a beber amor. Todavía recuerdan la última vez que se atrevieron a volar demasiado. No pensaron que podrían romperse, y ahora algunas tienen las alas echas pedazos.

Tiemblan, a veces de emoción y otras de terror. A veces se desploman ahogadas en recuerdos.


sábado, 1 de noviembre de 2014

Mariposas.

Me estoy volviendo loca. O tal vez sólo del revés. Igual se me está dando la vuelta la piel. Igual tenían razón y es sólo cuestión de tiempo. Porque otra cosa no, pero el tiempo pasa sin que nadie pueda hacer nada.

Los segundos se van y me laten fuerte en el pecho. A veces hasta me duele. A veces noto pinchazos dentro de mí. Mariposas, lo llaman. Pero tienen alfileres en las alas.

Las mariposas me quitan el aire y me aceleran el corazón. Las mariposas llegan a mis manos y tiemblan. Las mariposas me roban las palabras. Las mariposas me roban el sueño, pero cuando consigo soñar...

Cuando consigo soñar, las mariposas se duermen. Tu voz sigue guardada en el fondo de mi memoria, y suena en sueños como una canción. En mis sueños hay mucho mar y cielos grises, hace frío. En mis sueños no sólo oigo tu voz, sino que es tu voz la que me busca.