viernes, 22 de abril de 2016

Entropía.

Me gusta la gente que tiene miedo y aún así salta. Que se despeina. Que siente con fuerza, se mancha los vaqueros de césped y se moja pelo cuando llueve. Me gusta la gente que improvisa e inesperada, la que canta sin miedo. Que se sonroja cuando algo le hace cosquillas en el corazón, que tiembla de nervios, a la que le brillan los ojos. Que se ríe de sí misma, que no le da miedo lo desconocido, que camina siempre como si tuviera un rumbo aunque se esté inventado el camino.

Me gusta la gente que cree en el amor, que se vuelve cursi a veces, que se arriesga. Me gusta la gente que hace locuras, la gente a la que le vale la pena el esfuerzo, la que baila en el ascensor. Que lleva colonias suaves, que aparece de repente, que da besos en la frente. Me gusta la gente que mira fijamente a los ojos, que estalla en carcajadas y que llora de felicidad. 

Me gusta la gente que lee en el tren, que marca el ritmo de las canciones que escucha con el pie, que inspira muy fuerte cuando huele a tierra mojada. Me gusta la gente que guarda secretos, que cuenta chistes malos que curan días malos. Me gusta la gente espontánea, que vive, que un día tiene un detalle. Me gusta la gente que deshoja margaritas hasta que una le da la razón, que no se rinde, que no baja los brazos. Me gusta la gente valiente, la que entiende la poesía, la que sonríe sola por la calle.

Me gusta la gente sin miedo a las interrogaciones. Sin miedo a vivir ni a ganar.

martes, 12 de abril de 2016

Despedidas al despertar.

La ventaja de las pesadillas es que al final te despiertas. Que, afortunadamente, no son ciertas. Que al abrir los ojos puedes decir que era todo mentira con un suspiro de alivio. Que en la vida real estás a salvo.

El problema está en esos sueños que te hacen creer que la pesadilla viene al despertarse. Como si dejar de soñar fuesen las doce campanadas de Cenicienta que rompen el hechizo. Todo se desvanece, como desaparece el humo alejándose cada vez más y más en el cielo, como una bombilla que se funde cuando el hilo no da para más. El telón se viene abajo. Fin. 

El problema no está en las pesadillas que te hacen sufrir cuando duermes, sino en esos sueños a los que te mudarías a vivir para siempre sin despertar nunca.

El problema está en que me creía a cubierto que tu voz, de tus palabras, de tu olor y tu manera de hablar. Pero mi subconsciente, director y guionista de cada uno de mis sueños, los tiene atesorados, a salvo de mi olvido. 

Sueño con un cuento de hadas basado en hechos reales, y que sigue fielmente el guión. Nada podría decirme que no es verdad, salvo esos segundos en los que empiezo a darme cuenta de que me estoy despertando. El reloj da la primera campanada de las doce, el cuento comienza a volverse humo. La luz de esta bombilla se funde. Y vuelvo a quedarme sin tu voz, sin tus palabras, sin tu olor y tu manera de hablar. El telón cae precipitadamente.

Fin.


"Cada noche siempre fue una ausencia
y cada despertar un desencuentro".

Mario Benedetti - Por qué cantamos


"Esos eran los peores recuerdos. Preciosos y perfectos. Afilados como un bocado de cristales rotos".

Patrick Rothfuss - El nombre del viento