miércoles, 13 de enero de 2016

Blind.

Ojos que no ven, corazón que se salta la señal de peligro.

Aunque igual sí se ha dado cuenta de que estaba ahí, pero se ha hecho el loco, que de eso él sabe mucho. Ha subido el volumen de la música, se ha puesto a cantar a pleno pulmón y ha bajado las ventanillas para que entrarse todo el aire de fuera. Ha seguido todo recto sin mirar por dónde pisa, sin fijarse en si hay trampa.

Por supuesto que hay trampa.

Pero bueno, aquí estamos, y parece que se nos ha estropeado la marcha atrás. O el corazón prefiere que pienses eso. Que nada le interrumpa en su despeñamiento, no vaya a salir ileso. Él sigue, a toda velocidad, y se deja llevar porque lo contrario es más difícil. Qué sorpresa se va a llevar cuando vea que en vez de salir de un socavón, se ha metido en otro peor. No hay nada que le haga retroceder, pero tú buscas con desesperación una excusa que consiga distraerle. O convencerle. 

Pero es que no hay manera.

Ojos que no ven, corazón que agudiza los sentidos.


lunes, 11 de enero de 2016

"Love is stronger than death".

Soy del tipo de personas a las que le dicen "si quieres llorar, llora, no te aguantes, que luego es peor", y se aguanta.

Y luego es peor.

Otro día igual que hoy el cielo era de un azul precioso y el sol brillaba fuerte. No parecía darse cuenta de que una luz se estaba apagando, que era un día triste que merecía verse en blanco y negro. Hoy es un día igual que aquel, y el cielo es gris, y llueve, y sopla un viento que quiere arrancar las ventanas. Es un día furioso, desconsolado, triste. 

Igual es que el cielo quería llorar hace un año y se tragó las ganas, aunque le dijeron que no lo hiciera. Igual no le gusta llover si alguien le ve, e igual por dentro tiene el corazón inundado. En tres días se nubló, tronó y escampó. Igual todavía no se ha dado cuenta de que por aquí ha pasado un huracán. Igual no entiende de dónde han salido estos escombros.

Y sin embargo, en medio de tanta ignorancia, de tanto no entender, le tiemblan las manos, le tiemblan los ojos y empieza a llover. Y un año después, tu risa rompe en mi cabeza y rompo a llorar y a decir que no es justo. Que te necesito aquí, que el cielo tiene ángeles de sobra. Que ni te imaginas lo que ha cambiado todo aquí abajo sin ti.

En el cielo empieza a escampar y se ven pedazos de azul. Se habrá dado cuenta de que le miro, igual que yo presto atención a cada ruido, no me van a ver así. Pero me siento inundada.

Igual el cielo es un poco como yo. Los dos te echamos de menos.



miércoles, 6 de enero de 2016

Deseo de última hora.

Queridos Reyes Magos:

Este año creo que me he portado bien, o al menos yo lo he intentado. Vosotros lo sabéis todo, así que imagino que habréis visto que tampoco es que lo haya tenido fácil. También es verdad que estas Navidades no os he escrito hasta ahora, y que probablemente en este momento estéis en pleno viaje por el mundo regalando ilusión, y es muy posible que no os llegue mi mensaje.

Pero esta noche es mágica, y no he podido resistirme.

Tengo en el centro del corazón un deseo muy fuerte, aunque de tan poco que lo pienso, parece hasta inexistente. Pero cada día, me quita un poquito de mi aire, me arranca un poquito de mi vida para mantener la suya. A veces duerme durante mucho tiempo y se me olvida, sin embargo luego abre los ojillos y me mira. A veces, de un manotazo lo aparto, subo el volumen de la música, camino más rápido y parpadeo muy rápido para que no me dé tiempo a pensar. 

A veces las canciones me acaban taladrando la cabeza, me canso de andar tan deprisa y me pesan los párpados. Y entonces ya no puedo hacer nada contra esa mirada y su insistencia, y mi corazón tiembla y mi deseo se agarra con más fuerza.

