domingo, 11 de junio de 2017

Cazadores de versos.

Cerré los ojos
y pedí un deseo.

Te pedí.

Nos pedí.

Sin relojes, ni calendarios,
ni ropa,
y con caricias
de esas que se dan con la yema de los dedos
y te dibujan la boca
y la espalda
y las estrellas del cielo.

Nos pedí
cazadores de los tesoros
que se esconden entre las sábanas,
y nos pedí terremotos
de esos en los que lo único que se pierde
es la compostura.

Me pedí 
contándote que, aún a veces,
me entran ganas de llorar
porque te juro que no me creo
la suerte que tengo por tenerte.

Y te pedí
arropándome
con tus brazos y un beso en la frente,
con caricias en el cuello,
y el alma,
y los huesos,
y cosquillas en el corazón.

Te pedí
riéndote bajito
y con esa sonrisa y esos ojos
que me aconsejan huir,
y ante los que yo siempre me rindo.

Y me pedí
vestida de carcajadas,
enredada en esa mirada
por la que no volvería a dormir.

Te pedí.
Me pedí, contigo.

Nos pedí.


jueves, 4 de mayo de 2017

01:00 AM.

No hay edredón en el mundo
capaz de contener esta fuga de versos
que me obliga a saltar de la cama
y escribir que no me puedo dormir.

Que se me ha clavado un desvelo
en el corazón
y mis costillas han construido una prisión
para que no se escape,
dejándome boli en mano
en mitad de la noche.

No entiendo el motivo
pero parece que mis ojos
se hubieran abierto de par en par
buscando la rima perfecta
entre el gotelé de la pared
o entre los colores de unas flores de papel.

No puedo dormirme
porque me falta un abrazo,
una medicina que me calme y me diga
que hemos desahuciado
a los monstruos que vivían bajo mi cama.

No puedo dormirme
porque, encajado en el pecho,
tengo un corazón pegando voces
desesperado
porque se le han gastado las pastillas de frenos
y sabe que tiene un muro
justo a dos palmos.

Me han contado que tengo muchos frentes abiertos
como si no supiera ya que yo misma
soy verdugo y víctima
y como si cada latido
no me sonase a cañonazo.

La oscuridad me sabe
amarga y fría como el metal,
como si me llenase la boca de sangre,
los músculos de escalofríos
y los ojos de alquitrán.

Me dan miedo los sueños
porque, últimamente,
nunca salgo viva de ellos
porque pido auxilio y me come el vacío
porque mi voz no existe
ni existo yo.



jueves, 6 de abril de 2017

Me quedo a vivir aquí.

Tengo una sensación
flotando entre los rizos de mi pelo
que se escurre
entre las arrugas de mi ropa
y se engancha
en ese inicio de carrera
que amenaza mis medias.

Baila al compás de mi falda
si yo bailo al compás de una canción
de esas que te ponen de buen humor
y me recorre entera
y me acaricia la piel
y me cuenta que el espejo
hoy le ha hablado bien de mí.

Es casi tan suave y dulce
como el roce de mis piernas con tus sábanas
o las yemas de tus dedos
con las terminaciones nerviosas de mi espalda.

Tengo una sensación y la siento delicada
como si fuera de encaje.
La reconozco volátil
como el humo y aún así
quiero aferrarme a ella
como al ritmo de la canción favorita que no tengo.

Tengo una sensación preciosa
y ojalá pudiera
quedarme a vivir en ella.

Es la batería que marca
el ritmo que llevan mis tacones
y es la pasión
de un pinta labios de color rojo
vistiendo de caricias mi boca
y el dolor dulce
de un par de mejillas
que llevan riéndose toda la tarde.

Es un pedazo de paz
unos brazos
o las barras de un pentagrama al que aferrarme
cuando las fuerzas me empiezan a fallar.

Es ese 
"hoy me como el mundo"
aunque el mundo se empeñe en saber a pescado
y se llene de espinas.

Es ese
hoy me como el mundo a bocados
y a ti
a besos.


domingo, 12 de marzo de 2017

Sabotaje.

Nunca creí en las armaduras
nunca me fié de su utilidad,
tal vez porque todas mis puñaladas
me vienen siempre de dentro.

A veces
detonación a detonación
me rompo del todo y la máscara
que uso para que nadie se entere
no tiene cómo sostenerse
y se me revienta contra el suelo.

El día que decido bucear
y descubrir qué es eso que me destroza
me encuentro con que
tiene mis ojos
mi pelo
mi cara
mi voz
y dice que no soy lo suficiente.

Me refugio en poemas que van
de niñas que no saben lo que valen
y deseo con mucha fuerza
que en realidad mi cerebro sea un estafador
que se viste de tasador y me engaña
al hablarme mal de mi valor.

Deseo con toda mi alma
arrancarme la venda de cuajo
que se rompa tanta cadena
y pincharme en vena
en remedio contra el veneno
que yo misma destilo y me bebo.

¿Cómo se vence a un enemigo que llevas dentro?
¿Cómo se apacigua una tormenta
cuando una parte de ti te dispara a quemarropa
y la otra dice
"para, para de hacerte esto"?

No hay canción más triste
que la que se te escribe empapada en los ojos
los días en que no puedes más.
No hay letra más certera
que la que te rompe en dos
porque los espejos no están sólo colgados de una pared
y lanzan sus metrallas de cristal
que se te clavan justo en el amor propio.

Y te entra un miedo incontrolable
un pánico avasallador
porque sabes de sobra
que es imposible querer
a quien no se quiere a sí mismo.





domingo, 5 de marzo de 2017

Mi ángel de la guarda.

Tuve un profesor que decía
que lo de "no hay palabras
para expresar lo que siento"
era una mentira de las grandes.
Que sí que las hay
pero que tú no sabes usarlas.

