sábado, 31 de enero de 2015

Inspira. Espira. Espera.

Cuando se cierra la puerta y entra en casa la soledad, todo se desborda dentro de mí.

Mi cuerpo, que luchaba por mantenerse firme y no temblar, se convierte en un terremoto imparable, mis manos se olvidan de escribir nada que no sean las ondas de estos seísmos.

Mi corazón acelerado, corre aún más deprisa, tanto que me duelen las costillas, me revienta el esternón, me golpea toda entera por dentro. Duele tanto que me rompo en los pedazos de un llanto desesperado que sólo quiere gritar.

Mis pulmones se exasperan porque el calor les asfixia, nunca hay aire suficiente. Lo intentan, más rápido, más fuerte, pero no basta.

Mi cabeza no sabe a dónde ir. Todo lo que llevo dentro quiere escaparse, no quiere ser testigo de tanta tristeza. Mi corazón enrabietado, mis pulmones angustiados y toda yo, empezamos a temblar de frío. 

Mi desconsuelo y yo nos encogemos en el suelo, contando una a una cada una de nuestras respiraciones.


viernes, 30 de enero de 2015

Le hablaba el cuerpo.

Se miró las manos, terremotos de cinco dedos, vacías e impacientes por surcar las olas de su espalda. Se miró en el espejo, y sólo vio tropezones y quemaduras, vio dolor y vio unos ojos cargados de frustración y reproche contra sí mismos.

Con las yemas de esos dedos temblorosos se tocó la boca, palpó cada letra que se había callado y recorrió la silueta de cada palabra que no tendría que haber dicho. Con el dedo índice rozó aquella montaña de te quieros pendientes y llenos de polvo. 

Los ojos enrojecidos le devolvieron una mirada triste y desesperada, una mirada de tiempo perdido y valor ahogado. Las lágrimas que derrapaban por sus mejillas sólo le lanzaban una interrogación, un ¿y si? apagado.

Y el corazón, latiendo por puro instinto de supervivencia, escupe en cada bombeo las palabras algún día, cargadas de una esperanza que alimenta sus pulmones, ahogados de tanto Madrid color gris, pidiendo a gritos un verde que brille más.


domingo, 25 de enero de 2015

Microcuento: Dolor.

Sufría como un lienzo que siente como cada uno de sus trazos de colores se borran porque lo han ahogado en aguarrás. El dolor le oprimía el pecho, no era el momento de respirar, cada maldito latido del corazón la reventaba por dentro... Así que esto es lo que ocurre cuando te olvidan, te quemas como si la sangre se te convirtiera en ácido.

Pero vamos a ver, cómo no voy a hacerme daño, si duermo cada noche abrazando espinas.


Abrazos para curar los inviernos.

Son las ocho de la mañana de un domingo y ella está sentada en la mesa del salón, frente a hojas de papel. Se le cierran los ojos y le tiembla todo el cuerpo. Abre la ventana y se asoma a la calle vacía y helada, tal vez porque estamos en enero. Pero ella ya tiritaba así de fuerte antes. Igual es que no es culpa del invierno...

Es un frío que atraviesa toda la ropa, que alcanza los huesos y los destroza. Es un frío que agota el corazón, cansado de correr por entrar en calor. Es un frío que impide pensar, que impide llorar, que lo único que te permite es suplicarle al mundo un abrazo. Un abrazo, ese abrazo. El suyo, claro.

sábado, 24 de enero de 2015

Mi metro cuadrado.

Sin ti, el metro cuadrado que me rodea se me ha quedado grande. Dime, quién me lo llena ahora de abrazos, de caricias en el pelo, de besos en la nariz, de sonrisas que se tocan. 

A veces intento quitarle el polvo que se acumula en las esquinas, y tu olor se levanta como un vendaval, sin dejarme respirar. A veces se me mete la arena en los ojos, e intento escapar de este metro cuadrado que no me deja ir. A veces me coges de la mano por debajo del mantel, y la aprietas fuerte varias veces. Trece veces.

