sábado, 31 de octubre de 2015

Exploradora de vocación.

Hay algún sitio lejos de aquí, que no sé dónde está ni conozco su nombre, que me llama a gritos. Quiere que vaya, y lo descubra, y lo explore, y lo transite caminando de arriba a abajo, y que lo inmortalice en mi memoria, y que al irme suspire con una sonrisa y el deseo de volver.

Me pide dejar de ser una parte de mi lista de lugares pendientes y pase a ser una pieza de la lista de paisajes conquistados. 

Y yo, que escucho con atención los mapas y no encuentro su voz, me resigno a tener que recorrer el mundo entero para hallarlo. Y tal vez nunca lo encuentre, y tenga que seguir viajando, y descubriendo, y explorando, y transitando, e inmortalizando. Y marchándome pensando en volver. Dejándome rincones aún ocultos como excusa para regresar.

Tengo los zapatos cansados de saberse de memoria el suelo que pisan, exigen sorprenderse. Cada vez que parpadeo, mis ojos esperan encontrarse algo nuevo, algo que jamás hayan mirado, pero a ciudad se repite casi hasta el hastío.

Vámonos lejos de aquí, lo suficiente como para que el aire sea nuevo, lo suficiente como para que todo sea tan diferente que no quede sitio para pensar en nada más. 

Qué necesidad de estar en otro sitio. En otro momento. Si de mí dependiese elegiría el destino lanzando dardos contra un mapamundi en la pared, sin cruzar los dedos, sin preferencias, sin miedo y con muchas ganas. Hay magia en cada rincón.


Ella duerme tras el vendaval, se quitó la ropa
sueña con despertar en otro tiempo y en otra ciudad...

Copenhague - Vetusta Morla

lunes, 26 de octubre de 2015

Mérite.

No te mereces París. Ni sus besos, ni sus luces. No te mereces sus adoquines, ni su música, ni el Sena. No te mereces sus amaneceres, ni sus atardeceres, ni las veinticuatro horas de su reloj. No te mereces sus piedras, sus gárgolas, su cielo. Ni sus letras, ni su delicadeza. No te mereces sus vistas, ni su aire, ni sus estrellas.

No te mereces nada que te toque el corazón. Ni para que se estremezca ni para que se te rompa. Que se quede inerte, así, para siempre.

No hay nada en tus ojos que alguna vez me haya dicho que sientes algo. No he visto nada en ti que revele un mínimo de sensibilidad. He visto ladrillos en paredes con más dulzura que tú.

No te mereces una caricia ni de las sábanas esta noche.



sábado, 24 de octubre de 2015

Incendio.

Cerré los ojos y me acordé de los tuyos. Estaba distraída, no lo vi venir. Y pensé que desde entonces no he vuelto a ver un verde como aquel, que dudo que existan unos ojos que le alcancen. A mí ellos me han alcanzado de lleno. Eran mi paisaje favorito, un laberinto donde adoraba perderme, y un día los cerraste para mí impidiéndome salir. 

He imaginado que juntos recordábamos pedazos de cuando la vida era nuestra, de los dos, y nos reíamos. Pero en realidad, la única que recordaba era yo, que recordaba el doble, y no me reía, sino todo lo contrario.

Ahí sigo. Apagando a golpe de lágrimas fugaces un incendio que se reaviva cada rato. 


domingo, 18 de octubre de 2015

Dieciséis.

Caminé hacia atrás para coger carrerilla y saltar, pero se me fue de las manos y me encontré rodeada de recuerdos por los que hacía tiempo que no paseaba. Me has dado de lleno en el corazón, y tiembla y tiemblo, y mi vida es el terremoto en que tú la convertiste. Tú, que me encendías la mirada con los ojos, que convertías en oro cada segundo de mi existencia que tocabas.

Me he ido más al pasado de lo normal. Es dieciséis y tengo dieciséis. No soy consciente de lo que viene, de lo bonito y de la historia de terror que vendrá cuando termine. Todo lo que sé del amor me lo han enseñado los libros y las películas, todo es conocimiento teórico. Pero pienso en ti y me echo a temblar. Incluso me hace ilusión. Y ahí es cuando me doy cuenta de que todo va mal.

Cuesta abajo y sin frenos, me encuentro pidiéndote que entiendas que los errores existen, asegurándote que he aprendido, de sobra, que necesitar demasiado es malo. Contándote que he descubierto que puedo vivir sin ti, pero que prefiero no hacerlo. Callándome que igual no puedo olvidarte tanto si me acuerdo todos los días de ti. 

De repente es dieciséis de diciembre y tengo dieciséis años y una inseguridad y un miedo que sólo se me van contigo a mi lado.


sábado, 17 de octubre de 2015

Sin control (remoto).

