lunes, 30 de marzo de 2015

Carta de amor hecho trizas.

Querido pedazo de cielo roto en pedazos:

Te escribo porque me la he encontrado esta mañana en el espejo, y como sonreía, he aprovechado el espacio entre sus labios para colarme dentro suyo y verla por dentro; el panorama era desolador.

Dice que se siente como si te estuviese olvidando a ratos, pero que se acuerda de ti a cada maldito momento y eso le complica la vida. Que no sabe cuánto tiempo se aguanta así.

Y, sin embargo, aún más he sabido de las cosas que no dice, que son la mayoría. Ya la conoces, escribe más de lo que habla. Empezó a escribirte un poema de apenas ocho versos en los que contaba que había soñado contigo. Dejó a medio escribir el cuento de vuestra historia, encerrando los capítulos acabados en una caja de mariposas que no se atreve a volver a abrir.

He visto las paredes de su alma llenas de arañazos, uno por cada vez que te necesitó y tuvo que conformarse con nada. He visto las palabras paciencia, esperanza e ilusa escritas a base de heridas, he visto cada día que ha pasado sin ti. He visto, entre rasguños, la certeza de que, en el fondo, sólo espera que algún día la vida le permita seguir el cuento que ella se niega a terminar. ¿Te acuerdas de lo valiente que le dijiste que era? Porque a ella se le ha olvidado.

También he buscado su corazón, y no lo he encontrado. Por lo visto, lo poco entero que de él dejaste ella lo transformó en letras de tinta negra sobre folios azules y verdes. Como vuestros ojos. Ha convertido su corazón en una carta que le quema en las manos, que ojalá algún día puedas leer, porque a día de hoy es lo poco que queda de ella.

No le digas que te he contado todo esto, no le digas que te he pedido por favor que dejes de colarte en su cabeza cuando sueña, no le digas que te he dicho que se acuerda de ti cinco días por cada segundo que te olvida. No la delates, no dejes que sepa que sabes que cada vez que he pasado por un sendero de sus sentimientos ha roto a llorar y ha dejado de escribir.


Como ves, de lo valiente que soy no me atrevo ni a despedirme. 

sábado, 28 de marzo de 2015

Aquel día, en medio de todo aquello.

Aquel día, se despertó sin fuerzas, se levantó sin ganas, respiró con miedo. Despegó los párpados con angustia, por si desencadenaba una cascada en cada mejilla. Miró hacia atrás y sólo vio gente de espaldas, caminando en dirección contraria, y un bulevar lleno de máscaras rotas. Aquel día la angustia le reventaba los pulmones, y la impotencia, y la tristeza.

En medio de todo aquello, tú pasaste por su cabeza. Tú y la tranquilidad con que solías arroparla sólo con hablar. El frío se coló por las rendijas de un edredón que no daba más de sí, y ella tembló. A veces cree haber cerrado de un portazo el dolor, pero entonces se acuerda de que le faltas y todo vuelve al principio.

Aquel día, el cielo estaba tan azul y el sol brillaba tanto que daba miedo lo claras que se veían las cosas. Las espinas que se habían sembrado en el camino, los goterones de sangre que lo emborronaban todo. Aquel día, todo se tambaleaba un poco y ella no estaba segura de cuánto tiempo más podría mantener el equilibrio.

En medio de todo aquello, se acordó de tus pupilas verde esperanza, y las suyas se llenaron de agua salada. Cuánta falta le hacías, justo entonces, y todos los días.

jueves, 26 de marzo de 2015

Si no fueras tan tú.

Si no fueras tan pregunta, tan enigma, tan misterio... tal vez podría -cuando no te tuviera cerca- hacerme una idea de si eres un príncipe que por las mañanas se viste de azul o gris.

Si no fueras tan locura, tan sonrisa en mi cara, tan pedacito de cielo entre nubes de tormenta... tal vez podría recordar que en realidad nada me puede hacer pensar que seas así de maravilloso.

Si no fueras tan bote salvavidas, tan parche en las heridas, tan bocanada de aire nuevo... tal vez podría contarle a mi corazón que a lo mejor me hundes, a lo mejor me matas, a lo mejor me asfixias.