Últimamente parece que me da igual el volumen del universo, ya no siento las piernas y quiero correr, y tengo tantas ganas de ver lo que me trae la vida que no me da tiempo a cerrar los ojos. 

Pero es cierto que mi deseo nunca se va, y es el que lanzo esta noche a las estrellas, por si lo encontráis. Por si hay magia y me toca de cerca.

Existen las casualidades, el destino, los milagros y la magia. Existen las estrellas fugaces y existen los instantes pensados para pedir deseos.

Espero que, en medio de esta noche ajetreada, encontréis mis palabras, y espero haber sido lo suficientemente buena como para recibir mi regalo.

Os deseo un buen viaje esta noche.


martes, 5 de enero de 2016

Fatal.

Qué mal lo de perderte.

Lo de echarte de menos.

Lo de quererte de más.

Lo de que no haya vuelta de hoja.

Lo de temblar.

Lo de las lágrimas.

Lo de las canciones de amor.

Lo de este stand by.

Lo de mi paciencia.

Lo de tanta alegría.

Lo de querer escaparme.

Lo de la distancia.

Lo de tropezar.

Lo de esos planes.

Qué mal lo que pudo haber sido y no, y qué mal que no se me olvide. Qué mal mi memoria y mi nostalgia, tal vez sin ellas tanto mal se volvería bien. Qué mal que yo no hablara por hablar, qué fatal que tú sí. Qué mal esto de quererte a estas alturas de la historia, cuando ya han terminado los agradecimientos y y hasta el resumen de la contraportada. Qué mal mi impuntualidad; puede que esté llegando tarde a otro baile igual que llegué tarde al tuyo. Me colé por la puerta de atrás, casi como una Cenicienta que a día de hoy aún no sabe de dónde sacó aquellos zapatos. Qué mal que el hechizo terminara y los cristales se me clavaran. Qué mal las pesadillas, y qué mal los sueños bonitos cuando son contigo. Qué malos despertares. Qué mal París, que sin ti no lo quiero, y es una pena. 

Qué mal que esté todo tan mal.


lunes, 4 de enero de 2016

1893.

Cada fin de año es un punto de partida nuevo, como si no pudiéramos cambiar lo que está mal los trescientos sesenta y tantos días restantes. Pero incluso quién cree que cualquier día es un buen día para comenzar, el uno de enero hace balance de los últimos doce meses. Cada uno a su manera, supongo.

Reconozco que mi balance es poco imparcial, que sólo tengo en cuenta las cosas buenas que han pasado. Pero es que en realidad son las únicas que vale la pena recordar, las malas no necesitan ser registradas porque no se olvidan fácilmente. Al pasar, hacia adelante y hacia atrás, todas las páginas llenas de tinta de colores y momentos bonitos, la vida parece un poco mejor. No debe ser tan triste si está llena de risas, de viajes, de libros, de triunfos, de aprendizajes, de canciones, de avances, de amigos, de fuerza, de valentía, de bacon y queso de cabra, de cielos azules, de tormentas de verano, de casualidades, de esfuerzo recompensado, de abrazos. De felicidad, en definitiva.

Si el 2015 me regaló nada menos que 1893 cosas buenas, me permito el lujo de volverme ambiciosa y pedirle al 2016 que me traiga más. Al fin y al cabo, poco me importa si son cosas que vengan volando y se choquen con mi mano al escribir o si me cuesta esfuerzo y lágrimas encontrarlas y plasmarlas. Quiero que existan, que me traigan felicidad y que dentro de doce meses pueda volver a contar que la vida, después de todo, no es tan mala como a veces parece.

Busco trescientos sesenta y seis días optimistas, días de paz y días de adrenalina. Que se me acelere el corazón de ganas y que no pueda dormir de emoción. Quiero flores y sorpresas, quiero aeropuertos y sitios desconocidos. Quiero amor del bueno. Quiero alcanzar la siguiente cima que la vida me ponga delante. 

Busco trescientos sesenta y seis retos.