miércoles, 29 de abril de 2015

Canciones.

Érase una vez tú.
Y en ese momento yo.
Y luego tú.
Y entonces yo .


Las canciones tristes hoy no caben en mi vida, el iPod no las deja sonar. Tengo aún un cosquilleo en la tripa y terremotos de emoción en los dedos. Tengo una canción -esa canción- todavía metida en la cabeza, y en el alma, y en la piel de gallina. La primera canción que me hizo llorar, la difícil. La que conseguí hacer mía.

Pero de repente todas las canciones se me apagan y sólo suena una. No sé si tiene melodía y tampoco sé si tiene letra; sé que tiene tu voz. Y tu tacto. Y me arranca un suspiro que fijo entre porta y cubre para que no se escape, para que se quede ahí siempre, del color de la esperanza. 





viernes, 24 de abril de 2015

Como tú.

Como las olas del mar transformadas en espuma, a veces llegas a la orilla de mis ojos, y curvas la orilla de mi sonrisa. Te cruzas por casualidad, y por casualidad me das la vida. Acaricias, sólo con estar ahí, los cristales de mis días hechos trizas, y parece que en tus manos pinchan menos.

Como una canción que se me ha metido en la cabeza y no sale, no sé dejar de tararearte. No debería estar permitido ser tan... tan así, tan como eres tú.


jueves, 23 de abril de 2015

Libros, rosas y cosas bonitas.

El tiempo pasa y a veces parece que ni nos damos cuenta.

Hace un año, en otro día de libros y rosas, decidí buscarle cinco cosas bonitas a cada veinticuatro horas. Pasara lo que pasara. No había excepciones y no había excusas válidas. Y hoy la vida me parece otra.

En este último año, repleto de cosas bonitas que, por venir solas o por salir a buscarlas, acabaron plasmadas en una agenda que se convirtió en un diario discreto, creo haber llorado más que en el resto de mi vida. Lo pienso y lloro otra vez, y se me emborrona lo que escribo y me duele el alma.

Dos de las personas que más quería se fueron. Por voluntad propia o no. Para siempre o quién sabe. No tiene marcha atrás, y hoy me invento una rosa y una historia para cada una de ellas. Un castillo de nubes y rosas blancas para ella, un castillo sobre un río y toda mi rosaleda para él.

Unos puntos suspensivos que se me escapan después de cada intento de punto final.

Ni sabía entonces ni sé ahora lo que es la felicidad, pero he aprendido a sacar las ganas de buscar ese algo que pueda llenar la lista cuando veo que flaquea, y me he dado cuenta que hay cosas bonitas incluso en los días más negros. Pinceles que gotean blanco sobre los lienzos oscuros.

Y sin querer, mezclé mi día favorito, el de los libros y las rosas, con el día que decidí empezar a ser feliz. Y aun a veces con el corazón encogido y los ojos empapados, la lista se completa.


viernes, 10 de abril de 2015

Verde.

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he creído olvidarte y entonces he recordado que tú ya no me quieres. El corazón se me ha retorcido en el pecho y, junto con la sangre, ha bombeado un débil te quiero.

A veces creo que sé pensar en ti como un mero fantasma, hasta que me acuerdo de que ya no me quieres. Entonces los párpados me pesan un poco más, y junto con un par de lágrimas furtivas, derraman un pequeño te echo de menos.

Hay días que confundo el verde de tus ojos con el verde de su jersey y el color de mi esperanza. Pero cuando de tu boca sale un te quiero que revolotea a mi lado y se posa en unos labios que no son míos, se me olvida respirar, y entonces no puedo lanzar al aire ese vuelve, por favor, que se queda dentro de mí y me quema los pulmones.

Y ya no hay jersey ni esperanza que me salven de tus ojos. Incluso cuando no están.


lunes, 6 de abril de 2015

La película más bonita.

La vida sin ti es como ir al cine sin palomitas.

La película puede ser maravillosa, por qué no. Puede arrancarme carcajadas, puede hacerme sonreír de vez en cuando, sin darme cuenta, porque los protagonistas se miran y las palabras se les atropellan al hablar. Puede hacerme llorar y puede arrancarme un suspiro silencioso cuando una frase en concreto encaja conmigo, o contigo.

Pero tendré las manos y la boca vacías, de no tocarte y no besarte. Faltará ese algo que lo haga todo maravillosamente perfecto.


viernes, 3 de abril de 2015

Tú haciendo música en mí.

De sobra sabes lo loca que me vuelven los pianos. Y los pianistas, y sus manos. En otra vida, tal vez, me gustaría ser piano, y que esas manos que tanto adoro me acaricien, y me arranquen música del corazón. Que pulses la tecla exacta que mueva la cuerda precisa para hacerme cantar la melodía más bonita que existe.

Pero si lo prefieres, también podría querer ser guitarra, y que mis cuerdas tiemblen enloquecidas si tú las rozas con las yemas de los dedos. 

Y, si lo prefieres, puedo ser lo que quieras. Lo único que le pido al amor es que me saque música de dentro.


jueves, 2 de abril de 2015

La vista atrás.

A veces, si vuelves la vista atrás, sabes exactamente dónde están los picos máximos de felicidad. Yo los veo. Aquellos dos días, con sus dos noches. Y contigo, claro. Y sin nada más, porque sobraba todo.

Otras veces, echo la vista atrás y subo con cuidado hasta la cima de nuestra última colina escalada, para tropezarme de nuevo con mis errores y bajar rodando hasta el precipicio en que nos estrellamos. Y a mitad de camino ya me he hecho tanto daño que estoy llorando de nuevo. Han pasado por mis ojos a la velocidad del rayo mis equivocaciones, las personas en las que confié sin que se lo merecieran y todo ese tiempo que no paraba de decirnos que cada vez estábamos más lejos al que nunca quise creer.

Hace un momento ha sonado la canción que una vez me cantaste muy bajito al oído. Me voy, pero te juro que mañana volveré. Al partir, un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós. Y no he necesitado volver la vista atrás, porque de una patada me ha devuelto toda la angustia que guardaba yo dentro antes de aquel diciembre de rosas. La angustia que tenía por no tenerte. Exactamente igual que ahora.

De tanto viajar al pasado, vuelvo llena de polvo, de heridas, de agua salada en la cara, de fotos viejas, fechas inconexas, retazos de felicidad que no me paro a mirar demasiado de cerca, porque entonces me parece que nunca han pasado y que es todo mentira.

A veces pienso que lo único que espero de la vida es que vuelva a girar, como la maldita peonza que es. Otras veces me doy cuenta de que el único giro que quiero que dé es el que me devuelva otra vez contigo.