Hoy he soñado contigo. Era de esos sueños que no deberían estar permitidos, en los que vuelves y continuamos el cuento de hadas que tú terminaste y yo dejé a medias. He soñado contigo, y después un calendario me ha escupido a la cara que hoy es día diecisiete. La mitad de la fecha en la que empezaron las cosas bonitas. Hoy he soñado contigo y no hay excusa que me salve, porque estaba despierta. 

Me he acercado -en sueños- a una señal que decía peligro, y he pasado de largo porque estaba siendo muy feliz. Soñando. Luego ha aparecido otra más, y hasta trece, cada vez más insistentes y llamándome más a gritos. Pero es que era todo demasiado bonito, y caí en mi propia trampa. No sé darle al pause en este sueño que se me va de las manos. 

Podrías venir a darle al play en la vida real, porque si de mí dependiera, rebobinaría los años.


viernes, 16 de octubre de 2015

Opuestos y complementarios.

En el tren a eso de las ocho de la tarde puedes encontrarte una pequeña muestra representativa de toda la población. Hay gente que viaja cómodamente sentada, otros viajan de pie. Algunos van leyendo, o escuchando música, o mirando el móvil. Hay gente que sube y se queda justo ahí, en la puerta, mientras los que pretenden subir detrás se acuerda de él, de su ego, y de la educación que nadie parece haberle dado. Hay gente que deja subir antes de entrar (pero son pocos, para qué nos vamos a engañar). Hay gente que duerme, gente que mira por la ventana.

Hace dos días, yo era de las que miraba por la ventana. 

Anochecía y el cielo estaba partido en dos. Una mitad era naranja, como si ardiera en llamas, y la otra azul, como si pretendiera apagarlo. Y en medio, los dos colores se juntaban en una especie de beso de color gris. Y es que el gris no es tan feo al fin y al cabo.

Algo me trajo a la cabeza en ese momento que el azul y el naranja eran colores complementarios. Sí, de esos que en el círculo cromático están en posiciones opuestas. Es decir, contrarios. Y como son tan distintos que son opuestos, mezclan sus diferencias y se complementan. Se completan. Incluso se atreven a besarse.

Pues lo mismo ocurre con las personas. Un lienzo completamente azul no dice nada, la magia ocurre cuando los colores se mezclan, todos diferentes entre sí, y crean poesía pintada. Porque cada uno de ellos tiene lo que le falta al otro para ser un verso, y al final se pinta un poema maravilloso. 

Próxima parada: ha llegado a su destino.

Menos mal que ese día yo no era de las que escuchaba música, ni leía, ni miraba el móvil, ni dormía.


domingo, 11 de octubre de 2015

Domingos deshechos.

Tengo ganas de romper a llorar, de abrirme el pecho de par en par y arrancar todo aquello que sobra, como las ganas de que estés aquí. Que hace unos días que me siento inútil, como un fantasma que no recuerda que puede atravesar paredes, y me siento idiota, como si reviviera un sueño que ya he soñado y acaba en explosión. Y a pesar de saber que en mis manos eres una bomba de relojería vuelvo a correr hacia ti. Al menos hasta que la luz me despierta.

Los domingos se inventaron para que yo te eche de menos mientras tú quién sabe lo que estás haciendo. El sentido común me recetó, por mi salud, mejor no saber. Ojos que no ven, corazón que llora un poco menos. La detonación de mis sueños me ha debido lanzar varios metros hacia atrás, me ha estrellado contra tu foto, me has agarrado la mano bien fuerte y ya no me he podido escapar. Ni despertarme ha bastado.

El consuelo se me ha deshecho como las flores rojas de papel guardadas en el bolsillo con todo lo que ha llovido desde que te marchaste, pero la necesidad que me mata no la matan los aguaceros.

Desórdenes.

Va, venga. Hoy me permito caer en la trampa. Aunque, como también me permito ser un poco cobarde, diré que es culpa tuya, que te has colado en mis sueños mientras dormía y se te ha olvidado marcharte después.

Mi ciudad favorita era cualquiera si se te enredaba en el pelo, y mi mano se enredaba con la tuya y mis días se enredaban en tus dedos. Y habría dado la vida entera por no salir de esa trenza que habíamos formado.

Y ahora la que se enreda en sí misma y no sabe escaparse soy yo. He aprendido que por los recuerdos bonitos que no van a volver es mejor pasar corriendo y de puntillas, pero hoy me he hundido en ellos hasta las rodillas. No sé si queriendo o sin querer, y lo mismo  me da.

Pero por favor, la próxima vez que no sepas dónde pasar la noche, recuerda que existe todo un universo fuera de mis sueños.


jueves, 8 de octubre de 2015

"Hasta aquí he llegado".