Si no fueras tan mi corazón acelerado, tan rojo en mis mejillas, tan voz de olas de mar... tal vez podría encontrarte algún defecto, mirarte un poco menos, dejarte de escribir.


Si no fueras tan... imprevisible
Si no fueras tan... impresindible
Si no fueras tan... irrepetible
(...)
Yo no estaría aquí
jugándome por ti
la vida a cara o cruz

Si no fueras tan - Joaquín Sabina

lunes, 16 de marzo de 2015

La próxima parada de tu tren de larga distancia.

Tu recuerdo ha venido a visitarme en tren. O tal vez le he recogido en una estación de autobús cualquiera que tú convertiste en especial.

Qué raro ha sido no correr a esa dársena, a la de siempre, y verte recoger la maleta mientras me buscas con la mirada. Qué doloroso ha sido repetirme que en ese autobús que venía de Salamanca ya no vendrías tú más.

Tu recuerdo ha venido a visitarme en tren y el tren me ha arrollado. Supongo que a rastras me he ido del lugar del siniestro, pero mi corazón se me ha quedado olvidado entre las vías, tal vez esperando a que tu tren vuelva a recogerlo.


domingo, 15 de marzo de 2015

Tal vez todo, quizá nada.

El color exacto de tus ojos, tu destino favorito, la canción que te despierta por las mañanas y las palabras que consiguen detenerte el corazón. La tontería que puede arrancarte la carcajada más grande, el soplo de viento que consigue sacarte de tu estado de máxima concentración mientras yo te miro concentrada. Y te acabas dando cuenta.

Hay tantas cosas que no sé, que apenas eres más que una gran pregunta. Tal vez sólo seas un parche, tal vez una medicina. Tal vez puntos de sutura. Quizá jamás pases de ser un enigma. Quizá nada, quizá un aleteo que nunca se atreva a despegar.


miércoles, 11 de marzo de 2015

Luz.

"Me tomas la mano y llegamos a un túnel que apaga la luz"

Nos quedamos a oscuras muchas veces. Cuando se funde la bombilla que alumbra las instrucciones que seguimos para no equivocarnos. Cuando un soplo de aire extingue la llama de la vela que ilumina los pasos que vamos dando. Cuando se cierran los ojos de quien siempre había estado, de quien nunca imaginaste que un día no estuviera.

Si hace sólo sesenta días se apagó la luz que me dabas, y ya me parece una eternidad, dime qué hago ahora el resto de mi vida. Dime cómo se sale de este túnel tan oscuro, cuáles son las instrucciones, dónde tengo que apoyar cada uno de mis pasos para escaparme.

Porque yo ya no sé si es peor soñar que estás conmigo, o despertarme a golpe de realidad, cambiando la suerte por la muerte, con el corazón encogido y la cabeza en ese domingo de enero.



Sin avisar, ha vuelto mi abuela para darme un beso. Me ha cogido con su mano delgada y ha apretado la mía. Solo venía a recordarme aquello que me dijo una vez por teléfono: que me iba a echar mucho de menos cuando se muriera. Y me lo ha repetido. Y se ha vuelto a ir.
La luz de Candela - Mónica Carrillo

sábado, 7 de marzo de 2015

Microcuento: Mañanas.

Se vistió de rayos de Sol y salió a la calle a desayunarse el mundo. No existían zapatos que conocieran el rumbo que quería llevar, y caminó descalza. Fue el viento el encargado de (des)peinarle los rizos, y sus pulmones respiraron los versos que el amor recitaba en su cabeza. Le brillaban los ojos al reflejar la melodía de la canción que iba tarareando. 

Sin querer, se atragantó. Sus pies empezaron a teñir el suelo con lágrimas de sangre, y el pelo se le llenó de enredones. El poema dejó de rimar. En mitad de la canción olvidó la letra. 

Y si le dolía, apretaba los párpados y liberaba recuerdos en forma de pequeños suspiros que le rasgaban los labios.


viernes, 6 de marzo de 2015

El pantano de tus recuerdos.

Tengo unas ganas locas de enamorarme. De que esas mariposas que a veces me acarician las paredes del estómago me hagan cosquillas en el alma y de que el corazón me golpee con tanta fuerza las costillas que sienta que me las va a romper. 

