viernes, 27 de febrero de 2015

Oleaje.

Primero me dejas y, ahora, coges y vuelves en sueños. Buscas el roce de mi mano, buscas un abrazo, buscas mis ojos. Me buscas y lo último que quieres decir es adiós. Si cierro los ojos, aún siento tus dedos enredados en mis dedos y tiemblo un poco.

Entonces, el despertador dice que deje de dormir, yo le digo que no quiero y tú dices que me quieres. Y me desarmas.

Yo, que empezaba a jugar con el vaivén del mar sobre la orilla, siento cómo la ola más fiera me encuentra con la guardia bajada y me derriba. Yo, que empezaba a disfrutar de la sal en mi piel, tengo la boca llena de arena. Y de ti.


jueves, 26 de febrero de 2015

¿Serás una respuesta?

Eres como un microcuento escrito al filo de cada uno de los sesenta minutos que forman una hora. Eres una interrogación enorme, que lo llena absolutamente todo. Eres más parte de imaginación que de verdad. La diana en la que aciertan mis ojos cada vez que tú pasas y a mí me pasa algo dentro.

Eres un latido más acelerado de lo normal, una respiración ligeramente contenida, tal vez. Eres una voz grave, una piel tostada y un pelo corto. Eres una pregunta, una incógnita y una ola que va y viene a la orilla de mi mente.


miércoles, 25 de febrero de 2015

El libro.

He pasado las páginas de este libro más rápido que pasaban los días de mi vida desde que decidiste no formar más parte de ella. He devorado las letras y las palabras que me contaban un cuento que ya me sonaba. Algunos párrafos eran un auténtico déjà vu. No sé exactamente en qué punto dejé de leer los nombres de los protagonistas y los cambié por el tuyo y el mío.

Me gusta porque ella narra la historia, y se la narra a él. Es como esa carta que te tengo guardada por ahí, en algún sitio, esperando a que la termine. A que tal vez algún día puedas leerla, o yo misma te la pueda leer.

Tampoco recuerdo el momento exacto en que el papel se transformó en el cristal de un espejo. Cuando empecé a sospechar que la tinta de la autora habría salido de mi propio corazón, de no ser porque el libro ya existía antes de que yo sintiera todo aquello que supuso tu adiós. 

Dicen que si lloras al terminarte un libro en el tren, la gente te mira raro. Dicen.

Quién sabe, tal vez esté empezando a escaparme. No lo sé. No pondría la mano en el fuego por un mí sin ti. Tal vez no siempre.



viernes, 20 de febrero de 2015

Tu paso.

A cuadros me has dejado, como tu camisa. Has vuelto a pasar, y ha vuelto a pasar. Y otra vez me quedo atada al camino que llevas, a tus pasos y tus brazos. 

Pero no sé quién eres. Cuéntame algo de ti, si te gusta leer y si te gusta la música; por favor, espero que te guste la música. Cuéntame cuál es tu color de ojos favorito; por favor, dime que es el azul que quiere ser verde.

La próxima vez que pases, podrías darte cuenta de qué pasa.


jueves, 19 de febrero de 2015

Microcuento: Primera vista.

Pasas y te veo y la mirada se me queda enganchada a tu pelo, tu espalda, tu piel. Tu nombre revolotea apenas un segundo por delante de mis ojos, lo suficiente como para que mi memoria lo olvide todo sólo para recordarlo.

Me da igual quién seas, o si volverás a pasar. El corazón ya me lo has acariciado.


miércoles, 18 de febrero de 2015

Pulsátil.

A veces creo que la vida funciona a pulsos inconexos.

Unos días tu ausencia se me viene encima como una presión que no me deja ni levantarme. Esos días estamos sentados en un pedazo de césped del Retiro, no importa cual. Sentados en un pedazo de césped me decidí a empezar toda nuestra historia y sentados en otro pedazo de césped le pusiste punto final. Fue un trabajo en equipo. Estos días la soledad me golpea y me lanza contra un pedazo de césped demasiado grande para mí sola.

Otros días, me aferro a las agujas del reloj, que siguen dando vueltas sin darse cuenta de que me arañan y me destrozan a cada segundo que pasa. Estos días, dejo mi corazón en stand by cuando me despierto, y dejo que el tiempo me lleve a dónde sea que quiera llevarme. Estos días, las briznas de hierba paralizan su crecimiento, la savia se les queda congelada. Sólo esperan, y yo te espero.

A veces, un pulso suave y casi imperceptible me normaliza las constantes vitales. Puedo pensar en ti y no se me encharcan los ojos, puedo acordarme de los dos pedazos de césped y no me tiemblan las manos. Incluso se me pasa por la cabeza la descabellada idea de dejar de quererte alguna vez. Pero el verde del suelo me lleva al verde de tus ojos, y me siega el corazón. Da un salto, frena y luego se acelera. Y quiere huir y no moverse. Sabe dónde estaría a salvo, tal vez corriendo justo en dirección contraria al que un día fue su refugio. Estos días me dueles en lo más hondo de mi alma.

