domingo, 12 de marzo de 2017

Sabotaje.

Nunca creí en las armaduras
nunca me fié de su utilidad,
tal vez porque todas mis puñaladas
me vienen siempre de dentro.

A veces
detonación a detonación
me rompo del todo y la máscara
que uso para que nadie se entere
no tiene cómo sostenerse
y se me revienta contra el suelo.

El día que decido bucear
y descubrir qué es eso que me destroza
me encuentro con que
tiene mis ojos
mi pelo
mi cara
mi voz
y dice que no soy lo suficiente.

Me refugio en poemas que van
de niñas que no saben lo que valen
y deseo con mucha fuerza
que en realidad mi cerebro sea un estafador
que se viste de tasador y me engaña
al hablarme mal de mi valor.

Deseo con toda mi alma
arrancarme la venda de cuajo
que se rompa tanta cadena
y pincharme en vena
en remedio contra el veneno
que yo misma destilo y me bebo.

¿Cómo se vence a un enemigo que llevas dentro?
¿Cómo se apacigua una tormenta
cuando una parte de ti te dispara a quemarropa
y la otra dice
"para, para de hacerte esto"?

No hay canción más triste
que la que se te escribe empapada en los ojos
los días en que no puedes más.
No hay letra más certera
que la que te rompe en dos
porque los espejos no están sólo colgados de una pared
y lanzan sus metrallas de cristal
que se te clavan justo en el amor propio.

Y te entra un miedo incontrolable
un pánico avasallador
porque sabes de sobra
que es imposible querer
a quien no se quiere a sí mismo.





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