Nunca quise medirnos en kilómetros, nunca lo hice. Nunca estuviste demasiado lejos, ni lo suficientemente cerca. Ni siquiera cuando nos separaba menos de un milímetro, ni siquiera cuando me besabas. Todavía podíamos acercarnos más.


A golpes de paciencia devoramos cualquier distancia, cualquier medida del espacio. El tiempo podía pasar, si quería, que nosotros nos queríamos más. Y podríamos seguir haciéndolo, si el que quisieras fueras tú.

Porque si el amor se deshace... lo vuelves a hacer.


miércoles, 21 de enero de 2015

El fantasma de las promesas pasadas.

Pensaba ver fotos viejas y volver al presente sin rasguños. Sólo de recordar me tiemblan las manos tanto que duele. 

Ven, prométeme que es para siempre, haz que te pida prometerme patos con cabeza de cocodrilo y recuérdame que de nada sirve prometer cosas que nunca van a tener que cumplirse. Demuéstrame que ese híbrido que nos inventamos de verdad no tiene sentido, y si no cumple mi promesa. 

O no. Igual prefiero que no cumplas nada. ¿Te imaginas cuánto dolor?

Sigo abrazándote al dormir como quien se aferra a un clavo ardiendo. Y cuando peor me siento, cuando más tiemblo, más lloro, más me puede todo, eres siempre tú en quien pienso. Cuando la angustia me oprime el pecho y necesito liberarla, pero no quiero contárselo a nadie, en mi cabeza vienes tú y me preguntas qué pasa.

Cuánta rabia, cuánto desamor, cuánto me reprocho. Cuánta pérdida.


No sé ni cómo explicar que sólo puedo llorar,
que necesito la paz que se esconde en tus ojos,
que se anuncia en tu boca, que te da la razón.
Ven, cuéntame aquella historia de princesas y amores
que un día te conté yo.

La paz de tus ojos, La Oreja de Van Gogh.

martes, 20 de enero de 2015

Te veo llegar.

Te veo llegar, al girar la calle. O mejor, al fondo de una calle muy larga, con casas de dos pisos, autobuses rojos y tilos ataviando las aceras. Te veo llegar con un abrigo marrón,  pantalones vaqueros, y un bizcocho con pasas y azúcar glas verde que dice thank you en azul.

Pero sobre todo, te veo llegar con una duda colgando de los labios, una pregunta entre las manos, un te quiero que se te quedó en los bolsillos porque te olvidaste de tirarlo. Te veo llegar y deja de llover, la piedra de las fachadas brilla al Sol y los árboles, de pronto, florecen. Coges una flor y la desmembras para mí, me cuentas sus secretos.

Te veo llegar y dices que me huele a frambuesas el pelo. Te veo llegar con mucho tiempo guardado en los labios, con mi esperanza en tus ojos, con mi tranquilidad en tu voz.

Te veo llegar y la ciudad más bonita del mundo se me hace pequeña. Parpadeo, desapareces, y todo se queda atrás.


-A veces daría todo por escapar de aquí.
Yo miré en la distancia el verde del muérdago en las casas, las agujas de las cúpulas medievales, las muescas rectangulares de las torres almenadas.
-¿Escapar de Oxford? A mí me costaría imaginar un lugar más hermoso.

Los crímenes de Oxford, Guillermo Martínez.

lunes, 19 de enero de 2015

Microcuento: La tristeza que autodestruye.

Vivía cabizbaja y triste, y así se aprendió de memoria todos los grises de las baldosas, se aprendió los charcos del suelo, se aprendió el polvo y las alcantarillas. Cabizbaja y triste se perdió amaneceres y arco iris, se perdió los colores del cielo, se perdió los besos de la Luna y el brillo plateado de las estrellas. Cabizbaja y triste, se reencontró con el amor de su vida, y pasó de largo porque sólo vio sus zapatos.




sábado, 17 de enero de 2015

El cielo de tus brazos.

El cielo nos acariciaba la cara y los rayos de Sol nos vestían... ¿te acuerdas? No recuerdo mayor felicidad. Volábamos.

