jueves, 4 de mayo de 2017

01:00 AM.

No hay edredón en el mundo
capaz de contener esta fuga de versos
que me obliga a saltar de la cama
y escribir que no me puedo dormir.

Que se me ha clavado un desvelo
en el corazón
y mis costillas han construido una prisión
para que no se escape,
dejándome boli en mano
en mitad de la noche.

No entiendo el motivo
pero parece que mis ojos
se hubieran abierto de par en par
buscando la rima perfecta
entre el gotelé de la pared
o entre los colores de unas flores de papel.

No puedo dormirme
porque me falta un abrazo,
una medicina que me calme y me diga
que hemos desahuciado
a los monstruos que vivían bajo mi cama.

No puedo dormirme
porque, encajado en el pecho,
tengo un corazón pegando voces
desesperado
porque se le han gastado las pastillas de frenos
y sabe que tiene un muro
justo a dos palmos.

Me han contado que tengo muchos frentes abiertos
como si no supiera ya que yo misma
soy verdugo y víctima
y como si cada latido
no me sonase a cañonazo.

La oscuridad me sabe
amarga y fría como el metal,
como si me llenase la boca de sangre,
los músculos de escalofríos
y los ojos de alquitrán.

Me dan miedo los sueños
porque, últimamente,
nunca salgo viva de ellos
porque pido auxilio y me come el vacío
porque mi voz no existe
ni existo yo.



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