lunes, 24 de agosto de 2015

Canciones para idiotas.

Ni te imaginas lo que acaba de pasar, y ni te imaginas todo lo que significa. Pensando en ti se me ha escapado un te odio con todo mi amor, ¡idiota!, y me has regalado sin querer una canción que no se me va de la cabeza y suena en bucle mientras escribo.

Una frase (esa frase) y un poco de música. Y magia. El resto en mi corazón va sucediendo como si cayeran fichas de dominó, pero sin nada que las empuje. Sólo estoy yo, recostada sobre una ola de mar que tarde o temprano se esfumará. Probablemente más temprano que tarde. En la boca me quedará el sabor de la sal y la arena que, en realidad, jamás he probado. 

Pero eres idiota, claro que lo eres. Ese tipo de idiota que no puedo más que odiar, mucho, con todo el amor que me cabe dentro. Y eso me convierte a mí también en una idiota, que lo sepas.



sábado, 22 de agosto de 2015

Tregua.

Igual no te has dado cuenta, pero todavía me quieres. Me lo has dicho esta noche, en sueños, después de besarme y me he despertado desarmada. Pero si quieres hacemos un trato y nos olvidamos. Sólo necesito que pongas de tu parte, que abras la presa de las palabras que nunca te dije y transformes en respuesta todos mis interrogantes.

Y después, no volveremos a decirnos "te quiero". Ni en sueños, ni fuera de ellos.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Ya basta.

Sin tregua, cada vez que se me olvida que la vida es una montaña rusa, gira 180 grados y me lo recuerda. Y después de muchas vueltas, llantos y recuerdos decido que ya basta. O el ya basta me pilla a mí por sorpresa. El caso es que basta, y la tormenta cesa.

Ahora sólo intento atar cabos, terminar párrafos incompletos, destrozar signos de interrogación. Cerrar el libro, dar carpetazo. Pintar un punto y final. Quién sabe. 

Desde esta posición veo muchas cosas, me siento en un alto. Miro a mis pies y hay un vacío enorme,  un paisaje de colores que me aterra y me fascina a la vez. Me tiemblan las manos, las piernas, el corazón. 

Y salto.

Porque quiero saltar, porque tengo la boca del estómago infestada de mariposas y palabras que quieren escribirse. Pero todavía tienes un candado atando mi tinta.

Ojalá algún día me dejes decir ya basta de verdad.


martes, 4 de agosto de 2015

Sólo sé que tú.

No sé qué día es. Ni qué hora. Ni qué año. 

Sé que me acuerdo de ti en todo momento, como siempre. Sé que si le pido a mis sueños que no te traigan de vuelta, no soy capaz de dormir dos horas seguidas. Sé que se me escapa llamarte amor, y que no hay golpe de ola lo suficientemente fuerte para arrancarte de aquí.

Tampoco sé si te acuerdas de mí, si alguna noche sueñas conmigo y luego se te queda el corazón encogido todo el día.

Sé que quiero tenerte delante, quiero verte y contarte muchas cosas que no sabes. Sé que los latidos de mi corazón siguen un ritmo, y ese ritmo lo has inventado tú.

Por supuesto que no sé si sabría decirte todo lo que quiero sin romper a llorar. Por no saber no sé ni escribirlo sin un par de lágrimas. No sé cuánto de mucho te quiero.

Pero sé que te quiero. Mucho. Mucho. Muchísimo.


domingo, 2 de agosto de 2015

Bienvenido de nuevo a mis sueños.

Estoy dando pasos agigantados hacia atrás desde que decidiste que mis sueños son el mejor sitio para pasar la noche. Me dejaste clavada en el tiempo dentro de un mundo que no para de correr, me mudé a una caja de cristales tintados para no ver lo que hay fuera, porque en el mundo de ahí fuera, tu vida sigue y la mía no, y eso me asfixia.

Al dormir he recordado cómo me sentía cuando nos mirábamos y, sin decir nada, nos abrazábamos. Y al despertar he recordado cómo me falta un pedazo de aire desde que ni nos miramos ni nos abrazamos.

Teníamos un cuento de hadas pero te cansaste de escribir. Vaya final de mierda. Yo no buscaba comer perdices, con lo de vivir felices me bastaba.

Ojalá aprenda a dejar de soñar pronto, porque con cada sueño me estás enamorando más. Otra vez.