Hoy, bien anclada a la tierra, no hay nubes ni luz, sólo una bóveda celeste y congelada. Ni vuelo ni tengo ganas de volar, sólo una necesidad enorme de abrir las alas y batirlas fuerte. De irme de aquí. 

El recuerdo se cuela entre mis pestañas y si cierro los ojos vuelvo a verlo todo, casi como si fuera presente. Pero te empeñaste en convertirte en pasado, tus ojos verdes pasaron a grises. El azul y las nubes se transformaron en blanco y negro.

Pues claro que quiero despegar, claro que mi corazón late un poco más vivo si pienso en volver a acariciar el aire. Pero después se me para y cruje. De sobra sabemos, él y yo, que el único capaz de despegarme los pies del suelo eres tú.


jueves, 15 de enero de 2015

¿Tranquilidad?

El viento sopla más de lo normal, y caminar por este camino da auténtico pavor. Apenas tiene fuerza, y una ráfaga demasiado fuerte puede hacerle caer. Parece que las rocas puntiagudas del acantilado se le clavan por todo el cuerpo sólo con mirarlas, y en el suelo aparece una gota de sangre.

Llueve, y el suelo tiembla. Aparece más sangre en el camino, y gota a gota se le escapan las fuerzas, las piernas casi no responden. Tropieza, se rasguña las rodillas; duele, escuece... Como si el salvaje oleaje consiguiera escupir punzadas saladas sobre tus heridas desde el mar. Todavía queda un largo camino por delante y sólo de pensarlo las lágrimas le resbalan por las mejillas. Más salado.

Empieza a sentirse derrotado. Por el viento, el mar, el suelo que tiembla, las rocas, sus propias lágrimas, la sal. Se le acelera el pulso y, como otras tantas veces en los últimos días, se pregunta dónde se ha quedado su tranquilidad. Qué ráfaga de viento se la llevo, qué ola de mar se la ha tragado.

Mi tranquilidad, que era la tuya... Te prometo que creo que nunca me había hecho tanta falta.


lunes, 12 de enero de 2015

Tanta ausencia.

Una noche maldormida.
Una siesta imprevista.
Un café cargado.
Unos apuntes a estudiar.

Estoy demasiado poco cansada, no lo suficiente como para enterrarme en el edredón y dormirme de forma automática. No lo suficiente como para huir de puntillas y que la realidad que me acecha a cada segundo no me asalte en mitad de la oscuridad. A ver dónde iba a meterme, cómo iba a escapar. Estoy demasiado poco cansada y me da miedo apagar la la luz... 

Es todo tan negro... Tan triste, tan rápido, tan horrible. Tan ausente, tan muerto, tan a pedradas. Tan increíble, tan lejos, tan en silencio. Tanto dolor, tantas lágrimas, tan a ratos. Tan inquieto, tan frío, tan arrugado. Tan desastre, tan sin música, tan recuerdos y lápidas. Tan corazón que llora, tan manos que tiemblan, tan ángel que falta. Tan surreal. Tan pocas flores, tan poco bonitas si son para ti. Tan pocas veces que te dije lo mucho que te quiero, tanto pesa ahora en el alma. Tan hasta siempre, tan nunca, tan irreversible.

Una tila.
Una pizca de valor.
...y apago la luz.


domingo, 11 de enero de 2015

Otro ángel.

Supongo que el mejor regalo de cumpleaños para un ángel es que otro ángel suba al cielo a hacerle compañía.


Anoche, al dormir, lo único que le pedía al día de hoy era no echarme el café del desayuno encima (otra vez) y que el despertador no doliese mucho. 

A las cinco de la mañana yo abría los ojos y tú apagabas los tuyos. Y ahora cierro los míos con una fuerza que duele, por si así ocurre un milagro, por si vuelve la luz. Por si no hace falta que termine de creerme que te has ido, por ejemplo.

Me da miedo inspirar demasiado hondo por si este día tan triste me ahoga los pulmones, me da mucho miedo hablar por si me falla la voz y rompo a llorar. Lo único que quiero es que alguien me abrace fuerte, tan fuerte que se me olvide que vuelvo a ser la niña más pequeña del mundo, que siempre y nunca siguen siendo demasiado grandes para mí.

