sábado, 28 de mayo de 2016

(in) Gravity.

Un cóctel molotov en la mente, un terremoto en las manos, un huracán en el corazón y una olla a presión en la boca. Un miedo que suelda los barrotes de la celda que no deja que salgan las palabras. Un montón de sueños que no me dejan dormir. Una bandada de pájaros en la cabeza que pían muy fuerte y no me dejan pensar. Que no me dejan pensar en otra cosa que no seas tú, en realidad.

Hay algo que me tiembla en el pecho. Pavor, creo. Necesidad, tal vez. La sangre hirviendo, burbujeando. Impaciencia. El tic tac de la cuenta atrás que me he inventado y que se me clava en la piel. Ayuda, socorro, auxilio, me ahogo. O blanco o negro, o estrella o me estrello. Y cada vez veo el impacto contra el suelo más cerca.

Y por otro lado, qué revoloteo de mariposas más dulce llevo dentro. Me hacen cosquillas en el estómago con el roce de sus alas, y a veces parece que también vuelo yo. A veces parece que la vida puede empezar otra vez. Que cuando decían todo pasa, tenían razón. Pedía incertidumbre y tengo una muy grande. Una interrogación, un abismo, un salto sin paracaídas y mucho miedo al dolor. Pero es que me late el corazón tan fuerte...

No quise hacer caso a la señal de peligro hace tiempo, y tampoco voy a hacerlo ahora. Porque creo que, o dejo que todo esto escape, o se me van a fundir las paredes del cuerpo. El fuego arde, mi huracán lo aviva. Sinergia o imprudencia, no lo sé. Me atrevo a mirar el precipicio que tengo a mis pies y me da un escalofrío. De repente, las plumas de mis alas vacilan inseguras. Nos vamos a estrellar, susurran. Y las escucho sin querer escucharlas, pero no las respondo. Porque eso ya lo sabía yo, pero no se lo he dicho nunca para no asustarlas.

Cuando se está al borde del abismo sólo hay que cerrar los ojos y dejarse hacer. La gravedad dirá.


martes, 17 de mayo de 2016

Limerencia.

Un vaso de café en el fregadero después de apurar los últimos restos de azúcar del fondo. Vainilla en el cuello y las muñecas, música en los oídos y en la cabeza y el corazón. Canta bajito por la calle y el tren llega al andén justo cuando llega ella, y el metro la está aguardando en el suyo, y el autobús frena en la parada para que ella no tenga que esperar. Se deja atrapar por las páginas del libro que lee. El cielo es muy azul, el sol brilla fuerte y la vida es ágil. 

Sincronizada.

Las palabras fluyen, de la mente a las manos, que tiemblan impacientes por deshojar margaritas. Porque cree en esas cosas sólo si le dan la razón. Se vuelve loca por las flores, por los fuegos artificiales, por meriendas de chocolate por reír muy muy fuerte. La brisa es suave, la sonrisa perenne y la vida se tiñe etérea.

Sintonizada.


domingo, 15 de mayo de 2016

No vivir puede matar.

Tú, que no tenías ni idea de dónde estabas ni a dónde ibas, ni qué buscabas, ni qué querías, ni qué esperabas de la vida. Tú, te has imaginado un camino de flores de colores que brillan al sol, y de repente te inventas un destino incierto, inseguro, enclenque. Pero aquí hemos venido a jugar, ¿no?

De repente, vivir es revivir un flashback que te hace temblar de miedo e ilusión a partes iguales. La firmeza de las arenas movedizas, la adrenalina de las cuerdas flojas, las vistas desde el borde del abismo, el aire que te falta en la caída libre. El grito ahogado y el corazón al galope porque no tienes intención de abrir el paracaídas. Cuando supe que quería, me di cuenta de que podía.

Tal vez la vida sea como una parada de autobús, y ninguno frena para que te subas si no se lo pides tú. Tal vez los autobuses no lleven un cartel luminoso con su destino, tal vez la gracia sea no saber si vas a llegar al final del trayecto o si vas a despeñarte por el camino. Tal vez conformarte sea el mayor muro de contención que van a encontrarse tus sueños y la rutina sea quien termine por atrofiar tus alas, mientras relegas los deseos al mundo de lo irreal y todo se vuelve más gris.

Tal vez el miedo a lo desconocido pueda matar, porque tal vez los días estancos sean días muertos, y tal vez merezca la pena cerrar los ojos y saltar al vacío, pintar las horas del color de las arenas movedizas, de las cuerdas flojas y los abismos. Tal vez valga más ese aire que te falta en la caída libre que todo el oxígeno del mundo. 

Tal vez los puertos seguros nos acorten la vida.

Tal vez sea hora de florecer otra vez y dejar al azar el color de los nuevos pétalos.

"La vida es de los que arriesgan,
de los que muerden sin prejuicios la manzana.
La vida es de los que arriesgan,
de los que apuestan todo a doble o nada".

Loquillo - La vida es de los que arriesgan


"Como un funambulista imbatible,
leyendo en braille los pasos del siguiente mortal".

Vetusta Morla - Baldosas amarillas