domingo, 29 de enero de 2017

Entre los huesos y el alma.

Preferiría compartir sábanas contigo
y no con estas pesadillas
que hacen del apagar la luz cada noche
la crónica de mi muerte anunciada.

Que si se me acelera el pulso
fuera porque me besas en noséqué punto exacto
y no porque parezca que llevo 
un corsé de acero
que hace que el corazón me lata fuerte
porque quiere romperlo.
Y, de paso, mis costillas.

La poesía es esa
con la que te encuentras en una habitación sin luz
y no sabes
si va a hacer el amor contigo
o si te va a atravesar el pecho de un balazo.

Tengo la sangre llena de cristales
y alfileres en el miocardio
que ahoga un grito 
a cada latido.

Quiero que vengas a unir a besos
los puntos de mi cuerpo que son mis lunares
con la impaciencia del niño 
ansioso por descubrir
el dibujo que aparece
y con el miedo de quien sabe
que igual, lo que sale,
es la cara del monstruo que me come por dentro.

Si pongo muchas ganas
llego a escuchar de lejos una nana
que trata de dormir este dragón
que tengo viviendo en el hueco que queda
entre los huesos y el alma.

Y me sorprendo a mí misma
prometiéndome aprovechar
ese tiempo de tregua
como quien se despierta a las tres de la madrugada
y comprueba que le quedan por dormir
todavía unas horas de más.

Quiero encender contigo
todas las farolas de la ciudad de la luz
y perdernos por la noche
entre tu risa y mis carcajadas
hasta que el sol las vuelva a apagar.


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