jueves, 6 de abril de 2017

Me quedo a vivir aquí.

Tengo una sensación
flotando entre los rizos de mi pelo
que se escurre
entre las arrugas de mi ropa
y se engancha
en ese inicio de carrera
que amenaza mis medias.

Baila al compás de mi falda
si yo bailo al compás de una canción
de esas que te ponen de buen humor
y me recorre entera
y me acaricia la piel
y me cuenta que el espejo
hoy le ha hablado bien de mí.

Es casi tan suave y dulce
como el roce de mis piernas con tus sábanas
o las yemas de tus dedos
con las terminaciones nerviosas de mi espalda.

Tengo una sensación y la siento delicada
como si fuera de encaje.
La reconozco volátil
como el humo y aún así
quiero aferrarme a ella
como al ritmo de la canción favorita que no tengo.

Tengo una sensación preciosa
y ojalá pudiera
quedarme a vivir en ella.

Es la batería que marca
el ritmo que llevan mis tacones
y es la pasión
de un pinta labios de color rojo
vistiendo de caricias mi boca
y el dolor dulce
de un par de mejillas
que llevan riéndose toda la tarde.

Es un pedazo de paz
unos brazos
o las barras de un pentagrama al que aferrarme
cuando las fuerzas me empiezan a fallar.

Es ese 
"hoy me como el mundo"
aunque el mundo se empeñe en saber a pescado
y se llene de espinas.

Es ese
hoy me como el mundo a bocados
y a ti
a besos.


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