Vivo a calambrazos. Del dolor al vacío, del vacío al pinchazo, y del pinchazo al dolor. Pero siempre verde.


lunes, 16 de febrero de 2015

Qué quiero ser.

Carnaval es ese día en que puedes ser quien quieras ser. Desatas tu imaginación, dejas que vuele, y el único límite que existe es hasta dónde estés dispuesto a trabajarte tu disfraz. Sólo hay una barrera que pueda frenarte, y eres tú mismo. Básicamente como el resto del tiempo.

Antes de Carnaval, cierro los ojos y pienso en qué querría ser. Se me vienen a la cabeza mil cosas, pero hay una que brilla sobre las demás. 

Tu buena música.

Esa que te enamora, que acaricia tu oído y viaja a base de impulsos nerviosos por todo tu cuerpo. La música que hace que se te erice la piel, que las manos te bailen golpeando unas baquetas imaginarias, que el pulso se te acelere y los ojos esos que tienes se te cierren, porque el mundo exterior no importa si tienes buena música dentro.

Quiero ser esa canción que transforma todo lo que te rodea, que le susurra su melodía a tu corazón y lo conmueve. La música que te saca una sonrisa, el estribillo pegadizo y optimista que eres incapaz de sacarte de la cabeza. Pero también quiero ser ese entramado de negras, silencios y corcheas que ralentizan la sangre en tus venas, que detiene al aire en tus pulmones y te empapa los ojos y las mejillas de emoción.

Por encima de cualquier cosa, quiero ser esa canción que vuelves a poner cuando termina. Ese baile entre melodía y letra que hace tus minutos más breves y nunca quieres que acabe, que es como un beso breve que sólo buscas repetir, que paladeas y saboreas. 

No hay nada que quiera con más fuerza que ser esa buena música de la que estás enamorado. En Carnaval y todos los días.


sábado, 14 de febrero de 2015

Aniversario del error.

Feliz primer año juntos.

Estos 365 días a tu lado han sido una auténtica tortura, un reproche detrás de otro, un lastre que me persigue y nunca se me va a ir, porque yo nunca le voy a olvidar y él nunca va a volver.

Todo el mundo comete errores y de los errores se aprende. Pero tal vez, sólo tal vez, cuando caminas por la cuerda floja más bonita que la vida te ha dado, cometer el error de pulverizar la red no es lo más acertado. Porque si vuelves a tropezar te caes y te mueres.

Era de noche, llovía, y me dejé enredar por la idiotez.

Destrocé la red que nos protegía, encaramados a ese cable suspendido a kilómetros de altura, tantos como kilómetros nos separaban en realidad. Nunca fue fácil, y desde entonces menos.

El día del amor es el aniversario del tachón que dibujé en nuestra historia. El primer trazo de la palabra FIN. 

Cuesta abajo, sin frenos, condenados un 14 de febrero.

Hoy, te quiero cien veces más que ayer, pero mil veces menos que mañana. Tengo cada una de las promesas que te hice pespunteadas en el alma y no voy a descoserlas. Es mi error, mi culpa, mis promesas, mi siempre.


martes, 10 de febrero de 2015

Olvido al despertar.

Dulce, tierno, suave. Su voz se funde con las palabras más bonitas que jamás he escuchado, que jamás habría soñado volver a escuchar de su boca. Hacía tiempo que la felicidad no me llega como una bocanada de aire fresco, hacía tiempo que no sentía la sonrisa de la vida como una caricia lenta y casi eterna.

De repente, un enorme estruendo nos separa. Se aleja, desgarrándome, y yo abro los ojos y me despierto. Aferro sus palabras soñadas, que se me escurren entre los dedos. Desesperada, me cuelgo del brillo de sus ojos y su voz, me abrazo al tacto de sus manos, al azul del cielo y a los rayos del sol. Pero sus palabras se me han olvidado, se han escapado de mi memoria, que queda desolada y llora.


Have faith in your dreams and, someday,
your rainbow will come smiling through.
No matter how your heart it grieving,
if you keep on believing,
the dream that you wish will come true.

A dream is a wish your heart makes - Cinderella, Disney.

sábado, 7 de febrero de 2015

Agotada.

El cansancio acumulado me pesa en los hombros, en los párpados, en el malva de mis ojeras. Y cuando por fin puedo rendirme a él, algo dentro de mí decide soñar... y soñando me despierto tan agotada como me dormí.

Al soñar, estás ahí. Dios mío, abuela, estás ahí. Con una tortilla de patata en las manos, con tus gafas, con tu voz. Estás ahí, y una parte de mi cabeza no para de repetirme que es mentira, que es imposible, porque te has ido y tu marcha es de las que no tienen remedio. Pero es que estás ahí, tan tú, tan de verdad, que yo ya no sé qué es cierto y qué no.