Y, sin embargo, es frustrante, porque apareces cada vez que doblo una esquina para preguntarme, un día que está aún por venir, si le quiero tanto como te quise a ti. Sinceramente, creo que la pregunta está de más, pero no. Es imposible querer más, te lo repetí mil veces, y nunca te mentí.

Además, a ti te quise como sólo se quiere la primera vez, sin ese pánico atroz a que te destrocen el corazón. Sin ese miedo que ahora me atenaza cada latido. Sin ese terror a otro julio árido y salado, al vacío que se me incrustó en el pecho, a las noches silenciosas y al no poder buscar consuelo en quien siempre me calmó, porque entonces era por quien lloraba.

Me siento como si, después de haber reído durante años, de repente tuviese agujetas en las costillas. Unas agujetas que me pinchan los costados, y al final acabo por reprimir las carcajadas para ahorrarme el dolor. Me siento como si hubiera decidido reconstruirme sobre terreno pantanoso, como si tu nombre -que a veces se me escapa- fuera capaz de hacer que me venga abajo sólo con rozarme.


jueves, 5 de marzo de 2015

Justo hoy, casualidad.

Justo da la casualidad de que el viento sopla con una fuerza determinada, y arranca una hoja de aquella rama de ese árbol de ahí.

Justo esta noche he soñado que ella estaba sentada a mi lado en el sofá, y un momento de lucidez me ha recordado que era imposible que fuera real, porque sus páginas en mi vida han terminado y no es de las que puedas releer. Hay palabras que sólo pueden recordarse ya.

Justo da la casualidad de que la hoja de ese árbol de ahí vuela hacia a mí, y se enreda en el entramado castaño que el viento ha hecho de mi pelo.

Justo hoy el tren ha arrancado y se me ha olvidado olvidarme esos recuerdos en el andén. Me persiguen en el vagón, se mezclan con el aire que respiro, y ya no sé escaparme. Nos rescato a los dos siendo felices del baúl de los recuerdos que -me repito mil millones de veces cada segundo- ya no me hacen temblar de angustia. Y me convierto en un pequeño terremoto.

Justo da la casualidad de que pasa una mano y se lanza a esa hoja de aquel árbol que abrazan mis rizos, y la libera, y libera a mi corazón desbocado.

Justo hoy al bajar las escaleras he creído verte pero no era verdad. Se me han parado todas las agujas del reloj, aferradas al filo de una sonrisa con forma de casualidad. Pero entre toda aquella gente no estabas tú, y esa ha sido la peor casualidad de todas.


La casualidad
se puso el disfraz
de una mariposa
que al vuelo se entregó
y, soltando su efecto, nos acarició.

Mariposa - La Oreja de Van Gogh.

lunes, 2 de marzo de 2015

Espacio protegido.

Tengo un suave aleteo de colores dentro, haciéndome cosquillas en la tripa. Tengo el corazón a veces un poco desbocado, y a veces la respiración se me olvida. Tengo flores brotando en los rinconcitos de mi mente que quedan libres. Tengo canciones en las palmas de las manos y tengo vestidos azules.

A veces, todo esto se esfuma. El aleteo se apaga, las flores duermen, las canciones cierran los ojos y los vestidos azules dejan de bailar.

Pero tampoco puedo negar que conviertes la boca de mi estómago en una reserva natural de mariposas...



domingo, 1 de marzo de 2015

Brújula.

Te vas, y luego vuelves en cada uno de mis sueños. Primero a decirme que me quieres, a destrozarme otra vez dos días después. Y yo no tengo tiempo de hacerme a la idea de nada, no tengo tiempo de montar los andamios que puedan sostenerme la próxima vez que al dormir tú aparezcas.

Mi puedo, pero no me da la gana enmascarado en todas las promesas que te hice. Los arañazos en mis rodillas por tropezarme contigo cada vez que empiezo a correr de nuevo. Mis respiraciones lentas, profundas y controladas cuando los ojos se me cargan de agua y sal. Tu nombre colándose por las rendijas de mi subconsciente incluso si pienso en otra persona, porque nadie más puede acompañar mis te quiero.

A ratos creo descubrir las coordenadas que tal vez me pongan a salvo, a ratos creo haber encontrado el norte que perdí al perderte a ti. Y entonces el viento me trae tu voz, y se me olvida que te estaba olvidando.