Y debo ser entonces una inútil de récord
porque no encuentro las palabras
que acierten a contar cómo
cada vez que he estado a punto de despeñarme
has aparecido tú
como un saliente en la montaña
para volver a impulsarme hacia arriba.

Yo no encuentro ahora palabras,
pero tú sí las encontraste cada vez que me hundía
y me hacías llorar de emoción
y devolverle la mirada a la vida
sabiendo que rendirse
ni siquiera es la última opción.

Pisas todos los días el pódium
de las cosas más bonitas que le pasan a mis horas.
Pepito Grillo, diario secreto
el ángel de la guarda que en la vida
creí merecer.
Y el mejor bote salvavidas
cuando la cosa se pone cuesta arriba.

Gracias
por aparecer en mi vida
por aquel "no te abandones"
que me dijiste en el momento justo
para que se me tatuara en el miocardio
y así recordarlo
cada vez que me late el corazón.

A cambio de tanto
te prometo versos y canciones
te prometo una mano incondicional
una bombona de oxígeno cuando te falte el aire
un paraguas para las tormentas
y una espada y un escudo
cuando haya que luchar.

Ojalá me dé la vida
muchos años para seguirte escribiendo
y ojalá me dejes compartirlos contigo
porque no los voy a desaprovechar.



Te quiero hasta el infinito (y más allá), Ana.

domingo, 29 de enero de 2017

Entre los huesos y el alma.

Preferiría compartir sábanas contigo
y no con estas pesadillas
que hacen del apagar la luz cada noche
la crónica de mi muerte anunciada.

Que si se me acelera el pulso
fuera porque me besas en noséqué punto exacto
y no porque parezca que llevo 
un corsé de acero
que hace que el corazón me lata fuerte
porque quiere romperlo.
Y, de paso, mis costillas.

La poesía es esa
con la que te encuentras en una habitación sin luz
y no sabes
si va a hacer el amor contigo
o si te va a atravesar el pecho de un balazo.

Tengo la sangre llena de cristales
y alfileres en el miocardio
que ahoga un grito 
a cada latido.

Quiero que vengas a unir a besos
los puntos de mi cuerpo que son mis lunares
con la impaciencia del niño 
ansioso por descubrir
el dibujo que aparece
y con el miedo de quien sabe
que igual, lo que sale,
es la cara del monstruo que me come por dentro.

Si pongo muchas ganas
llego a escuchar de lejos una nana
que trata de dormir este dragón
que tengo viviendo en el hueco que queda
entre los huesos y el alma.

Y me sorprendo a mí misma
prometiéndome aprovechar
ese tiempo de tregua
como quien se despierta a las tres de la madrugada
y comprueba que le quedan por dormir
todavía unas horas de más.

Quiero encender contigo
todas las farolas de la ciudad de la luz
y perdernos por la noche
entre tu risa y mis carcajadas
hasta que el sol las vuelva a apagar.


domingo, 8 de enero de 2017

Querida Yo del espejo.

Hace poco leí que Sara Búho decía que somos de quien vemos cuando nos miramos al espejo

A mí, desde el espejo me mira una chica delgada, castaña y de ojos claros, cambiante como un maldito huracán. A veces le brillan en los iris azules estrellas fugaces, a veces de la boca se le escapa una sonrisa pintada de rojo y cree que puede salir ahí fuera a comerse el mundo. O mejor aún, que ya lo lleva dentro. 

Pero otras veces... Otras veces el espejo se rompe y se nos clava. Cada uno de los trozos de cristal roto nos atraviesa la piel y nos rompe. Nos hace jirones la vida. Porque no somos lo suficiente, da igual qué. Lo suficientemente alto, lo suficientemente bajo, lo suficientemente delgado, lo suficientemente gordo, lo suficientemente moreno, lo suficientemente blanco. Los peores cristales los llevamos dentro, no necesitamos que un espejo nos los eche en cara. Nunca llegamos demasiado lejos, nunca damos lo que habríamos podido, nunca somos demasiado brillantes. Y no hay estrellas en los ojos que valgan porque se han fundido. Tampoco ellas eran lo suficientemente buenas. 

Desde el espejo me miran dos yos que discuten a gritos. Una dice que no soy lo suficiente, que no valgo, que no puedo, que no llego, por más que estire mi brazo y mis dedos y me ponga de puntillas. La otra responde que deje de decir estupideces. La mayoría de las veces, gana la segunda voz, la que tiene la energía suficiente para encender las estrellas que transforman mis iris en dos pedazos de cielo, la que decide pintarse los labios rojo pasión. 

Pero es que hay días... hay días que el viento cambia de dirección, y rompe todas las barreras que retienen encerrada a mi primera mitad. Se escapa y prende como la pólvora, y se apagan las luces y los colores se vuelven blanco y negro. Los cristales relucen entre las terminaciones nerviosas de mi piel, reventándolas. Reventándome. Porque no soy suficiente. Y no lo dice cualquiera, lo digo yo. Y eso es lo que más duele.

Una vez me dijeron que me mirara al espejo con los ojos de mi mejor amiga. Con el cariño de mi mejor amiga. Nunca llegué a hacerlo, pero qué rabia me dio pensar que para llegar a verme suficiente, tuviera que hacerlo desde los ojos de otra persona. Qué rabia que yo no me quisiera tanto. Qué rabia que a veces se me funda la luz de ojos y me quede a oscuras.

Porque, en realidad, la que me mira desde el espejo soy yo, cristales incluidos. Miedos incluidos. Dolor incluido. Estrellas en los ojos y labios rojos incluidos. Sueños incluidos. Capacidad de alcanzarlos incluida. Valentía incluida. Fuerza incluida. Pasión incluida. Huracán incluido.