Cómo no voy a creer en los ángeles, si yo tengo dos.


jueves, 8 de enero de 2015

Microcuento: Crimen y cafeína.

A sorbos de café intentó matar los restos de aquel sueño, agonizantes ya por culpa del despertador. Aunque en el fondo sabía que no era un asesinato, sino un suicidio. Y aunque, más en el fondo del vaso donde se acumulaba el azúcar no disuelto, sabía que de poco le serviría eso a ella, experta en soñar despierta.

Quién sabe cómo de amargo tendría que estar el café para borrar la dulzura de esos besos y esos abrazos.

Basado en hechos reales.



miércoles, 7 de enero de 2015

La metáfora de mi vida.

Érase una vez, una niña con una rosa. Era una flor hermosísima, y por eso la muchacha la colocó allí donde pudiera verla a diario, la mimaba y le cambiaba el agua todos los días. La rosa brillaba con un color rojo precioso, pero la niña no podía quitarse de la cabeza la idea de que pronto empezaría a marchitarse.

A pesar de ello, siguió mimándola igual que siempre. Incluso agonizante, era la flor más bella que jamás había visto y sabía que nunca encontraría otra que le robase el corazón de la misma forma. Incluso alicaída y con los pétalos ennegrecidos, se resistía a verla morir.

Ella se convirtió en la chica que cambiaba el agua a las rosas aunque estuvieran prácticamente muertas, y se dio cuenta de que la metáfora siempre había sido la historia de su vida.


"Ninguna causa está perdida mientras quede un insensato dispuesto a luchar por ella" - Piratas del Caribe: En el fin del mundo.

martes, 6 de enero de 2015

Días marchitos y rosas cabizbajas.

Ya no me hace falta lo mejor, me conformo con lo menos malo. Con tal de que no me caigan lágrimas encima de las heridas, es suficiente. Escuece. Escuecen los días cabizbajos como rosas marchitas si no estás tú para levantarlos con una palabra, o con un gesto. Con lo que fuera.

A lo mejor nos pasamos de la raya al prometer, y yo me pasé de la raya también al creer. Ojalá pudiera pasarme de la raya luchando por algo que me sale del corazón, porque la razón nunca podrá ganarle. Ojalá las letras de las canciones mientan.

Ojalá la rosa más bonita que he visto jamás pudiera levantar sus pétalos al cielo de nuevo.


Igual que una flor resignada decora un despacho elegante,
prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño,
y reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado.

Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo,
procuro encender en secreto una vela, no sea que por si acaso,
un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver,
reduciendo estas palabras a un trozo de papel.

Me callo porque es más cómodo engañarse,
me callo porque ha ganado la razón al corazón;
pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré tan sólo a ti.

Deseos de cosas imposibles - La Oreja de Van Gogh

lunes, 5 de enero de 2015

Carta a los Reyes Magos.

Queridos Reyes Magos:

Este año no tengo muy claro cómo me he portado, pero creo que, si algo hice mal, en su momento ya me llovió carbón. Por otro lado, tampoco tengo muy claro qué quiero que me dejéis esta noche.

Tal vez un abrazo de esos que simplemente con recordarlo, en cualquier momento, se lleva todo el dolor, calma los pulsos acelerados y seca las mejillas empapadas. 

También quiero que el Sol le dé un beso a la Luna, de esos que hacen que las estrellas brillen mucho más, que las agujas del reloj primero se congelen y luego vuelen, que las noches sean más bonitas y los cielos más azules.

Quiero una caricia, dulce como el algodón de azúcar, suave como los pétalos de las flores, lenta como los amores de verdad. Una caricia rebelde, de las que pone los pelos de punta y hace cosquillas al final.

Quiero inspiración, de la que brotan poemas de amor y alegría, la que arranca de mi corazón todo lo que arrastra, la que desencadena tormentas en mis ojos y libera mis letras y mi sangre.

Por último, quiero el valor que se me ha escapado, quiero alas para las palabras que nunca he podido decir, quiero melodías que nunca se cansen de ser cantadas, y papeles en blanco que pidan a gritos ser llenados de historias. Quiero que esta vez sea la buena. 