Últimamente digo mucho "ya basta". Pero, como la mayoría de la gente hace con todo, en este caso suelto mucho por la boca y luego no hago nada. En mi caso no hacer nada es seguir haciendo. Me mantengo en pie, quiero decir.

Cómo duele guardarse todo. Las palabras que no dices se te contracturan en la espalda y quieren obligarte a tomar asiento. ¿Y eso para qué? ¿Para ver cómo las cosas pasan? Pues mira, no. Tengo pinchazos en las lumbares pero prefiero seguir andando, a ver qué viene.

Y no es por falta de ganas. A veces creo que si las cosas dan tantos quebraderos de cabeza igual es porque es hora de abandonar. Pero es que entonces en mi cerebro aparece la voz de un profesor de matemáticas que te decía:

-¿Estás cansado? No te preocupes. Pinta una raya en el cuaderno y escribe "hasta aquí he llegado".

Y claro, tú tenías que seguir, porque te sentías el más cobarde y flojucho del mundo. Y aquí estoy, con la vida contracturada pero de pie y andando porque no me da la gana pintar esa dichosa raya.


lunes, 5 de octubre de 2015

Desórdenes difíciles y amor enlatado.

El amor no es una adivinanza, no es una canción, no le das al play y funciona solo. El amor es difícil porque la vida es difícil, y a menudo mandamos a la mierda lo primero para simplificar lo segundo. Pero no.

De verdad, si lo que quieres es algo fácil, deja en paz al amor. Busca alguien que pretenda pasar el rato y pasad el rato juntos. No hace falta complicar la existencia de quien busca amor del de luchar para que vosotros podáis tener vuestro amor de sofá. Porque sí, por el amor de verdad se lucha, porque el día a día te va a poner trabas. Nadie regala las cosas que merecen la pena, el mundo tampoco.

Hay quien lo da todo por los demás y a veces espera lo mismo a cambio. Qué cosas más raras se les pasan a algunos por la cabeza. No hay nadie que arbitre quién tiene razón o quién merece más, no hay una línea pintada que determine cuándo ya basta o cuando nos merecemos un intento más.

No sé si lo sabes pero tú que lees esto y yo que lo escribo somos humanos. Y los humanos se equivocan. Menuda noticia. Y además, sufren, y además, necesitan apoyo a veces. Y encima, a veces ese apoyo resultamos ser nosotros y eso nos complica la existencia un poco más. En ningún sitio está fijado cuánto tenemos que aguantar en estos casos, porque nadie sabe cuándo terminan los baches ni lo profundos que son. Pero imagínate que te rindes justo cuando el socavón alcanza el final y no te da tiempo a verlo.

Y si me equivoco, prefiero un la estás cagando palabra por palabra y con todas las letras antes de que sea tarde. Nada de medias tintas, pero sí tiempo para maniobrar. No me digas estás enferma, dime te estás muriendo. Igual así reacciono. No me culpes por malinterpretarte si nunca me explicas la gravedad de la situación. Y si decides que te largas, no te recrees acusándome cuando no hay remedio, porque te aseguro que ya tendré yo culpabilidad de sobra dentro.

No hablo de perdonar lo imperdonable ni aguantar lo inaguantable. Creo que todos sabemos diferenciar una cosa de otra. Y sabemos si merece la pena o si no. Y sabemos si somos capaces de luchar. O si estamos dispuestos, que no es lo mismo.

Párate a mirar qué espera el otro de ti y pregúntate si estás a la altura. Basta de ego por un momento. Si no tienes lo que merece, haz el favor de hacerte a un lado antes de desordenarle demasiado el corazón. Y si no pretende darte lo que mereces tú, entonces corre antes de que te enredes demasiado.

Que ya está bien de llamar complicado al amor e imputarle todos nuestros males, porque los complicados somos nosotros y nuestra vida.

El amor no tiene la culpa si duele, la culpa la tiene quien te lo hace mal.


Ah, y le sugiero que para la próxima vez que se enamore, ¡no sea tan cobarde!

Como agua para chocolate - Laura Esquivel

domingo, 4 de octubre de 2015

Cloudy sunday.

Los domingos me faltas el doble.

Y ojalá no pasara, bien porque terminara tu ausencia o porque terminara mi necesidad. Ya no sé si estoy en condiciones de exigir mi final favorito, con que acabe puedo conformarme.

Siempre te necesité, tal vez demasiado. Y ahora a veces todavía un poco, pero ni te busco ni pretendo encontrarte. Tampoco he sabido nunca decirte adiós con la seguridad que me merezco. Me despido  siempre con la mano, dejando la puerta y la ventana abiertas, la luz encendida y tu canción favorita a todo volumen. Por si acaso.

Los domingos se cortaron con el mismo patrón que la nostalgia.