Me despierto y decido que basta ya de soñar, que es una tortura. Y cuando por fin abro los ojos a la luz del día, algo dentro de mí decide que es un buen momento para recordar. Lo que sea con tal de no dejar al corazón sosegarse.

Hace un año, cada una de las terminaciones nerviosas de mi piel se volvía loca bajo el peso de tus caricias. Hoy, preguntan por ti, no se encuentran sentido a sí mismas tan serenas, tan vacías. Sin la necesidad de transmitir impulsos tan urgentes como el roce de tus manos.


viernes, 6 de febrero de 2015

Inútil.

No me sirves de nada, maldita nube de algodón sobre el cielo extrañamente azul de Madrid. No me sirves para imaginar verlo todo desde ahí arriba, no me sirves para adorarte, para desear acariciarte o para querer descansar mis propios sueños en medio de tu blancura.

No me sirves de nada tan lejos, tan inalcanzable. No me sirves para nada más que para frustrarme, como una metáfora de todo aquello que más anhelo y que no tengo, nunca sabré si por llegar demasiado pronto o demasiado tarde.

No me sirves de nada, maldita nube de algodón, no me sirves si te veo desde Madrid.


jueves, 5 de febrero de 2015

De peonzas, norias y vidas que giran.

Creía que lo había olvidado, pero no. La vida es una -maldita o no, depende- peonza. Gira y no frena, y tal vez en ese instante de derrumbe te estás perdiendo el viraje que esperabas. 

Vuelvo a subirme a esta noria, sin poder evitar pedirle por favor que se mueva rápido. Nunca sabes a dónde te va a llevar la vida, ni a dónde te va a devolver. Tengo pedazos de esperanza alterando la estructura de mi hemoglobina, y por eso a veces siento que no respiro. Pero la vida, por fin -espero-, vuelve a estar en marcha.

En la calle el viento sopla y las hojas de los árboles vuelan como tal vez nunca soñaron que lo harían. Y míralas ahora, surcando el cielo en revoloteos impredecibles. Tan impredecibles como mi noria, aunque no pueda parar de pedirle, una y otra vez, el mismo deseo.


miércoles, 4 de febrero de 2015

La excusa del frío y la ventana abierta.

He abierto la ventana, olía a ti y no he encontrado en mi cuerpo ni un poquito de valor para volver a cerrarla.

Olía a frío, a aire limpio -lo más limpio que Madrid nos permite-, a mañanas abrigadas, a mi nariz congelada buscando refugio en tu cuello. A tu risa. 

Aunque esta temperatura tan baja empieza ya a dolerme, aunque sienta en los dedos punzadas congeladas, la calle huele a ti y no quiero alejarme de ese olor nunca. Aunque cambie mis manos por carámbanos de hielo, aunque la sangre se me transforme en escarcha, aunque me cueste escribir porque aún tirito, aunque tu recuerdo se me haya metido tan dentro que ya da igual si me incendio, que este frío no se me va...

En realidad, tal vez no hayas llegado de repente como una ventisca. La verdad es que no te vas de mi cabeza, no dejas de hacer temblar mis huesos nunca. Posiblemente esta ventana abierta es sólo una manera de repetir que una parte de mi corazón se niega a dejar de esperar, y que me acuerdo de ti a todas horas.


lunes, 2 de febrero de 2015

Microcuento: Despeinada.

De pronto, se levanta un poco de aire y una idea escondida se me descoloca y me despeina. Tal vez. Pero qué a destiempo, qué inapropiado, y a la vez qué necesario.

Busco a alguien que me recoloque los rizos, que devuelva cada mechón y cada idea a su lugar. Aunque tal vez lo único que quiera sea alguien que me diga que así de despeinada, también estoy guapa.


domingo, 1 de febrero de 2015

Regret.

He buscado en mil lugares la fecha de caducidad de los remordimientos de conciencia. Y no tienen, aquí siguen. Las palabras que me callé, los lo siento que  nunca han salido de mis labios. He recorrido de memoria cada vez que soñé que, por fin, decía lo mucho que lo siento, liberaba ese enorme lastre de mi espalda y, después, me despertaba, igual de cobarde que siempre.

Nunca me decidí a ser tan valiente como yo misma creía, y ahora, pago de la misma forma. Creo que jamás me he sentido más bajo tierra, más ahogada, más desesperada, más hundida. Creo que jamás me he sentido menos.

Creo que jamás un dolor fue tan insoportable.

Lo siento, con cada trozo de mi corazón; lo siento con toda mi alma. Es un poco cobarde atreverme (más o menos) a lamentarlo ahora, cuando estoy en el mismo lugar y ni sé, ni quiero salir, pero lo siento de una forma que me araña por dentro.