Quiero tinta negra.

Muchas gracias, y buen viaje.



domingo, 4 de enero de 2015

Besos, sonrisas y flores.

Me quedé con un beso colgado de la tercera comisura de mis labios, y ahora me da miedo sacarla por si lo pierdo y no puedo dártelo nunca. Me da miedo entrar de puntillas en un recuerdo y enamorarme de su encanto, sé que nunca querría volver. 

Todas las flores se marchitan, no importa el esfuerzo, el borde de los pétalos empieza a ennegrecerse. Al final, lo único que queda son rosas rojas por el suelo suplicando que respires el último aliento de su olor.



sábado, 3 de enero de 2015

Cine mudo.

El tiempo pasa a mi lado y, aunque me resisto, me va arrancado recuerdos poco a poco. Demasiado lento o demasiado rápido, aún no lo sé. Tu olor, tu voz, tu risa...

Me olvido de tu risa, pero no de la cara que ponías al reírte, ni de cómo se te cerraban los ojos. Me olvido de tu voz, pero no del color de tus ojos. Me olvido de tu olor, pero no de cómo me envolvía cada vez que volvíamos a vernos después de mucho tiempo. Y como no puedo olvidarme de tus canciones, todo se convierte en una película de cine mudo. Las palabras ya las pongo yo.

El guión dice que es el primer fin de semana de febrero, que tengo que bajarme por primera vez en una estación desconocida y que hace mucho frío. También dice que en el andén tienes que estar tú esperando.

Después la acción se traslada a una cueva, porque en esta película todo es posible, y el guión vuelve a mandar. Dice que tienes que taparme los ojos, hacer que luces brillen como estrellas y poner la música de mi película favorita. Dice que vamos a bailar abrazados, y que yo tengo que sentir que eres lo mejor que me ha pasado nunca.


Decido olvidarme del guión y seguir por mi cuenta. Supongo que me he paseado demasiado cerca del precipicio y me he tropezado, porque aún tengo el corazón atenazado y el pulso fuerte y acelerado y sólo te he recordado un poquito, siguiendo el guión. 

Intento escribir mi propio guión, y dice que tienes que aparecer detrás de cualquier esquina, pero dudo que vayas a seguirlo.

viernes, 2 de enero de 2015

1309.

Es posible que aquello que parecía tan negro sólo fuera gris. Tal vez nada estuviera sumido en la total oscuridad que aparentaba, si a pesar de todo había cinco velas que brillaban. Personas, versos, canciones, citas, películas, momentos, carcajadas inmortalizados con tinta azul, lila o rosa, depende del día.

Releo la felicidad pasada y a veces no recuerdo qué quería decir, pero alguna sonrisa me arrancaría, y hoy no soy nadie para cuestionarlo. Hasta el día más triste que recuerdo tiene sus cinco cosas bonitas. Sinceramente, no sé muy bien de dónde saqué la fuerza necesaria para escribir "el día amaneció ilusionado" aquel 13 de julio. Pero ahí está, escrito en azul, encima de una cita de Nils Kjaer que dice que el que se pierde es el que encuentra las nuevas sendas. Vaya si me perdí.

Una gota de agua no sirve de mucho, pero 1309 gotas de agua llenan un vaso y aliviaron esa sed de alegría que tenía. Una bombilla puede no iluminar demasiado en medio de tanta negrura, pero 1309 bombillas pueden mostrar el verdadero color de la realidad que te rodea. A lo mejor no es tan negro.

Es posible que a veces buscar esas gotas de agua, esos puntos de luz, me arrancara lágrimas de puro esfuerzo. Es posible que a veces brillaran flojito, pero las acabé encontrando y ahora todo es más bonito. 

Gracias, a la gota de agua que me dio la idea, a las gotas de agua que recogí por el camino, a las gotas de agua que se han evaporado, a las gotas de agua que me faltaron por escribir, a las gotas de agua que van a venir. A lo que espero que acabe siendo un océano, una verdadera fuente inagotable de sonrisas.


Continuará...